El Discurso de Joselo




Insisto en mi teoría. Así como en el caso del hombre de la máscara de hierro, del prisionero que pasó años en una pequeña celda mientras su hermano gemelo mandaba en Francia, con el nombre de Luis XIV (o, al menos, eso es lo que nos dice Dumas), en Venezuela manda Joselo, mientras el presidente original (que no legitimo), está bajo llave. Para llevar a cabo este enroque Joselo ha sido debidamente maquillado, aunque no fue necesaria mucha alteración, excepto mover la posición de la verruga y el uso de una súper lámpara ultravioleta. Cada vez que veo y, sobretodo, cada vez que oigo hablar a nuestro presidente, me convenzo mas de que este es el caso y le pido a Laureano Márquez que investigue esta situación mas a fondo. Aunque estoy seguro de que este reemplazo ha ocurrido, no estoy tan seguro de sí ha sido beneficioso para el país. Los desastres que está haciendo Joselo y las vergüenzas que nos está haciendo pasar son incalculables pero yo hago la siguiente pregunta: ¿Qué no estuviera haciendo el verdadero? Eso es lo que nunca sabremos porque lo tienen con una máscara de diablo, lógicamente en una pequeña celda de Yare, donde lo mantienen en un estado semi catatónico mediante el uso constante de grabaciones de poemas de Tarek Wiliam Saab e Isaías Rodríguez.

El discurso en las Naciones Unidas fue puro Joselo, eso no tiene la menor duda. Joselo se enraíza con los grandes cómicos del siglo veinte, en su utilización de la incoherencia como herramienta humorística. ¿Quién no recuerda los deliciosos monólogos de Mario Moreno, el rey de la tangente? Cantinflas fue el creador de esa estrategia verbal que consiste en escaparse, en plena marcha, de la discusión de un tema sobre el cual no se sabe nada, para hablar de algo que no tiene relación alguna con la frase anterior. Eso sí, con un aire de aplomo y seguridad tales que el oyente se queda tan sorprendido como si estuviera escuchando a Yogi Berra. En conjunción con esa estrategia verbal, Joselo exhibió en su discurso una característica que le dio resultados al principio pero que ya le está causando algunos problemas entre los latinoamericanos mas sofisticados: la desfachatez, esa manera de acusar a los demás de sus propias carencias, como para hacer creer que alguien que hable de tal manera no puede tenerlas. Decir en las Naciones Unidas: “Esto no sirve…” está diseñado para afirmar que lo que él hace en su país si sirve.

Decimos que el discurso en las Naciones Unidas prueba nuestra teoría. Este discurso comenzó con cierta lógica. El párrafo inicial es hasta bueno, quizás es el único que le escribieron. A partir de allí todo fue palo abajo, en progresiva orgía de incoherencia.

Nos dice el orador: “Pretendimos reducir a la mitad los 842 millones de hambrientos para el año 2015. Al ritmo actual la meta se lograría en 2215, ve a ver quien de nosotros estaríamos allí para celebrarlo….” Fíjense que el orador está hablando a un grupo internacional (al menos en teoría porque la concurrencia en la sala era más exigua que la de un juego de béisbol entre Mongolia y El Vaticano) y, sin embargo, utiliza el tuteo (ve a ver….). Se permite hacer burlas de las metas del Milenio, a pesar de que muchos países de la región Latinoamericana están obteniendo los objetivos fijados, no así Venezuela, uno de los pocos países de la región que muestra grandes atrasos y hasta retrocesos.

Continua el orador: “ Pero el sueño de esa paz mundial, el sueño de un nosotros que no avergüence por el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la necesidad extrema, necesita -además de raíces- alas para volar. Necesitamos alas para volar… …sabemos que hay una globalización neoliberal aterradora pero también existe la realidad de un mundo interconectado que tenemos que enfrentar”. Aquí comienza a atropellarlo la incoherencia, eso de hablar de sueños que vuelan pero con raíces, eso de negar la globalización admitiendo que existe un mundo interconectado (¡de eso es que trata la globalización, Joselo!).

