| El CNE se
salió con la suya
pero perdió la confianza del país
Alfredo Meza/El Nacional
(Entrevista publicada en la semana del 6 al 12 de
Septiembre)
16 de Septiembre de 2004
Nunca antes una visita de Ricardo Hausmann a Venezuela
estuvo precedida de tanta expectativa. El ex ministro
de Planificación del segundo gobierno de Carlos
Andrés Pérez se sumó a la larga
lista de expertos en computación y estadísticos
que estudiaron los resultados del referéndum
revocatorio.
El pasado domingo, la asociación civil Súmate
presentó las conclusiones de su informe, titulado
“En busca del cisne negro” —que
también lleva la firma del profesor del Massachussets
Institute of Technology Roberto Rigobón—,
según el cual existe 99% de posibilidades de
que el 15 de agosto se manipuló la voluntad
popular.
Acostumbrado a lidiar en otros entarimados, Haussman
acepta la invitación de explicar al público
los resultados de sus hallazgos en un lenguaje claro.
No por ello las autoridades del Consejo Nacional Electoral
dejaron de recibir sus críticas.
—Académicos norteamericanos,
como Avi Rubin, han afirmado que no es posible hallar
indicios de la presunta trampa mediante un análisis
de las mismas cifras estudiadas por usted.
Si los grandes críticos de los sistemas automatizados
de votación en general coinciden en que es
imposible hallar rastros de fraude, ¿por qué
usted considera lo contrario?
— El hecho de realizar análisis estadísticos
de los resultados de un proceso electoral es un síntoma
de las dudas que se han generado. Lo ideal sería
que dichas dudas hubieran sido subsanadas con los
mecanismos propios de la elección, es decir,
contando las papeletas.
Hubiera bastado con revisar una caja por centro para
demostrar que el fraude era una hipótesis descaminada.
Pero la actitud del CNE, que no permite revisar las
urnas, ha obligado a la oposición a utilizar
de forma creativa los datos estadísticos para
tratar de encontrar las evidencias de fraude.
—¿Es posible identificar en qué
etapa del proceso ocurrió el supuesto fraude
con el estudio de los datos?
— La vía estadística ofrece ciertas
pistas. Dice, por ejemplo, que el fraude debió
haber sido centralizado; es decir, que las máquinas
de algunos centros fueron manipuladas estableciendo
porcentajes distintos.
Sugiero que se investigue la comunicación o
en el software.
—¿Por qué su estudio parte
de la hipótesis de que no hubo fraude?
—Para nosotros el fraude es la diferencia entre
la intención del elector y el número
de votos. Como no es posible descifrar los propósitos
del votante, tuvimos que generar una medición
estadística que nos permitiera rechazar o no
la hipótesis del fraude. El truco técnico
fue analizar los votos y compararlos tanto con las
firmas recabadas en noviembre de 2003 como con un
exit poll realizado por Primero Justicia el 15 de
agosto. Estas variables se relacionan de manera imperfecta
con la intención del elector, lo cual genera
desviaciones. Si no hay fraude, estas medidas son
imperfectas y cuando se superpongan no van a tener
mayor relación. Pero si hay fraude, habrá
un componente sistemático. Las dos variables
se equivocarán en los mismos sitios.
—¿Por qué rechazaron la
hipótesis de los topes asignados a la oposición?
¿Por qué se repiten las cantidades a
favor del Sí y eso se considera normal?
— Aquí hay que separar dos temas. Una
cosa es que los números se repitan y otro tema
es que sean topes. Yo no sé si la frecuencia
de repetición es alta o baja. No he estudiado
ese tema. Yo me hice otra pregunta.
“¿El número que se reitera es
el tope?” Si esa cifra se repite quiere decir
que ocurrió algún tipo de manipulación
en la data. El número de topes que se repiten
parece razonable. No sé por qué se reiteran
tantos números, pero cuando lo hacen no tiende
a ser el número máximo.
Las personas, no las máquinas
—Algunos académicos norteamericanos
han cuestionado el sistema de votación automatizado
porque un programador o autoridad comicial inescrupulosa
puede sucumbir a la tentación de manipular
la voluntad del elector.
¿Le recomendaría a la oposición
que se opusiera a la automatización de los
comicios regionales?
—Las máquinas no cometen fraude. Son
las personas quienes lo planifican.
Más allá del tipo de sistema, hay que
preguntarse si quienes organizan las elecciones son
personas honestas. ¿Cuál es el sentido
de comprar unidades de votación que emiten
un comprobante y no permitir que se cuenten las papeletas?
En las votaciones anteriores el conteo era público
y podía ser presenciado por cualquier ciudadano.
Lo más fácil era permitir que los perdedores
comprueben que perdieron.
Pero es muy cuesta arriba pedirle a la ciudadanía,
que sospecha que los resultados fueron alterados,
que no exija una explicación.
Pudo haber fraude manual o automático, pero
es un contrasentido que habiendo contratado una tecnología
que permite comprobar la selección en la pantalla,
el CNE no haya permitido que los venezolanos salgan
de sus dudas.
—¿Por qué usted afirma
que la segunda auditoría se realizó
sobre centros de votación que no fueron manipulados?
— Estadísticamente, yo me pregunté
si la muestra seleccionada por el CNE era aleatoria.
