El CNE se salió con la suya
pero perdió la confianza del país






Nunca antes una visita de Ricardo Hausmann a Venezuela estuvo precedida de tanta expectativa. El ex ministro de Planificación del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se sumó a la larga lista de expertos en computación y estadísticos que estudiaron los resultados del referéndum revocatorio.

El pasado domingo, la asociación civil Súmate presentó las conclusiones de su informe, titulado “En busca del cisne negro” —que también lleva la firma del profesor del Massachussets Institute of Technology Roberto Rigobón—, según el cual existe 99% de posibilidades de que el 15 de agosto se manipuló la voluntad popular.

Acostumbrado a lidiar en otros entarimados, Haussman acepta la invitación de explicar al público los resultados de sus hallazgos en un lenguaje claro. No por ello las autoridades del Consejo Nacional Electoral dejaron de recibir sus críticas.

Académicos norteamericanos, como Avi Rubin, han afirmado que no es posible hallar indicios de la presunta trampa mediante un análisis de las mismas cifras estudiadas por usted.
Si los grandes críticos de los sistemas automatizados de votación en general coinciden en que es imposible hallar rastros de fraude, ¿por qué usted considera lo contrario?

— El hecho de realizar análisis estadísticos de los resultados de un proceso electoral es un síntoma de las dudas que se han generado. Lo ideal sería que dichas dudas hubieran sido subsanadas con los mecanismos propios de la elección, es decir, contando las papeletas.
Hubiera bastado con revisar una caja por centro para demostrar que el fraude era una hipótesis descaminada.

Pero la actitud del CNE, que no permite revisar las urnas, ha obligado a la oposición a utilizar de forma creativa los datos estadísticos para tratar de encontrar las evidencias de fraude.

¿Es posible identificar en qué etapa del proceso ocurrió el supuesto fraude con el estudio de los datos?
— La vía estadística ofrece ciertas pistas. Dice, por ejemplo, que el fraude debió haber sido centralizado; es decir, que las máquinas de algunos centros fueron manipuladas estableciendo porcentajes distintos.
Sugiero que se investigue la comunicación o en el software.

¿Por qué su estudio parte de la hipótesis de que no hubo fraude?
—Para nosotros el fraude es la diferencia entre la intención del elector y el número de votos. Como no es posible descifrar los propósitos del votante, tuvimos que generar una medición estadística que nos permitiera rechazar o no la hipótesis del fraude. El truco técnico fue analizar los votos y compararlos tanto con las firmas recabadas en noviembre de 2003 como con un exit poll realizado por Primero Justicia el 15 de agosto. Estas variables se relacionan de manera imperfecta con la intención del elector, lo cual genera desviaciones. Si no hay fraude, estas medidas son imperfectas y cuando se superpongan no van a tener mayor relación. Pero si hay fraude, habrá un componente sistemático. Las dos variables se equivocarán en los mismos sitios.

¿Por qué rechazaron la hipótesis de los topes asignados a la oposición? ¿Por qué se repiten las cantidades a favor del Sí y eso se considera normal?
— Aquí hay que separar dos temas. Una cosa es que los números se repitan y otro tema es que sean topes. Yo no sé si la frecuencia de repetición es alta o baja. No he estudiado ese tema. Yo me hice otra pregunta.

“¿El número que se reitera es el tope?” Si esa cifra se repite quiere decir que ocurrió algún tipo de manipulación en la data. El número de topes que se repiten parece razonable. No sé por qué se reiteran tantos números, pero cuando lo hacen no tiende a ser el número máximo.

Las personas, no las máquinas
Algunos académicos norteamericanos han cuestionado el sistema de votación automatizado porque un programador o autoridad comicial inescrupulosa puede sucumbir a la tentación de manipular la voluntad del elector.
¿Le recomendaría a la oposición que se opusiera a la automatización de los comicios regionales?

—Las máquinas no cometen fraude. Son las personas quienes lo planifican.

Más allá del tipo de sistema, hay que preguntarse si quienes organizan las elecciones son personas honestas. ¿Cuál es el sentido de comprar unidades de votación que emiten un comprobante y no permitir que se cuenten las papeletas?
En las votaciones anteriores el conteo era público y podía ser presenciado por cualquier ciudadano. Lo más fácil era permitir que los perdedores comprueben que perdieron.

Pero es muy cuesta arriba pedirle a la ciudadanía, que sospecha que los resultados fueron alterados, que no exija una explicación.

Pudo haber fraude manual o automático, pero es un contrasentido que habiendo contratado una tecnología que permite comprobar la selección en la pantalla, el CNE no haya permitido que los venezolanos salgan de sus dudas.

¿Por qué usted afirma que la segunda auditoría se realizó sobre centros de votación que no fueron manipulados?
— Estadísticamente, yo me pregunté si la muestra seleccionada por el CNE era aleatoria. Suponiendo que el fraude se hubiese consumado en algunos centros, el secreto de la auditoría es detectar el fraude.