Y sigue: “reclamamos desde Venezuela la refundación de las Naciones Unidas, y como bien sabemos en Venezuela por las palabras de Simón Rodríguez, el Robinson de Caracas: “O inventamos o erramos”. Lo que reclama el orador como refundación es sacar a la sede del organismo de Nueva York, ciudad que pertenece “a un país terrorista” (y que paga casi todas las cuentas de la organización), llevársela para América del Sur, probablemente para una nueva ciudad a ser creada a fin de “que re-equilibre cinco siglos de desequilibrio”(?), una ciudad que “puede existir ya, o podemos inventarla”. Aquí la incoherencia es casi total. ¿Qué diablos le importa a la exigua concurrencia que en Venezuela inventamos o erramos? ¿A quién se le ocurre la rudeza y la malcriadez de insultar al país del Norte en el país del Norte? ¿Qué es eso de que la ciudad para la nueva sede tendría que re-equilibrar cinco siglos de desequilibrio? ¿Cuál desequilibrio? ¿Le importa eso a la audiencia, la cuál está mas interesada en sus propios desequilibrios que en lo que dice este representante del desquilibrio latinoamericano? ¿Qué es eso de que podemos inventar la nueva sede? ¿Es que esa nueva sede, acaso, está al mismo nivel de sencillez que los gallineros verticales o de las rutas para las empanadas?

Como sospechábamos, el orador exigió mas tiempo para poder abundar en sus incoherencias. En una reunión de carácter mundial se permitió hablar de la tragedia de Nueva Orleans y, nuevamente, acusar al gobierno de USA de incompetencia. Se permitió hacer una referencia crítica, personal, contra el Presidente de los Estados Unidos. Esta rudeza ya es proverbial en el orador y le ha dado una vergonzosa fama de rústico entre los gobiernos desarrollados del planeta.

Y continúa: “la Asamblea General adoptó el 14 de diciembre de 1974 la carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados…. Esto era cuando se votaba en Naciones Unidas -porque ahora aquí no se vota, ahora aquí se aprueban documentos como este documento que yo denuncio a nombre de Venezuela, irrito, nulo e ilegal… ¡no es válido este documento!…. nosotros no podemos aceptar la dictadura abierta y descarada en la Naciones Unidas….. hago un llamado muy respetuoso a mis colegas….” Este párrafo es puro Joselo. Comienza a hablar de la Carta de Derechos y Deberes de los Estados pero en la mitad de una frase se va por la tangente y comienza a echar sapos y culebras contra un documento que no identifica. Lo único que le faltó fue quitarse el zapato y darle de zapatazos al podio. Después de hablar contra la dictadura en las Naciones Unidas (¡fíjense quien habla de dictadura!) le hace un “respetuoso llamado” a sus colegas. ¿Cómo hacer un respetuoso llamado después de pegar cuatro lecos en la sala?

Algún tiempo después en su perorata, afirma el orador: “1.406.000 venezolanos aprendieron a leer y escribir en un año y medio”. Que maravilla. Eso significa casi dos venezolanos por minuto. Día y noche, siete días a la semana, mes tras mes, sin respiro de los Cubanos. Como nadie aprende a leer y mucho menos a escribir en menos de varias horas y eso apuradito, las cuentas de Joselo son fantasiosas y un insulto a la escuálida audiencia que quedaba en la sala. Añadió que “el 70% de los venezolanos recibe asistencia médica gratuita, incluidos los medicamentos y 12 millones de venezolanos reciben comida subsidiada y un millón comida gratuita”. Aquí el orador mezcla la mentira (¿por qué se mueren los venezolanos de mengua en los hospitales del régimen?) con la propaganda impúdica y la admisión de un crimen. La limosna en gran escala que el orador admite es un crimen contra la sociedad venezolana. Eso de repartir comida gratis, eso de que todo es gratis y el estado proveerá constituye un crimen contra el progreso de una sociedad. Nos condena a ser un país de limosneros y pedigüeños. Esta política no puede ser la solución a los problemas de pobreza e ignorancia de ninguna sociedad. Ir a las Naciones Unidas a decir que somos un pueblo sometido a la limosna es una triste admisión de fracaso. Yo me avergüenzo de un presidente que vaya a decir ante un foro mundial que la solución de los problemas de su pueblo es la limosna, caerle a realazos. Y me avergüenzo de los burócratas pagados por el Estado que van a aplaudirlo.

Afirma el orador: “Se redujo el desempleo en 9 puntos porcentuales”. Pero ¡la tasa de desempleo en Venezuela es la mayor de América Latina! No habló el orador de haber duplicado la deuda ni del saqueo que hace de las reservas internacionales.

Termina el orador con una pomposa frase “No demos descanso a nuestros brazos, ni reposo a nuestras almas hasta salvar a la humanidad”. ¡Que molleja, Joselo!

Como diría Luis Eloy desde Maturín: “gracias a la providencia que nos dio a ese ser humano”.

Al final del discurso me entró una duda sobre la teoría arriba expuesta. ¿Será el orador verdaderamente Joselo? ¿Será capaz Joselo de decir estas cosas? ¿Se escaparía de Yare el hombre de la máscara?
Laureano Márquez tiene la palabra.



* Gustavo Coronel es un veterano ingeniero de la industría petrolera, miembro director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979). Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como asesor editorial.





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