| Dictadura
endógena
Miguel E. Antezana Corrieri
*
GatoEncerrado.net
23 de Septiembre de 2005
Según una publicación al estilo “comics”
para colorear, encartada el fin de semana en la prensa
venezolana y elaborada por el Ministerio para la Economía
Popular (Minep), el famoso término “desarrollo
endógeno” que tanto arenga Chávez
ha sido definido como el “desarrollo desde dentro,
del potencial socioeconómico del país,
orientado a satisfacer las necesidades y requerimientos
de la población, a fortalecer la producción
de bienes útiles más que a la acumulación
de capital y al desarrollo de tecnología basada
en las características específicas y
las potencialidades de cada región del país”.
Resulta interesante y más que pertinente, puesto
que propios y extraños han tenido visiones
particulares del susodicho término que ha servido
de pivote para “políticas”, “misiones”,
ciertas medidas (desmedidas) y berrinches presidenciales,
todo en nombre de la revolución y del pueblo.
Sin embargo, esta manifestación intelectualoide
del Minep no hace más que reforzar la dura
realidad del proceso venezolano: el papel aguanta
todo, las palabras se las lleva el viento y aquí
se hace “lo que a mí me da la gana”.
Tan bueno es el papel en Venezuela, que hasta aquel
que se utilizó para plasmar la novísima
Constitución de la República Bolivariana,
aguantó el artículo 115 que garantiza
el derecho de propiedad y otros tantos derechos de
gran peso que hoy se han convertido en meros elementos
decorativos que están para darle caché
a la Carta Magna Revolucionaria.
Para más reciente muestra, no un botón,
sino una lista de más de mil empresas que próximamente
serán usurpadas, expropiadas, violentadas,
en nombre –para variar- del “desarrollo
endógeno”. En casi siete años
de gobierno de Chávez, cientos de empresas
han quebrado, o han cerrado para no llegar a ese extremo,
y otras tantas están trabajando con una enorme
capacidad ociosa, ya que no pueden desarrollarse “endógenamente”.
Tremenda contradicción.
Chávez se pregunta el porqué de tanta
empresa cerrada o a “media máquina”,
lo cual va en contra de su creencia psicótica
de que todo el mundo en Venezuela debe estar trabajando,
ganando lo suficiente para alimentación, salud,
educación y todo lo que se le ocurra; es decir,
feliz, contento, satisfecho y orgulloso de tenerlo
a él como gobernante.
La única respuesta posible dentro de los parámetros
descabellados del “socialismo del siglo XXI”
es que esa parálisis del sector formal empresarial
de la economía se debe a “los ataques
del neoliberalismo y del capitalismo”, lo que
los obliga a “ocupar” empresas por todo
el país para entregársela a los trabajadores.
Cuando en realidad, la “revolución bolivariana”
no puede pretender que en un entorno económico
con controles de cambios, de tasas de interés
y de precios, las empresas -cualquiera sea su tamaño-
estén proliferando o estén boyantes.
Es cierto que el sector empresarial venezolano, y
el mercado en si mismo, es imperfecto; no obstante,
esa no es justificación para destruirlo y para
–además- achacarle la culpa de los males
actuales.
Obviamente, el pastiche ideológico de Chávez
–ahora con una tendencia abiertamente expresada:
“hacia el socialismo”- no cuenta para
nada con los capitales extranjeros para la inversión
productiva y generación de trabajo; pero sí
cuenta con socios foráneos a los que condiciona
el otorgamiento de contratos para su provecho y conveniencia
políticos. O sea, desarrollo endógeno
pero hacia afuera, para los demás.
Menos aún cuenta con un estado de derecho.
De hecho no lo hay, ni siquiera existe el derecho
como tal. Existe un “derecho” a la medida
del régimen, uno deforme, pisoteado; un derecho
torcido que es reformado y reformulado por el oficialismo
cuando les de la gana. Total, para eso tienen una
mayoría en la Asamblea Nacional y para eso
se van a asegurar una mayoría “calificada”
(dos tercios) en las elecciones parlamentarias de
diciembre. Sino, ¿para que se tiene un Consejo
Nacional Electoral a la medida?
Curiosamente, la ley, la administración de
justicia y todo lo que tenga que ver con el ordenamiento
jurídico, sí es “endógeno”
en Venezuela: “…orientado a satisfacer
las necesidades y requerimientos de la población”...
población gubernamental, específicamente.
Sino, cómo es que un individuo sin méritos
de ningún tipo para el cargo (sólo el
serle fiel a la “revolución”),
se convierte en “Magistrado” de tanta
influencia que literalmente decide la mudanza de los
tribunales caraqueños a una zona tugurizada,
peligrosa y con muchos calificativos más, nada
halagadores.
Una mudanza tan sin sentido, ya sea porque existe
un inconcluso complejo llamado Palacio de Justicia,
o porque poco o nada tiene que ver el lugar físico
de los tribunales con la pésima administración
de justicia, en un país en el que cientos de
personas están presas en espera de un juicio
u otras tantas mueren en las hacinadas cárceles
por reyertas o por la falta de vigilancia que hacen
de los presidios núcleos de delincuencia y
de terror.
Al “gobierno revolucionario” no le interesa
en lo más mínimo el sector privado de
la economía y el cumplimiento de las leyes.
El derecho a la propiedad en la Constitución
se ha convertido en una quimera. El estado de derecho
suena a capitalismo y éste no es compatible
con Chávez. Él ha negado que en Venezuela
exista una dictadura y es cierto. Esta no es una dictadura
cualquiera: es una dictadura endógena.
* mantezan@cantv.net
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