| La
corrupción dentro de la revolución
Gustavo Coronel*
12 de Diciembre de 2005
Un documento de Noviembre de este año (El Nuevo
Mapa Estratégico, sub titulado la revolución
dentro de la revolución) describe las estrategias
que el régimen de Hugo Chávez seguiría
en su “nueva etapa”. Es útil leerlo
para darse cuenta del cinismo de la gente que tiene
el control político en nuestro país.
Vean ustedes lo que dice Chávez sobre las estrategias
y herramientas que su régimen utilizaría
contra la Corrupción:
1.
“Terminar con los comportamientos corruptos
en la administración pública…
que forman parte de… la relación entre
los funcionarios y la ciudadanía”.
Cumplir con esta estrategia obligaría a Chávez
a despedir y enjuiciar a Jorge Rodríguez y
a los miembros del Consejo Nacional Electoral, a José
Vicente Rangel, a Isaías Rodríguez,
a Germán Mundaraín, a Clodobaldo Russián,
a Nicolás Maduro, a Rafael Ramírez y
a centenares de acólitos de su equipo, por
poner las organizaciones que deben estar al servicio
de los ciudadanos al servicio del régimen totalitario.
Obligaría a Chávez a despedir a los
funcionarios de Hacienda y a los miembros de la Asamblea
Nacional que han permitido la existencia de hasta
tres presupuestos paralelos y abusos tales como el
saqueo de PDVSA, la compra del airbus 310, las dádivas
petroleras a Fidel Castro, la diarrea de dinero distribuido
en América Latina para comprar lealtades políticas
y la muerte del Fondo de Estabilización Macroeconómica.
Estamos hablando del despilfarro y distracción
de miles de millones de dólares que pertenecían
a la nación y que hoy están en manos
de venezolanos y extranjeros corruptos.
2.
“Mejorar el índice de percepción
de la corrupción”.
Si esta estrategia fuese sincera, José Vicente
Rangel no hubiese acusado, con su acostumbrada vulgaridad,
a Transparencia Internacional, de “obedecer
a intereses imperialistas” o el Contralor Russián,
o el excesivamente maduro Nicolás, hubiesen
tratado de descalificar los métodos estadísticos
utilizados por esa organización internacional.
Lo cierto es que el régimen de Chávez
reaccionará violentamente contra toda organización
internacional que muestre su triste realidad. Así
lo hizo contra Transparencia Internacional y así
lo está haciendo, en estos momentos, contra
la Unión Europea y contra la OEA.
3.
“Involucrar a la ciudadanía
en el control y fiscalización de las obras
del gobierno”, e “Institucionalizar la
presentación pública de los Presupuestos
y Finanzas de la administración pública,
así como la rendición de cuentas”.
Estas estrategias serían las que uno esperaría
de un gobierno civilizado y realmente atento a lo
que la sociedad requiere. Pero la realidad no ha sido,
ni es, ni será esta. Los venezolanos no sabemos
en que se han gastado los 200 mil millones de dólares
provenientes de la producción petrolera de
los últimos siete años. No sabemos en
que se han gastado los 23 mil millones de dólares
de deuda nueva en la cuál Chávez ha
incurrido. Esta inmensa masa de dinero se ha evaporado
ante los ojos asombrados e impotentes de los venezolanos.
Lo poco que sabemos sobre el destino de estos cuantiosos
caudales es aterrador: 6 mil millones de dólares
en armamentos; 6 mil millones de dólares en
subsidios y regalos a Fidel Castro, Nestor Kirchner,
Uruguay, Paraguay y organizaciones políticas
aliadas a diversos países del hemisferio; 2
mil millones en el Plan Bolívar 2000 (RIP);
5-8 mil millones en importación de alimentos
para su libre distribución. Estas son algunas
de las cantidades despilfarradas o que han ido a parar
a las manos codiciosas de dictadores latinoamericanos,
perros de la guerra y miembros del equipo del régimen.
Pero todo ello apenas suma unos 25 mil milloncejos
de dólares. ¿Qué se ha hecho
del resto del dinero? Nunca había existido
en nuestro país un saqueo o un despilfarro
tan inmenso de fondos públicos como los que
han caracterizado a este régimen.
No ha habido hasta ahora el más mínimo
intento de presentar cuentas al país. Ello
se debe a dos razones: la primera tiene que ver con
la naturaleza autoritaria de Hugo Chávez. Este
señor realmente cree que el dinero de los venezolanos
es propiedad de él y que puede hacer con los
fondos públicos lo que le venga en gana, sin
presentarle cuentas al país. La segunda es
igualmente trágica: nadie sabe donde, y como,
y en que se ha gastado este dinero. El desastre administrativo
del régimen chavista es monumental. Los ministros
van y vienen, como codiciosas marionetas, cada quien
esperando su turno para acomodarse. La región
latinoamericana, asombrada ante el derroche, extiende
sus manos, esperando que le toque algo de la repartición.
En el Bronx una señora en silla de ruedas bendice
a Chávez, alguien que debe ser muy bueno, porque
le envió unos galones de diesel más
baratos. También lo bendicen Jesse Jackson,
Danny Glover, Joseph Kennedy, Don King, Nestor Kirchner
y Daniel Ortega, quienes han sido otros de los recientes
beneficiarios de su generosidad. Quienes no lo bendicen
son los niños de la calle, los indígenas
depauperados de la Avenida Bolívar, los dueños
de las tierras invadidas, los industriales arruinados,
los funcionarios públicos despedidos por represalias
políticas; los presos de Isaías Rodríguez
y Rangel, el 80% de pobres venezolanos condenados
a esperar que el régimen les dé una
limosna.
