| Obispos alertan
que reforma va hacia el marxismo-leninismo
Globovisión
8 de Julio de 2007
Monseñor Mariano Parra, Obispo de Ciudad Guayana,
expresó que la Exhortación Apostólica
de la Plenaria de la Conferencia Episcopal Venezolana
señala que “sin una cultura de respeto
no se puede entablar una reflexión, ni un dialogo
nacional”.
En la misma, resaltan que “se debe renunciar
a la intolerancia, al enfrentamiento permanente a
la discriminación en el trabajo por razones
políticas que muchos venezolanos sufren a través
de listas de excluidos, igualmente rechazarse el lenguaje
descalificador, ofensivo e irrespetuoso”.
“Nadie y mucho menos el presidente de la República
tiene derecho a insultar o agredir a personas o instituciones
que disientan de sus opiniones o proyectos”,
resaltó.
Lea:
EXHORTACIÓN PASTORAL
LXXXVIII ASAMBLEA ORDINARIA PLENARIA
Urge el diálogo y la reconciliación
en Venezuela
Introducción
1. Los Arzobispos y Obispos de Venezuela reunidos
en la 88a Asamblea saludamos en el Señor, al
Pueblo de Dios y a todos los hombres y mujeres de
buena voluntad de nuestra patria, proclamando que
Jesús es “el Camino la Verdad y la Vida”
(Jn 14,6.)
2. Queremos responder a los desafíos que la
realidad de nuestro tiempo plantea a la Iglesia en
Venezuela, siguiendo los lineamientos de la V Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
reunida del 13 al 31 de mayo de 2007, en Aparecida,
Brasil, donde los obispos nos han animado a ser discípulos
misioneros de Jesucristo para construir un continente
de la vida, del amor y de la paz.
3. Además, con el Concilio Plenario de Venezuela,
reafirmamos nuestra invitación a “todos,
creyentes y no creyentes, a asumir la tarea de ser
hombres y mujeres nuevos, impregnando la sociedad
de valores que dignifiquen a la persona humana y hagan
posible en nuestro país la novedad de la vida
(cf. Rm 6,4) y se logre así la transformación
de nuestro pueblo con el brillo del esplendor de la
verdad, la justicia y la paz, y se experimente la
fuerza del amor fraterno.”(Mensaje Final CPV,
n. 9).
La realidad del país que nos interpela
4. Nuestro pronunciamiento sobre los problemas sociales
no es una injerencia indebida en la vida política,
sino el cumplimiento de nuestra obligación
de iluminar la vida personal y social de nuestros
fieles desde la perspectiva del Evangelio y con criterios
estrictamente pastorales. El Papa nos lo ha recordado
hace poco: “La Iglesia es abogada de la justicia
y de los pobres, precisamente al no identificarse
con los políticos ni con los intereses de partido.
Sólo siendo independiente puede enseñar
los grandes criterios y los valores inderogables,
orientar las conciencias y ofrecer una opción
de vida que va más allá del ámbito
político. Formar las conciencias, ser abogada
de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes
individuales y políticas, es la vocación
fundamental de la Iglesia en este sector. Y los laicos
católicos deben ser conscientes de su responsabilidad
en la vida pública; deben estar presentes en
la formación de los consensos necesarios y
en la oposición contra las injusticias”
(Discurso inaugural de la V Conferencia del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe).
5. Actualmente nuestra patria vive uno de los momentos
más cruciales de su historia. Después
de las elecciones de diciembre de 2006, el Ejecutivo
Nacional anunció la reforma de la Constitución
de 1999, con el objetivo de introducir cambios de
gran magnitud que conllevan la instauración
de un modelo político y social bajo el signo
ideológico del así llamado “socialismo
del siglo XXI”, para lo cual constituyó
una comisión presidencial encargada de elaborar
el proyecto.