Yo necesito que la auditoría se haga sobre todos los centros posibles para que después en alguno de esos centros se pueda detectar la trampa.

Nadie puede afirmar que las cajas auditadas no estaban en el grupo de aquellas cuyos resultados no fueron manipulados. El CNE no permitió que el Centro Carter escogiera las cajas con su propio programa. ¿Pero quien puede asegurar que efectivamente hubo una selección representativa?
Yo lo que hago es un test estadístico para demostrar si la escogencia fue realizada al azar y dicha muestra salió aplazada en la prueba.

¿Quiere decir que usted identificó las máquinas que pudieron ser alteradas?
— La estadística dice que si algo es aleatorio tiene que tener ciertas características. Es evidente que la selección que realizó el CNE para la segunda auditoría no sigue esos patrones. En las cajas que abrieron coincide la papeleta con las máquinas, pero no sabemos si la auditoría fue dirigida solamente hacia un grupo de cajas.

Evidencia policial
Usted está denunciando una irregularidad, mas no ha dicho dónde se produjo el fraude
— Es una crítica, desde luego, al valor que debería tener una auditoría observada por el Centro Carter y la OEA. No soy la persona indicada para decir si hubo o no fraude. Me gano la vida como profesor en Estados Unidos. Súmate me pidió que hiciera un análisis estadístico de los resultados y llegué a una serie de conclusiones que están plasmadas en el informe que se presentó el pasado domingo. No soy un actor político.

Tampoco puedo asumir la responsabilidad de encontrar la evidencia policial del fraude. Entre 1958 y 1998 hubo nueve elecciones presidenciales.

Salvo Raúl Leoni y Carlos Andrés Pérez cuando ganó por segunda vez, siempre se impusieron los aspirantes opositores.

A diferencia de otros países, en Venezuela no es usual que se cuestionen los resultados de los comicios, y cuando hubo reclamos, el CNE supo resolver la situación ordenando la repetición de los procesos electorales de los estados Barinas y Sucre en las elecciones regionales de 1992.

Ahora las encuestas dicen que un respetable número de venezolanos está convencido de que se manipularon los resultados de la consulta popular del pasado 15 de agosto. De pronto no ocurrió tal cosa, pero el hecho de que la gente crea en eso quiere decir que los límites impuestos por el CNE no le han dado suficiente confianza a ese grupo de venezolanos sobre la transparencia del proceso revocatorio.

Los estudios realizados por diferentes académicos son, en el fondo, una condena a la forma de conducir el proceso.

¿Más que una certeza sobre la comisión de un fraude, usted está consciente de las irregularidades que hubo a lo largo del proceso?
— El CNE no permitió la presencia de testigos de la oposición y los observadores internacionales al Centro de Totalización. Hubo una comunicación constante entre ese punto y las máquinas y no sabemos qué se dijeron. Otra cosa hubiera sido si las máquinas hubiesen impreso un acta antes de comunicarse con el Centro de Totalización.

Uno no sabe si en esa conversación cambió algo. Todo eso, sumado al hecho de que sólo se contaron un determinado número de papeletas, ha generado dudas. Los resultados estadísticos pueden ser interpretados en frío, pero si se contrastan con otras variables como las que seleccionamos podemos comenzar a elaborar conjeturas. Eso es una responsabilidad de cada experto. El CNE debe entender que el 15 de agosto hubo una victoria pírrica. Se salieron con la suya, pero perdieron la confianza del público. Y la confianza del público es vital en una democracia.

¿En Venezuela existen las condiciones políticas óptimas para imponer un sistema automatizado de votación?
— En Venezuela jamás se había generado una crisis de confianza en el sistema electoral. No se presentó incluso cuando se dijo que Andrés Velásquez había sido despojado de la victoria en las elecciones de 1993, tal vez porque el rumor se diluyó cuando el entonces candidato presidencial de La Causa R reconoció la victoria de Rafael Caldera. Los electores siguieron acudiendo a las urnas y los partidos políticos tenían la certeza de que la copia del acta se correspondía con la voluntad del elector. Cuando la democracia llegó a Centroamérica, los venezolanos entrenaron a los nacionales de esos países en la organización de los procesos electorales. Ahora tenemos una nueva tecnología, pero la forma de tomar decisiones y la composición del CNE ha hecho que se genere desconfianza. Lo que le da la legitimidad al ganador es precisamente que el que pierda sienta que fue derrotado en buena lid. Y en esas situaciones la democracia no funciona bien.

Usted dice que el estudio rechaza algunas hipótesis de fraude, pero indica que otras son compatibles con los datos estadísticos.
— Formalmente en estadística se rechazan hipótesis. Si tu dices que los cisnes son blancos, no quiere decir que la hipótesis se confirma porque veas 10.000 cisnes blancos.

Pero el cuento se acaba si aparece un cisne negro. Entonces sólo algunos cisnes son blancos. Las teorías, bien lo dijo Karl Popper, no se verifican, sino que se falsifican. Sólo sobreviven las teorías que no has podido rechazar.





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