| La
gran encrucijada venezolana: 350 o elecciones
Gustavo Coronel*
24 de Octubre de 2005
Tengo la creciente sensación de que Venezuela
se acerca con rapidez a una gran encrucijada en su
vida política y social. Después de siete
años, el actual régimen parece decidido
a no entregar el poder por “las buenas”,
aun cuando esta fuese la decisión de la mayoría.
El problema político fundamental que existe
hoy en nuestro país es la falta de confianza
que los adversarios del régimen tenemos en
los organismos electorales. Un gran porcentaje de
la población cree firmemente que el Consejo
Nacional Electoral es corrupto, está al servicio
de Hugo Chávez y hará todas las trampas
necesarias para dar la victoria electoral al régimen.
Con esta percepción en la mente de este gran
segmento de los ciudadanos, una elección se
hace muy difícil de aceptar y esto es lo que
estamos viendo y viviendo hoy en día: la oposición
está dividida sobre si ir o no ir a votar.
Para ser enteramente franco, yo amanezco un día
pensando en ir a votar y, al día siguiente,
pensando en como aplicarle al régimen el 350.
Esto es así porque, por los últimos
60 años, las grandes decisiones políticas
venezolanas se han tomado electoralmente, con una
o dos excepciones, y ya estamos naturalmente inclinados
a esta solución. Por otro lado, las últimas
experiencias que hemos tenido en materia electoral
han sido tan traumáticas, tan grotescas, con
gente como el tramparente Carrasquero, el frívolo
Carter y el psiquiatra Rodríguez actuando al
margen de lo legal y lo democrático, que casi
hemos perdido las esperanzas de ver unas elecciones
limpias y honestas. Por ello, la tentación
que sentimos de ir a una protesta colectiva masiva,
amparados bajo el artículo 350 de la constitución,
es cada vez mayor. Aún los ciudadanos más
pacíficos y mansos se sienten abiertamente
indignados con este régimen inepto y entreguista
de la dignidad nacional. Entonces, ¿qué
hacer?
Una alternativa que personalmente prefiero es ir a
elecciones, siempre y cuando instituciones independientes
garanticen la transparencia del evento. ¿Es
esto posible? La experiencia reciente nos hace escépticos.
La gente que controla el Consejo Nacional Electoral
no merece confianza y los sistemas instalados son
de dudoso origen. La empresa Smarmatic no tiene credibilidad
entre nosotros. La única manera de aceptar
ir a elecciones sería con un sistema de verificación
manual, debidamente supervisado por organizaciones
independientes, algo que el psiquiatra se niega a
aceptar, porque entonces su capacidad de manipulación
sería muy pequeña.
Pero, ¿qué deberíamos hacer,
si el régimen aceptase las condiciones que
garanticen la transparencia del evento? Creo que,
en ese caso, deberíamos ir a elecciones, porque
es necesario establecer en nuestro país las
verdaderas preferencias electorales, el verdadero
sentir del pueblo. Pero deberíamos ir a elecciones
con una oposición unificada y con un mecanismo
libre de perversiones como son las llamadas morochas.
La importancia de ir a elecciones realmente transparentes
en Venezuela es obvia. Los venezolanos tenemos que
quitarnos de encima el fantasma de Hugo Chávez,
de la manera como a ese fantasma le va a doler mas:
a través de un proceso electoral, derrotado
por el pueblo. Y, admitamos, en el supuesto caso que
Chávez gane bien, habrá que aceptarlo,
porque eso sería lo que el pueblo prefiere.
Pero, supongamos que el psiquiatra y su jefe desdeñan
la transparencia y se aferran a la “tramparencia”
del proceso electoral, como sospechamos que va a suceder.
Supongamos que no hay conteo manual, que no hay efectiva
supervisión independiente, que no eliminan
a las morochas. Entonces ¿qué debemos
hacer?
Bueno, aquí si digo yo: vamos a echarle pichón
al 350. Aquí si tendríamos que ir con
todos los hierros a un proceso masivo de desobediencia
civil, de protestas, de desconocimiento abierto de
este régimen funesto. Aquí si tendríamos
que echar el resto. Y, ¿qué significa
echar el resto?
Creo que echar el resto significa, entre otras cosas:
1. Abandono total de la Asamblea Nacional. No sería
posible seguir convalidando un régimen ilegítimo;
2. Elección propia, no controlada por el Consejo
Nacional Electoral, de nuestra propia Asamblea Nacional
y nuestro Gabinete Ejecutivo paralelo, como símbolo
de independencia frente a un régimen que ya
no reconocemos; 3. protestas de calle continuas, por
sectores y por gremios, incluyendo huelgas de brazos
caídos, si es necesario; 4. Desobediencia civil
general, expresada de las maneras mas diversas, siempre
sin violencia (a menos que la violencia venga desde
el régimen hacia el pueblo). Estamos hablando
de un estado de total rechazo ciudadano al régimen,
por parte de la masa de venezolanos que ya no lo aceptamos.
La batalla que debemos dar en Venezuela tendría
que tener la grandeza cívica necesaria para
que podamos sentirnos orgullosos de ella y podamos
dar un ejemplo de dignidad y decoro al resto del continente.
Es fundamental derrotar a los tiranos en América.
Debemos eliminar la influencia de dictadores, asesinos,
terroristas y demagogos populistas de nuestra tierra.
Debemos castigar a quienes han abusado del nombre
de nuestros héroes y a quienes han tratado
de convertir a nuestro pueblo en una gran masa de
limosneros.
La batalla que viene en Venezuela será dada
en las urnas electorales y, si ello no es posible,
en la calle, motorizada por la actitud de cada uno
de los venezolanos amantes de la libertad, frente
a un régimen corrupto. Me temo que quienes
apoyan al régimen no aceptaran este cambio
de buena gana. Los desastres, la corrupción,
la prostitución de la vida social venezolana
han sido tan rápidas y tan violentas que mucha
gente se verá afectada con el cambio. Habrá
gente que tendrá que ir presa por sus crímenes
a la nación. A diferencia de nuestra historia
de cambios democráticos y pacíficos
de los últimos 60 años, la salida de
este régimen será probablemente traumática,
dura y, me temo, nos costará sangre, sudor
y lágrimas.
Pero probablemente tendrá que ser así,
porque aparentemente no puede ser de otra manera.
* Gustavo Coronel es un veterano
ingeniero de la industría petrolera, miembro
director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979).
Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como
asesor editorial.
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