6. Los obispos de Venezuela nos referimos a este asunto
con ocasión de la 87ª asamblea ordinaria
en enero de este año, y allí manifestamos
la esperanza de que la reforma en cuestión
contribuyera a la consolidación de la vida
democrática y estuviera en consonancia con
el pluralismo político y el respeto a los derechos
humanos (Cf. Exhortación ‘Tiempo de diálogo
para construir juntos’, enero 2007, n. 7). Sin
embargo, los temas ventilados por la opinión
pública como contenidos de los cambios constitucionales
y, sobre todo, la forma misma del proceso de su elaboración,
que no acoge suficientemente el espíritu de
participación exigido por la Constitución,
arrojan serias dudas sobre el talante democrático
de la reforma constitucional. Diferentes decisiones
oficiales, como el lema impuesto “Patria, socialismo
o muerte” y declaraciones del Presidente y de
voceros del gobierno hacen suponer que esta reforma
se dirige hacia el establecimiento de un sistema socialista
fundado en la teoría y la praxis del marxismo-leninismo.
7. La pobreza, el desempleo, la falta de vivienda,
la carencia en los hospitales, los deficientes servicios
públicos, niños de la calle, ancianos
sin atención, continúan siendo verdaderos
problemas sociales. Otro problema es la violencia,
que en nuestro país ha crecido exageradamente:
los delitos contra la vida y la propiedad, el sicariato
o asesinato por encargo, los secuestros, la extorsión
conforman un cuadro de inseguridad, que especialmente
en las grandes ciudades y en la frontera con Colombia,
ha alcanzado niveles alarmantes. Uno de los factores
que ha contribuido al aumento de esta violencia lo
constituye el narcotráfico y el lavado de dinero,
que lamentablemente ahora está presente en
casi todo el territorio nacional.
8. Recientemente el país ha sido sacudido por
una ola de protestas ante la negativa del gobierno
de renovar la concesión a uno de los más
importantes canales de televisión del país.
La presidencia de la Conferencia Episcopal en su momento
fijó una posición contraria a tal decisión.
Más allá de la defensa de un determinado
medio, ante el cual el Episcopado ha expresado en
el pasado cuestionamientos, se trata de denunciar
un atentado a la libertad de expresión, que
reduce los espacios de libre comunicación y
favorece una hegemonía indebida del gobierno
en materia de comunicación social, lo cual
es evidentemente antidemocrático.
9. A raíz de este último acontecimiento,
los venezolanos hemos sido testigos del surgimiento
de un movimiento estudiantil que, con creatividad
y coraje, bajo las consignas de la libertad y la reconciliación,
ha salido a las calles a manifestar por el derecho
a la libertad de expresión, de opinión,
de información y en defensa de la autonomía
universitaria. Valoramos positivamente el que los
jóvenes estudiantes hayan optado por el recurso
a la no violencia activa para manifestar su descontento
con decisiones que atentan contra las libertades.
Los estudiantes denuncian un ejercicio poco democrático
del poder y reclaman una Venezuela para todos, pregonando
la reconciliación.
10. Igualmente, manifestamos nuestra preocupación
por el nuevo proyecto de Ley de Educación,
en segunda discusión en la Asamblea Nacional.
Si bien contiene elementos positivos, ofrece graves
omisiones en asuntos importantes, como la finalidad
de la educación, los derechos de los docentes,
los subsidios mediante convenios a instituciones educativas
que atienden sectores populares, la evaluación
y el derecho de los padres a decidir sobre la educación
religiosa de sus hijos, entre otros. Y, lo más
importante, existe preocupación sobre la pretensión
de impartir una educación con una única
y determinada orientación política e
ideológica, que afectaría gravemente
derechos y deberes de los educandos y de los padres
de familia. El diálogo institucional sobre
el proyecto de ley, que mantuvimos con la presidencia
de la Comisión de Educación de la Asamblea
Nacional y con el Ministro de Educación y Deporte,
a lo largo de una buena parte del año pasado,
no ha sido retomado por las nuevas autoridades, a
pesar de nuestra disposición y petición
de hacerlo.
