Entre Arias Cárdenas y Rangel me quedo con Lina Ron




Francisco Arias Cárdenas apuntó en 1992 como el miembro civilizado del grupo de gorilas que intentaron derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. Mostró cierta eficiencia militar al lograr su objetivo en el Zulia y trató con respeto al gobernador Álvarez Paz, mientras a Hugo Chávez se le enfriaba el guarapo en Caracas. Su biografía oficial (puede ser encontrada en internet) no puede despojarse de esa cursilería que parece ser la marca de fábrica de los militares venezolanos que se reunieron en torno al árbol de las tres raíces. Allí se dice que “a las 6 de la mañana del 20 de Noviembre de 1950 la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira, vio nacer a Francisco Arias Cárdenas”. Nos imaginamos a la entera población de la ciudad tratando de entrar a la sala de partos. Allí se habla de la vocación inicial de Pancho, el seminario, y de su posterior cambio hacia el cuartel. Como sorprendente resultado de su formación religiosa, humanística y militar, Pancho decidió que la mejor contribución que le podía hacer al progreso del país era…. ¡Darle un golpe de estado a un presidente elegido democráticamente! Va a la cárcel y, días después de salir en libertad es premiado por su trayectoria cívica por el presidente Rafael Caldera, con la presidencia de la Fundación para el Programa Alimenticio Materno Infantil, PAMI, actividad un tanto alejada de su experiencia previa en submarinismo, paracaidismo y golpismo.

En su brillante carrera Arias Cárdenas ha sido distinguido con placas y diplomas por el Ministerio de Emigrados del Líbano, por el sindicato de Músicos, Cantantes y Afines del Estado Zulia y por la Unión de Ganaderos de El Venado, entre otras organizaciones de relieve internacional. Nos dice la biografía oficial de Pancho que la historia de su matrimonio con Gladys Margarita Fuenmayor parece sacada de una novela. Se conocieron y se enamoraron cuando la joven intentaba cobrarle a Pancho un equipo de submarinismo que su hermano (de ella) le había vendido.

En 2000 Pancho se da cuenta que Chávez está poniendo una gran plasta como presidente y que él lo puede hacer mejor. Se decide a ser candidato presidencial y lo justifica diciendo, entre otras cosas: “Pude haberme quedado en el Zulia…. desentendiéndome antes los evidentes y terribles errores que cometía mi compañero del 4 de febrero. Pude haberme acogido a la clásica solidaridad automática…. Dedicarme a justificar lo que se está haciendo con nuestra economía, con nuestra sociedad y con nuestra democracia”. Y añadió: “ahora en el año 2000…. Nos empobrecemos a una velocidad vertiginosa…. El presidente y su gobierno han mostrado una absoluta incapacidad para resolver los problemas sociales y económicos de Venezuela…. La economía venezolana se adentra en el oscuro túnel de la depresión, caracterizada por la parálisis del aparato productivo y masivo desempleo”. Para muestra bastan estos botones. Pancho se mostraba indignado con Chávez y sus errores.

Ahora, cortos años después, con una Venezuela aun peor que la de 2000, su economía en ruinas, sus instituciones prostituidas, su soberanía pisoteada por Fidel Castro y Hugo Chávez, su pueblo sometido a la condición de pordioseros por la perversa política de limosnas que ha seguido Chávez, Pancho Arias nos dice que él estaba equivocado, que quien tiene la razón es Chávez y se pregunta si no habrá algún sitio para él bajo la monocracia. Sus artículos son cada vez mas blandengues, mas peligrosos de leer para los diabéticos, mas propios del seminarista contemplativo que del militar (mientras que las entrevistas de Rosalio, en contraste, son mas propios del hombre de acción que de un seminarista contemplativo).

Lo último que sabemos de Pancho es que trató, infructuosamente según Ultimas Noticias, de colarse entre los candidatos del régimen a la Asamblea Nacional. En la reunión donde estos candidatos fueron seleccionados a dedo limpio por el monócrata, Pancho no mereció el dedo de Hugo, ni siquiera el de Diosdado. Esta patada histórica aparentemente ocurrió a pesar de una carta que, según Iván Ballesteros, Arias Cárdenas le escribió a Chávez, “arrodillándose” para pedir la curul.

José Vicente Rangel, por su parte, ha tenido una trayectoria política mucho más extensa, lo cual le ha permitido hacer todavía mas piruetas que las que ha hecho Pancho. Rangel no es cursi como Arias pero es mas desvergonzado. Miente con total y absoluto desparpajo. Sus expresiones del tipo “excesivamente normal” le han ganado un sitio al lado del Ministro de Información de Sadam Hussein durante la última guerra de Irak.

Rangel es hijo de gomecista, lo cual no es un pecado porque en la Venezuela de los años 20 y 30 eso era lo que estaba de moda en política. Fue urredista y se opuso a la dictadura militar de Pérez Jiménez, lo cual no le impide ahora colaborar con la monocracia militar de Hugo Chávez. Pasó de demócrata a candidato presidencial del Partido Comunista y ahora parece ser el autor de unos artículos rastreros elogiando a Chávez e insultando a la oposición, en el periódico VEA dirigido por el celacanto (pez que viene del paleozoico y que aun tiene una especie viva en los mares de Australia) del marxismo, Guillermo García Ponce. Rangel se convirtió en periodista de renombre durante las décadas de 1980 y 1990, caracterizándose por su falta de escrúpulos al denunciar sin pruebas y por no rectificar nunca sus frecuentemente falsas acusaciones, lo cual es señal de periodismo amarillista, del tipo que hoy ejerce Miguel Salazar.

Donde Rangel ha encontrado su plena realización, sin embargo, es actuando como eminencia gris de Hugo Chávez. Alternando frías y estudiadas actuaciones de sofisticado burócrata frente a las cámaras de televisión con improvisados y violentos discursos plenos de vulgaridad en la calle, Rangel es mas papista que el Papa. A través de esta actuación cree tener su mejor oportunidad para llevar a cabo el sueño de su vida, tres veces frustrado, de ser presidente. Para Rangel no hay gobierno más democrático que el de Chávez, a pesar de todo lo que sucede a diario en Venezuela, en violación abierta de los derechos humanos de los venezolanos y de la soberanía y del fisco de la nación.

Realmente, si nos ponen a escoger entre Rangel y Arias Cárdenas, nos quedamos con Lina Ron, quien al menos nunca ha sido hipócrita.



* Gustavo Coronel es un veterano ingeniero de la industría petrolera, miembro director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979). Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como asesor editorial.





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