4.
“Fortalecimiento de los sistemas institucionales
de control contra la corrupción: Contraloría…Fiscalía….”
.
El uso del término “fortalecer”es
indignante porque presume que ya las instituciones
existen, operan y todo lo que se necesita es reforzarlas.
La verdad es que ninguna de las instituciones que
deberían controlar la corrupción en
Venezuela funcionan bajo el régimen de Chávez.
No son solo estas dos mencionadas en el documento
que comentamos, sino que deberían incluirse
la Defensoría del Pueblo, la Asamblea Nacional
y, por supuesto, el sistema judicial. Todo este sistema
está viciado y podrido profundamente, debido
a las manipulaciones de Hugo Chávez y a las
personas quienes se prestan para desvirtuar su naturaleza.
No se trataría, pues, de fortalecer lo inexistente
sino de barrer con toda esta podredumbre instalada
por Chávez. Esa sería la única
estrategia eficiente.
5.
“Desarrollo de campañas de difusión…
y valores contra la corrupción”.
La única organización existente en Venezuela
haciendo labor contra la corrupción es Transparencia
Internacional, el capítulo venezolano. El régimen
no puede hacer una labor seria en este campo porque
ella sería atentatoria contra sus propios desmanes.
6.
“Creación de una policía anti-corrupción”.
Hace meses Chávez despotricaba contra las policías.
Decía que prefería desbandarlas a todas,
porque eran focos de malandros y asesinos. Hablaba
en aquel momento refiriéndose al asesinato
de jóvenes estudiantes en Caricuao, hecho llevado
a cabo por una pandilla de desalmados pertenecientes
a una de las varias policías del régimen
(¿Qué ha pasado en este caso?). Este
rasgado de vestiduras, para consumo de la audiencia
de sus shows dominicales, duró poco. Ahora,
según sus estrategas, hay que crear otra policía.
Pero, ¿quién vigila a esta nueva policía
anti-corrupción, a este nuevo antro potencial
de malandros y extorsionistas? Chávez debe
saber que la mejor manera de combatir la corrupción
en la administración pública es no ser
corruptos, es no tolerar la corrupción, es
no ejercerla en sus diversas manifestaciones de robo,
extorsión, abuso de poder, malversación
de fondos público y desprecio por la rendición
de cuentas, todo lo cuál forma parte integral
de su régimen.
7.
“Adopción de medidas ejemplarizantes
en aquellos casos comprobados de corrupción”.
Si estas medidas se tomaran, ¡el régimen
quedaría completamente descabezado! Para todo
efecto práctico desaparecería la revolución.
Esto si ¡sería una revolución!
Serían encarcelados quienes han robado, quienes
se dan masajes a costa de los contratistas, quienes
defienden al puesto, quienes se auto jubilan con miles
de dólares al mes, quienes compran bancos sin
poner ni un centavo de sus bolsillos, quienes editan
sus malos poemas en la imprenta del Estado, quienes
le regalan a dictadores el petróleo que les
pertenece al pueblo, quienes ocupan mas de dos posiciones
en la administración pública, quienes
extorsionan, quienes atropellan, quienes amenazan
a los ciudadanos, con la fuerza pública, quienes
toman represalia, quienes excluyen, quienes permiten
la injusticia… quienes llevan a cabo la casi
infinita gama de corrupción que existe en este
régimen. Todo lo que se requiere para probar
esta corrupción (Hugo Chávez sabe que
existe porque la ve a su inmediato alrededor y porque
el mismo la ha practicado, cuando compra un avión
sin presupuesto o cuando recibe contribuciones extranjeras
para su campaña electoral sin dar debida cuenta
o cuando decide regalarle petróleo a su amigo
Fidel Castro), todo lo que es necesario es invertir
la carga de la prueba. ¡Obliguen a los nuevos
ricos de la revolución a justificar sus ingresos!
¿De dónde saca el modesto funcionario
público el dinero para el auto lujoso, para
el apartamento en La Castellana, para la casa en Florida,
para los viajes a visitar a su gurú?
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El régimen de Hugo Chávez pasará
a la historia como el mas corrupto (por ahora) en
la historia del país, medido en base a la cantidad
de dinero dilapidado y mal usado y al desorden administrativo
que lo ha acompañado. El documento que hemos
comentado forma parte del sistema de corrupción
que el régimen ha instalado en el país,
un sistema que hace lucir a Lusinchi y Carlos Andrés
como niños de pecho y a los corruptos de las
presidencias de Caldera y Herrera Campíns como
primitivos aficionados.
La corrupción dentro de la revolución
se está comiendo aceleradamente lo que aún
resta de su deleznable base ideológica. Entre
el joven y estilizado paracaidista lleno de cursis
ilusiones de 1992 y esta figura adiposa y espástica
llena de sueños de grandeza y terrores nocturnos
de 2005 ya no queda nada que no sea derroche, miseria
y terror.
Falta aún lo más trágico, el
final.
* Gustavo Coronel es un veterano
ingeniero de la industría petrolera, miembro
director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979).
Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como
asesor editorial.
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