11. Nos inquieta además que se pretenda solucionar
los problemas sociales que nos aquejan con medidas
populistas en lugar de utilizar los abundantes ingresos
petroleros para soluciones estructurales a nuestras
graves deficiencias. Ahora, al igual que en la segunda
mitad del siglo XX, los altos ingresos por el petróleo
se han visto acompañados por el aumento de
la corrupción y el clientelismo político.
Cada día nuestro país se hace mas rentista
y pierde la oportunidad de convertirse en un país
productivo.
Un camino de diálogo y reconciliación
12. Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (Jn. 14,6),
es fuente inagotable de paz, de reconciliación
y de amor. Los Obispos de Venezuela, ante los problemas
que agobian al país, proponemos el camino que
indica el Señor: el camino fundamental hacia
la paz, que todos anhelamos, es la reconciliación
y la solidaridad. Por eso no podemos aceptar que se
pretenda dividir a los venezolanos en dos bandos irreconciliables.
La diversidad de posturas ideológicas, propias
y convenientes en toda democracia, no debe convertirse
en beligerancia e intolerancia. Se impone el diálogo
que busque el consenso, sobre el que debe asentarse
la vida política y social de cualquier sociedad
que se considere democrática.
13.La solución a los problemas políticos
y sociales de Venezuela debe ir más allá
del populismo que no va al fondo de los mismos y del
militarismo que cede el protagonismo de la sociedad
al estamento militar, al cual no le corresponde dicho
papel. Para resolver nuestros males sociales tampoco
son válidos los caminos propuestos por el neoliberalismo,
pues aunque supongan un aparente progreso de la sociedad,
llevan inherentes la marginación de amplias
masas del pueblo y el ahondamiento de la injusticia
y exclusión.
14. Benedicto XVI acaba de recordar –en el discurso
de inauguración de la V Conferencia del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe en Aparecida- que “la
economía liberal de algunos países latinoamericanos
ha de tener presente la equidad, pues siguen aumentando
los sectores sociales que se ven probados cada vez
más por una enorme pobreza o incluso expoliados
de los propios bienes naturales”; pero el Papa
nos recuerda también otro camino equivocado
para solucionar nuestros problemas: “las formas
de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías
que se creían superadas, y que no se corresponden
con la visión cristiana del hombre y de la
sociedad, como nos enseña la Doctrina social
de la Iglesia”.
15. Una de esas ideologías ya superadas es
el socialismo estatista que impide la primacía
de la persona y de la solidaridad, suplantándolas
por la hegemonía del Estado. Así, pues,
ni el capitalismo salvaje ni el socialismo marxista
son los caminos que conducen a la construcción
de una sociedad más justa.
16. Por eso, los pastores de la Iglesia en Venezuela,
fieles a nuestra vocación de ser voz de los
que no tienen voz, alentados por el seguimiento de
Jesús, Camino, Verdad y Vida, por el magisterio
del Papa y por el Concilio Plenario, reafirmamos nuestra
presencia, la de los sacerdotes, religiosos, religiosas
y laicos en todos los lugares de nuestra patria, llevando
el Evangelio de Jesucristo y sanando las heridas de
los más abandonados, de los enfermos y de todo
aquel que necesite de nuestro aliento; caminando con
ellos hacia la justicia, la paz y la reconciliación.
Sin una cultura del respeto, la tolerancia, la inclusión
y la aceptación del otro no se puede entablar
una reflexión y diálogo nacional.
17. Se debe renunciar a la intolerancia, al enfrentamiento
permanente, a la discriminación en el trabajo
por razones políticas, que muchos venezolanos
sufren a través de listas de excluidos o de
exigencias ideológicas. Igualmente debe rechazarse
el lenguaje descalificador, ofensivo e irrespetuoso.
