| A pesar de
todo
Cardenal Castillo Lara:
"Dejemos a un lado el miedo y votemos el 3D"
Cardenal Castillo Lara,
Notitarde
15 de Noviembre de 2006
A medida que se acerca la fecha de las elecciones
crece y se hace más angustiosa la pregunta:
¿podemos fiarnos del CNE? Hemos de reconocer
honestamente que la duda no es gratuita. La desconfianza
de la gran mayoría de los venezolanos, que
supo manifestarse de modo radical en la abstención
del cuatro de diciembre de 2005, tiene su bien fundadas
razones.
El anterior CNE se evidenció claramente, desde
el principio, como un instrumento dócil en
las manos del régimen, cuya finalidad era impedir,
a como diera lugar, la revocación de Chávez.
No es el caso de recordar esas fechorías, suficientemente
conocidas y aborrecidas.
El nuevo CNE, a pesar de sus enfatizados buenos propósitos,
parece seguir el mismo camino del anterior, ya que,
no en vano, está formado por aplastante mayoría
chavista.
La voluntad fraudulenta se manifiesta tanto en la
violación de la Ley Orgánica del Sufragio,
como en la tenaz negativa a purificar el REP.
El CNE rechazó la oferta de auditoría
que le hicieron las universidades Central, Simón
Bolívar y Andrés Bello, todas ellas
de grande y merecido prestigio en el país,
para confiar la tarea a universidades (si así
se pueden llamar) carentes de todo crédito,
porque sus dirigentes son empleados directos el régimen,
dispuestos a seguir fielmente sus órdenes y
complacer sus deseos. El resultado ha sido un Registro
con millones de personas indebidamente inscritas y
varias irregularidades más. Y al reclamo que
hace la oposición a todo esto, el CNE responde
que no alterará el cómputo final de
los votos.
Por otra parte, dicho organismo niega pertinazmente
a la oposición el control del programa o software
de las máquinas de votación y rechaza,
además, que puedan contarse todas las urnas
utilizadas para depositar los votos. Y por si fuera
poco, han añadido la trampa de la composición
de los miembros y testigos de las mesas de votación.
Si no buscan el fraude, me pregunto, ¿por qué
negarse a esas justas peticiones que, aceptadas por
todos, ayudarían a hacer resplandecer la transparencia
del proceso electoral? (El presidente del anterior
CNE, si recuerdan, pronunciaba tramparencia!!).
¿Y entonces? Si el CNE no ofrece garantías,
lo mejor sería no votar. En condiciones normales
esa sería la lógica conclusión.
Pero, -y aquí está el corazón
del problema-, no nos encontramos en una situación
ordinaria. No se trata de un cambio cualquiera de
presidente. En la votación del tres de diciembre
próximo se está jugando, como he repetido
en varias ocasiones, la existencia misma de Venezuela
como nación libre y democrática.
Si Chávez continúa como presidente prolongará
su gobierno despótico por unos veinticinco
o treinta años más, acabará con
la democracia, suprimirá la propiedad privada,
así como la libertad de expresión y
de educación, para hacer de Venezuela una copia
de Cuba. Es necesario, pues, que todos los venezolanos,
dejando a un lado los miedos y los pequeños
intereses, votemos masivamente por el candidato de
la oposición, estemos vigilantes y defendamos
nuestro voto ofreciendo, si fuera necesario, una indomable
resistencia, amparados por el artículo 350
de la Constitución, que nos manda a desconocer
y no aceptar a ese tipo de gobierno.
Nos anima el saber que hay muchos venezolanos expertos
que vigilarán para prevenir e impedir cualquier
intento de fraude.
Nos sostiene, además, la protección
de la Divina Pastora, Auxiliadora de los cristianos,
que no nos abandonará en la lucha.
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