| Entre
Arias Cárdenas y Rangel me quedo con Lina Ron
Gustavo Coronel*
1 de Octubre de 2005
Francisco Arias Cárdenas apuntó en 1992
como el miembro civilizado del grupo de gorilas que
intentaron derrocar al presidente Carlos Andrés
Pérez. Mostró cierta eficiencia militar
al lograr su objetivo en el Zulia y trató con
respeto al gobernador Álvarez Paz, mientras
a Hugo Chávez se le enfriaba el guarapo en
Caracas. Su biografía oficial (puede ser encontrada
en internet) no puede despojarse de esa cursilería
que parece ser la marca de fábrica de los militares
venezolanos que se reunieron en torno al árbol
de las tres raíces. Allí se dice que
“a las 6 de la mañana del 20 de Noviembre
de 1950 la ciudad de San Cristóbal, estado
Táchira, vio nacer a Francisco Arias Cárdenas”.
Nos imaginamos a la entera población de la
ciudad tratando de entrar a la sala de partos. Allí
se habla de la vocación inicial de Pancho,
el seminario, y de su posterior cambio hacia el cuartel.
Como sorprendente resultado de su formación
religiosa, humanística y militar, Pancho decidió
que la mejor contribución que le podía
hacer al progreso del país era…. ¡Darle
un golpe de estado a un presidente elegido democráticamente!
Va a la cárcel y, días después
de salir en libertad es premiado por su trayectoria
cívica por el presidente Rafael Caldera, con
la presidencia de la Fundación para el Programa
Alimenticio Materno Infantil, PAMI, actividad un tanto
alejada de su experiencia previa en submarinismo,
paracaidismo y golpismo.
En su brillante carrera Arias Cárdenas ha sido
distinguido con placas y diplomas por el Ministerio
de Emigrados del Líbano, por el sindicato de
Músicos, Cantantes y Afines del Estado Zulia
y por la Unión de Ganaderos de El Venado, entre
otras organizaciones de relieve internacional. Nos
dice la biografía oficial de Pancho que la
historia de su matrimonio con Gladys Margarita Fuenmayor
parece sacada de una novela. Se conocieron y se enamoraron
cuando la joven intentaba cobrarle a Pancho un equipo
de submarinismo que su hermano (de ella) le había
vendido.
En 2000 Pancho se da cuenta que Chávez está
poniendo una gran plasta como presidente y que él
lo puede hacer mejor. Se decide a ser candidato presidencial
y lo justifica diciendo, entre otras cosas: “Pude
haberme quedado en el Zulia…. desentendiéndome
antes los evidentes y terribles errores que cometía
mi compañero del 4 de febrero. Pude haberme
acogido a la clásica solidaridad automática….
Dedicarme a justificar lo que se está haciendo
con nuestra economía, con nuestra sociedad
y con nuestra democracia”. Y añadió:
“ahora en el año 2000…. Nos empobrecemos
a una velocidad vertiginosa…. El presidente
y su gobierno han mostrado una absoluta incapacidad
para resolver los problemas sociales y económicos
de Venezuela…. La economía venezolana
se adentra en el oscuro túnel de la depresión,
caracterizada por la parálisis del aparato
productivo y masivo desempleo”. Para muestra
bastan estos botones. Pancho se mostraba indignado
con Chávez y sus errores.
Ahora, cortos años después, con una
Venezuela aun peor que la de 2000, su economía
en ruinas, sus instituciones prostituidas, su soberanía
pisoteada por Fidel Castro y Hugo Chávez, su
pueblo sometido a la condición de pordioseros
por la perversa política de limosnas que ha
seguido Chávez, Pancho Arias nos dice que él
estaba equivocado, que quien tiene la razón
es Chávez y se pregunta si no habrá
algún sitio para él bajo la monocracia.
Sus artículos son cada vez mas blandengues,
mas peligrosos de leer para los diabéticos,
mas propios del seminarista contemplativo que del
militar (mientras que las entrevistas de Rosalio,
en contraste, son mas propios del hombre de acción
que de un seminarista contemplativo).
Lo último que sabemos de Pancho es que trató,
infructuosamente según Ultimas Noticias, de
colarse entre los candidatos del régimen a
la Asamblea Nacional. En la reunión donde estos
candidatos fueron seleccionados a dedo limpio por
el monócrata, Pancho no mereció el dedo
de Hugo, ni siquiera el de Diosdado. Esta patada histórica
aparentemente ocurrió a pesar de una carta
que, según Iván Ballesteros, Arias Cárdenas
le escribió a Chávez, “arrodillándose”
para pedir la curul.
José Vicente Rangel, por su parte, ha tenido
una trayectoria política mucho más extensa,
lo cual le ha permitido hacer todavía mas piruetas
que las que ha hecho Pancho. Rangel no es cursi como
Arias pero es mas desvergonzado. Miente con total
y absoluto desparpajo. Sus expresiones del tipo “excesivamente
normal” le han ganado un sitio al lado del Ministro
de Información de Sadam Hussein durante la
última guerra de Irak.
Rangel es hijo de gomecista, lo cual no es un pecado
porque en la Venezuela de los años 20 y 30
eso era lo que estaba de moda en política.
Fue urredista y se opuso a la dictadura militar de
Pérez Jiménez, lo cual no le impide
ahora colaborar con la monocracia militar de Hugo
Chávez. Pasó de demócrata a candidato
presidencial del Partido Comunista y ahora parece
ser el autor de unos artículos rastreros elogiando
a Chávez e insultando a la oposición,
en el periódico VEA dirigido por el celacanto
(pez que viene del paleozoico y que aun tiene una
especie viva en los mares de Australia) del marxismo,
Guillermo García Ponce. Rangel se convirtió
en periodista de renombre durante las décadas
de 1980 y 1990, caracterizándose por su falta
de escrúpulos al denunciar sin pruebas y por
no rectificar nunca sus frecuentemente falsas acusaciones,
lo cual es señal de periodismo amarillista,
del tipo que hoy ejerce Miguel Salazar.
Donde Rangel ha encontrado su plena realización,
sin embargo, es actuando como eminencia gris de Hugo
Chávez. Alternando frías y estudiadas
actuaciones de sofisticado burócrata frente
a las cámaras de televisión con improvisados
y violentos discursos plenos de vulgaridad en la calle,
Rangel es mas papista que el Papa. A través
de esta actuación cree tener su mejor oportunidad
para llevar a cabo el sueño de su vida, tres
veces frustrado, de ser presidente. Para Rangel no
hay gobierno más democrático que el
de Chávez, a pesar de todo lo que sucede a
diario en Venezuela, en violación abierta de
los derechos humanos de los venezolanos y de la soberanía
y del fisco de la nación.
Realmente, si nos ponen a escoger entre Rangel y Arias
Cárdenas, nos quedamos con Lina Ron, quien
al menos nunca ha sido hipócrita.
* Gustavo Coronel es un veterano
ingeniero de la industría petrolera, miembro
director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979).
Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como
asesor editorial.
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