Nadie, y mucho menos el Presidente de la República,
tiene derecho a insultar o agredir a personas o instituciones
que disientan de sus opiniones o proyectos. La reconciliación,
la paz y la solidaridad no anulan el derecho a disentir,
lo cual incluso puede conducir a la protesta legítima;
pero ésta debe hacerse siempre en términos
pacíficos, la llamada no violencia activa,
la cual no implica la indiferencia ante los problemas
sociales. Las instituciones públicas tienen
la grave obligación de permitir y respetar
ese derecho a disentir consagrado en nuestra Constitución.
18. Se impone un gran acuerdo nacional en defensa
de la vida, desde el momento de la concepción
hasta su fin natural; esto implica oponerse a todo
tipo de violencia e impunidad; e igualmente a las
consignas que tienen a la muerte como objetivo o alternativa,
pues no son ni humanas ni cristianas. El hombre siempre
apuesta por la vida, nunca por la muerte. Esas consignas
fomentan la violencia, el odio y la venganza. Además
se debe afrontar el problema de las cárceles,
velar por la apropiada actuación de las instituciones
policiales y, sobre todo, garantizar la independencia
y rectitud del sistema judicial.
19. Un elemento básico en la consecución
de la justicia, la paz y la reconciliación
es una educación para todos y de calidad: tenemos
que partir de los logros conseguidos en materia educacional
en los últimos años, sobre todo en la
extensión de la educación a sectores
excluidos. Sin embargo, hay que evitar la tendencia
a ideologizar la educación y luchar por mejorar
la calidad de la misma, que todavía es muy
deficiente, sobre todo para los sectores más
populares. El manifiesto “La educación
que Venezuela necesita”, realizado por diferentes
organizaciones educativas de la Iglesia, puede servir
de base para este objetivo. El rol de la familia en
la educación es imprescindible. El Estado debe
reconocer que la familia es la principal responsable
de la educación de sus hijos. La educación
religiosa escolar debe permanecer en el horario escolar
tal como se encuentra en la vigente Ley de Educación.
20. Venezuela necesita bendiciones, no improperios.
Venezuela necesita que se aplique la Constitución
vigente, no una nueva. Con ella basta para construir
entre todos una democracia social, humanista, trascendente,
inclusiva y solidaria. Venezuela quiere y reclama
a gritos, por boca de sus niños y jóvenes,
que se termine con los odios, los insultos y las descalificaciones
y que sus hijos e hijas se reconcilien, se respeten
y vivan en paz. Los venezolanos y venezolanas queremos
una educación donde todos sus legítimos
sujetos, padres de familia, estudiantes, maestros,
profesores, comunidad y sociedad, con la alta dirección
del Estado, puedan actuar en libertad y transmitir
los principios, valores y virtudes fundamentales para
alcanzar juntos la plenitud de la condición
humana.
Conclusión
21. Nuestra fuerza está en el auxilio del Señor.
Por eso, pedimos que en todas las Parroquias, Vicarías,
Movimientos y Comunidades se intensifique la oración
por la Solidaridad y la Reconciliación en Venezuela,
en Latinoamérica y en todo el mundo, especialmente
por medio de la Eucaristía. Tal como nos lo
ha recordado el Papa Benedicto XVI en su Exhortación
‘El Sacramento del Amor’: “El misterio
de la Eucaristía nos capacita e impulsa a un
trabajo audaz en las estructuras de este mundo para
llevarles aquel tipo de relaciones nuevas, que tiene
su fuente inagotable en el amor de Dios” (n.
91).
22. Que Nuestra Señora de Coromoto, Patrona
de Venezuela, nos siga guiando y acompañando
en este peregrinar hacia un futuro siempre mejor y
nos aliente en el compromiso de hacer realidad las
aspiraciones de una Venezuela más humana y
más cristiana, para que Jesucristo sea para
todos “el Camino, la Verdad y la Vida”
(Jn 14, 6).
Con nuestra bendición,
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela
Caracas, 7 de julio del 2.007
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