| El financiamiento
extranjero y los “delitos” políticos
Ismael Pérez Vigil
Politólogo
23 de Noviembre de 2004
Este artículo trata sobre la carta enviada
al National Endowment for Democracy (NED) por el Embajador
Venezolano en Washington, Bernardo Álvarez,
en la cual tergiversa y falsea la realidad jurídica
del financiamiento a las ONG en Venezuela, con la
obvia intención de cercar y aislar a los sectores
democráticos venezolanos que defienden los
derechos humanos y el estado de derecho, tratando
de impedir que puedan obtener financiamiento externo
para sus actividades, como parte de los intentos del
Gobierno venezolano por criminalizar la disidencia
política.
Algunos hechos corren el peligro de pasar desapercibidos
por acontecimientos más actuales y no podemos
permitir que eso ocurra, sobre todo cuando se trata
de una conducta característica de regímenes
autoritarios, que no es ajena al de Chávez
Frías: utilizar políticamente cualquier
evento, tergiversar los hechos, y hasta mentir. Me
refiero a la reseña que hizo la prensa al finalizar
la semana pasada de una carta dirigida por el embajador
venezolano en Washington, Bernardo Álvarez,
al Presidente del National Endowment for Democracy.
La nota del Embajador Álvarez hacía
referencia al financiamiento o asistencia económica
concedida por esta organización a algunas asociaciones
civiles venezolanas. Según la noticia de prensa,
el embajador venezolano habría dicho en su
carta (El Nacional 18 de noviembre de 2004, A/2) que
“Es ilegal que los venezolanos acepten financiamiento
del extranjero para intervenir en procesos democráticos
internos en Venezuela”.
Esta afirmación es falsa. Tergiversa la verdad;
y esa tergiversación del embajador venezolano,
Bernardo Álvarez, no es un acto inocente, desde
luego; detrás de ella se esconde una clara
intención por parte del embajador: Confundir
a la opinión pública internacional para
cercar y evitar que se financie desde el exterior
a quienes promueven la democracia en Venezuela. No
es una carta que busca “aclarar” la ley
e impedir un acto ilegal. Forma parte de la política
del régimen de Chávez Frías de
destruir a los partidos democráticos de oposición
y sobre todo difamar a los que considera sus peores
“enemigos”, las organizaciones no gubernamentales
(ONG) de la sociedad civil, a las que teme más
que a los partidos, porque sabe que son más
eficaces y no son vulnerables a sus presiones y amenazas.
Esto no es un hecho aislado; tiene sus antecedentes
en algunas sentencias del Tribunal Supremo de Justicia
(TSJ), que he comentado en otras ocasiones. En particular
dos sentencias del año 2000, que hacen referencia
a la sociedad civil y una del año 2001, que
se refiere a una demanda intentada contra el Ministerio
de Finanzas por parte de algunos gobernadores de oposición.
En estas sentencias, el Tribunal hace referencia a
que no pueden ser consideradas como parte de la sociedad
civil las organizaciones que reciben fondos del exterior.
Pero comencemos por aclarar un punto.
Pero esas sentencias del TSJ no restringen, ni limitan,
ni prohíben la posibilidad de actuar o de constituir
organizaciones no gubernamentales o de que la sociedad
civil se organice y ni siquiera prohíben o
consideran delito que obtenga financiamiento externo.
Lo que hacen es limitar las posibilidades de las asociaciones
civiles para actuar en el contexto de la Constitución
Bolivariana. Es decir, si de acuerdo con la Constitución
es condición la calificación como organización
de la sociedad civil para actuar en determinadas áreas
o actividades —para postular candidatos a ciertos
cargos, para obtener recursos del presupuesto, etc.—
las sentencias del TSJ limitan considerablemente esa
capacidad y restringen y menoscaban los privilegios
y beneficios que la Constitución había
conferido a la sociedad civil o sociedad organizada.
Podemos decir que estamos frente a una confiscación
legal o el menoscabo de un derecho por culpa de una
interpretación del TSJ, pero no frente a la
configuración de un delito, como equivocadamente
pretende el embajador Bernardo Álvarez.
Pero no es ilegal en Venezuela, recibir fondos de
organismos internacionales. Y ese fue un punto que
el propio Presidente del Tribunal Supremo, Iván
Rincón, aclaró públicamente hace
un par de semanas en una declaración de prensa,
al afirmar: “…el problema no es si
un organismo internacional entrega fondos a alguien,
sino el uso que se les da a los recursos y la transparencia
de las actuaciones” (El Nacional 16 de
noviembre de 2004). Lo que es ilegal en Venezuela,
en esta materia, y que intencionalmente mal interpreta
el embajador Bernardo Álvarez, es que los partidos
políticos reciban “donaciones o subsidios…
de compañías extranjeras o con casa
matriz en el extranjero… o de estados extranjeros
y organizaciones políticas extranjeras”.
(Ley de Partidos Políticos, Reuniones Públicas
y Manifestaciones, Artículo 25.4).
Esa norma esta recogida en una resolución del
Consejo Nacional Electoral (CNE), la número
040413-509, de este mismo año, que regula el
financiamiento de las campañas electorales
y de las “organizaciones con fines políticos”
—como eufemísticamente se llama en Venezuela
a los partidos desde que la Constitución bolivariana
los eliminó— y que en su artículo
17 plantea exactamente lo mismo que dice la Ley de
Partidos: Que los partidos no podrán “…recibir
contribuciones anónimas, ni donaciones o subsidios…
de compañías extranjeras o con casa
matriz en el extranjero… ni de Estados Extranjeros
u organizaciones extranjeras.” Resolución
por cierto de dudosa legalidad, pues en el sistema
legal venezolano, es en las leyes en donde se establecen
las sanciones y los delitos.