Suponiendo que el fraude se hubiese consumado en algunos
centros, el secreto de la auditoría es detectar
el fraude.
Yo necesito que la auditoría se haga sobre
todos los centros posibles para que después
en alguno de esos centros se pueda detectar la trampa.
Nadie puede afirmar que las cajas auditadas no estaban
en el grupo de aquellas cuyos resultados no fueron
manipulados. El CNE no permitió que el Centro
Carter escogiera las cajas con su propio programa.
¿Pero quien puede asegurar que efectivamente
hubo una selección representativa?
Yo lo que hago es un test estadístico para
demostrar si la escogencia fue realizada al azar y
dicha muestra salió aplazada en la prueba.
—¿Quiere decir que usted identificó
las máquinas que pudieron ser alteradas?
— La estadística dice que si algo es
aleatorio tiene que tener ciertas características.
Es evidente que la selección que realizó
el CNE para la segunda auditoría no sigue esos
patrones. En las cajas que abrieron coincide la papeleta
con las máquinas, pero no sabemos si la auditoría
fue dirigida solamente hacia un grupo de cajas.
Evidencia policial
—Usted está denunciando una irregularidad,
mas no ha dicho dónde se produjo el fraude
— Es una crítica, desde luego, al valor
que debería tener una auditoría observada
por el Centro Carter y la OEA. No soy la persona indicada
para decir si hubo o no fraude. Me gano la vida como
profesor en Estados Unidos. Súmate me pidió
que hiciera un análisis estadístico
de los resultados y llegué a una serie de conclusiones
que están plasmadas en el informe que se presentó
el pasado domingo. No soy un actor político.
Tampoco puedo asumir la responsabilidad de encontrar
la evidencia policial del fraude. Entre 1958 y 1998
hubo nueve elecciones presidenciales.
Salvo Raúl Leoni y Carlos Andrés Pérez
cuando ganó por segunda vez, siempre se impusieron
los aspirantes opositores.
A diferencia de otros países, en Venezuela
no es usual que se cuestionen los resultados de los
comicios, y cuando hubo reclamos, el CNE supo resolver
la situación ordenando la repetición
de los procesos electorales de los estados Barinas
y Sucre en las elecciones regionales de 1992.
Ahora las encuestas dicen que un respetable número
de venezolanos está convencido de que se manipularon
los resultados de la consulta popular del pasado 15
de agosto. De pronto no ocurrió tal cosa, pero
el hecho de que la gente crea en eso quiere decir
que los límites impuestos por el CNE no le
han dado suficiente confianza a ese grupo de venezolanos
sobre la transparencia del proceso revocatorio.
Los estudios realizados por diferentes académicos
son, en el fondo, una condena a la forma de conducir
el proceso.
—¿Más que una certeza
sobre la comisión de un fraude, usted está
consciente de las irregularidades que hubo a lo largo
del proceso?
— El CNE no permitió la presencia de
testigos de la oposición y los observadores
internacionales al Centro de Totalización.
Hubo una comunicación constante entre ese punto
y las máquinas y no sabemos qué se dijeron.
Otra cosa hubiera sido si las máquinas hubiesen
impreso un acta antes de comunicarse con el Centro
de Totalización.
Uno no sabe si en esa conversación cambió
algo. Todo eso, sumado al hecho de que sólo
se contaron un determinado número de papeletas,
ha generado dudas. Los resultados estadísticos
pueden ser interpretados en frío, pero si se
contrastan con otras variables como las que seleccionamos
podemos comenzar a elaborar conjeturas. Eso es una
responsabilidad de cada experto. El CNE debe entender
que el 15 de agosto hubo una victoria pírrica.
Se salieron con la suya, pero perdieron la confianza
del público. Y la confianza del público
es vital en una democracia.
—¿En Venezuela existen las condiciones
políticas óptimas para imponer un sistema
automatizado de votación?
— En Venezuela jamás se había
generado una crisis de confianza en el sistema electoral.
No se presentó incluso cuando se dijo que Andrés
Velásquez había sido despojado de la
victoria en las elecciones de 1993, tal vez porque
el rumor se diluyó cuando el entonces candidato
presidencial de La Causa R reconoció la victoria
de Rafael Caldera. Los electores siguieron acudiendo
a las urnas y los partidos políticos tenían
la certeza de que la copia del acta se correspondía
con la voluntad del elector. Cuando la democracia
llegó a Centroamérica, los venezolanos
entrenaron a los nacionales de esos países
en la organización de los procesos electorales.
Ahora tenemos una nueva tecnología, pero la
forma de tomar decisiones y la composición
del CNE ha hecho que se genere desconfianza. Lo que
le da la legitimidad al ganador es precisamente que
el que pierda sienta que fue derrotado en buena lid.
Y en esas situaciones la democracia no funciona bien.
—Usted dice que el estudio rechaza algunas
hipótesis de fraude, pero indica que otras
son compatibles con los datos estadísticos.
— Formalmente en estadística se rechazan
hipótesis. Si tu dices que los cisnes son blancos,
no quiere decir que la hipótesis se confirma
porque veas 10.000 cisnes blancos.
Pero el cuento se acaba si aparece un cisne negro.
Entonces sólo algunos cisnes son blancos. Las
teorías, bien lo dijo Karl Popper, no se verifican,
sino que se falsifican. Sólo sobreviven las
teorías que no has podido rechazar.
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