Pero, ni las organizaciones que nombra el embajador
Bernardo Álvarez —Cedice, Momento de
la Gente, Liderazgo y Visión, CTV, Asamblea
de Educación— son partidos políticos,
ni apoyaron, ni postularon candidatos en ninguno de
los procesos electorales, ni participaron en las campañas
electorales.
Sí recibir fondos del exterior fuera un delito
per se, como pretende el embajador Álvarez
al tergiversar lo que dice la Ley, estarían
también cometiendo delito: La Asamblea Nacional
y todos los parlamentarios del denominado Grupo de
Boston, que han recibido asistencia económica
para viajar y reunirse en el exterior y en Caracas
para discutir los problemas del país; el Tribunal
Supremo de Justicia, que ha recibido financiamiento
de organismos multilaterales como el Banco Mundial
y de Statoil, Amnistía Internacional y el PNUD
para modernizar el sistema de justicia; y serían
también unos delincuentes los integrantes de
infinidad de organizaciones de la sociedad civil venezolana
y de los partidos, algunos de ellos favorables al
régimen de Chávez Frías, que
han recibido soporte económico y ayuda extranjera
para sus planes y actividades.
Sin ir más lejos, quien si cometió un
delito conforme a esta norma, fue el actual Presidente
de la República, al recibir durante la campaña
que lo llevó a la presidencia en 1998, miles
de dólares de bancos españoles, según
fue denunciado en España. Recibir esos fondos
sin declararlos, ni explicar su procedencia y utilización,
es un delito, claramente tipificado en el artículo
25 de la Ley y a pesar de que fue denunciado públicamente
en la prensa internacional y de que fue denunciado
el caso de manera formal al CNE y al TSJ, nunca se
abrió una investigación, ni se aclaró
el origen ni el destino de esos fondos.
¿Qué pretende el embajador Álvarez,
en nombre del régimen de Chávez Frías,
con esta campaña, evidentemente falsa y que
tergiversa y miente acerca de lo que establece la
Ley Venezolana? Lo que pretende es muy claro. Obedece
a un plan para acabar con la disidencia, para acabar
con los partidos democráticos y con la oposición
democrática al régimen autoritario de
Venezuela.
Ese plan comenzó con la deliberada omisión
que hace la Constitución bolivariana de los
partidos políticos, a los que además
niega y prohíbe todo tipo de financiamiento
del Estado, que hasta 1999 se hacia a través
del organismo electoral. Ese financiamiento era lo
que permitía, en parte, que los partidos no
fueran vulnerables a presiones de grupos económicos.
Hoy en día, solo los partidos que apoyan al
Gobierno de Chávez Frías cuentan con
suficiente financiamiento para sus campañas
y actividades. Eso es algo evidente y que salta a
la vista. Es más, en la prensa hemos visto
las denuncias y circular cartas de los grupos que
apoyan al Gobierno solicitando financiamiento a la
empresa petrolera del Estado Venezolano, PDVSA; y
cartas de altos funcionarios gubernamentales sugiriendo
a sus subordinados conceder este tipo de “ayudas”
a partidos y campañas de candidatos que apoyaban
al Gobierno o al Presidente de la República.
El financiamiento público, que si es ilegal,
esta disponible en inusitada cuantía para los
partidos políticos oficiales en la “revolución
bolivariana”.
Luego, como parte del plan, vinieron las sentencias,
ya mencionadas, del TSJ; los constantes cambios en
el reglamento de debates en la Asamblea Nacional,
promovidos por la fracción gubernamental, para
impedir que se discutan las leyes; la persecución
y encarcelamiento de dirigentes políticos,
militares disidentes y alcaldes de oposición
por supuestos “delitos” cometidos hace
dos años, de los que finalmente han sido absueltos
o injustamente condenados; y ahora lo que estamos
viendo en días más recientes: El acoso
a periodistas y la persecución judicial de
los líderes de ONG a quienes acusan de delitos
de “traición a la patria” o cosas
similares, por oponerse al Presidente de la República
o por recibir donaciones y financiamiento desde el
exterior para fortalecer el sistema democrático
o para defender los derechos humanos. Incluso ahora
pretenden criminalizar algunas actividades, que es
una forma de criminalizar la disidencia política,
con una propuesta de modificación al código
penal con la que pretenden convertir en delito que
las ONG venezolanas reciban recursos económicos
y financieros del exterior.
Esa es, en el fondo, la pretensión del régimen
de Chávez Frías, a la que el embajador
Bernardo Álvarez le hace el juego: Criminalizar
la disidencia política y perseguir a la oposición
democrática, que no han podido destruir. Ahora
veremos, en el viaje en desarrollo del Presidente
Chávez Frías por Europa y Asia, como
ya lo estamos viendo en la televisora oficial, como
es utilizado el atentado terrorista de la pasada semana,
para enlodar y desprestigiar a la oposición,
llamándola terrorista, golpista y todos los
demás calificativos que el Presidente Chávez
Frías utiliza, valiéndose de los micrófonos
que le ofrece la prensa internacional, en su condición
de visita de Estado. Veremos como se utilizará
la injustificable muerte de ese fiscal, como pretexto
político, olvidando que en Venezuela, desde
el año 2002, a partir de los infaustos sucesos
de abril de ese año, hay mas de 50 muertos,
asesinados por violencia política y cuyas muertes
nunca han sido investigadas ni aclaradas, por un Gobierno
más interesado en utilizar políticamente
este tipo de sucesos que en esclarecerlos.
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