| El
Discurso de Joselo
Gustavo Coronel*
16 de Septiembre de 2005
Insisto en mi teoría. Así como en el
caso del hombre de la máscara de hierro, del
prisionero que pasó años en una pequeña
celda mientras su hermano gemelo mandaba en Francia,
con el nombre de Luis XIV (o, al menos, eso es lo
que nos dice Dumas), en Venezuela manda Joselo, mientras
el presidente original (que no legitimo), está
bajo llave. Para llevar a cabo este enroque Joselo
ha sido debidamente maquillado, aunque no fue necesaria
mucha alteración, excepto mover la posición
de la verruga y el uso de una súper lámpara
ultravioleta. Cada vez que veo y, sobretodo, cada
vez que oigo hablar a nuestro presidente, me convenzo
mas de que este es el caso y le pido a Laureano Márquez
que investigue esta situación mas a fondo.
Aunque estoy seguro de que este reemplazo ha ocurrido,
no estoy tan seguro de sí ha sido beneficioso
para el país. Los desastres que está
haciendo Joselo y las vergüenzas que nos está
haciendo pasar son incalculables pero yo hago la siguiente
pregunta: ¿Qué no estuviera haciendo
el verdadero? Eso es lo que nunca sabremos porque
lo tienen con una máscara de diablo, lógicamente
en una pequeña celda de Yare, donde lo mantienen
en un estado semi catatónico mediante el uso
constante de grabaciones de poemas de Tarek Wiliam
Saab e Isaías Rodríguez.
El discurso en las Naciones Unidas fue puro Joselo,
eso no tiene la menor duda. Joselo se enraíza
con los grandes cómicos del siglo veinte, en
su utilización de la incoherencia como herramienta
humorística. ¿Quién no recuerda
los deliciosos monólogos de Mario Moreno, el
rey de la tangente? Cantinflas fue el creador de esa
estrategia verbal que consiste en escaparse, en plena
marcha, de la discusión de un tema sobre el
cual no se sabe nada, para hablar de algo que no tiene
relación alguna con la frase anterior. Eso
sí, con un aire de aplomo y seguridad tales
que el oyente se queda tan sorprendido como si estuviera
escuchando a Yogi Berra. En conjunción con
esa estrategia verbal, Joselo exhibió en su
discurso una característica que le dio resultados
al principio pero que ya le está causando algunos
problemas entre los latinoamericanos mas sofisticados:
la desfachatez, esa manera de acusar a los demás
de sus propias carencias, como para hacer creer que
alguien que hable de tal manera no puede tenerlas.
Decir en las Naciones Unidas: “Esto no sirve…”
está diseñado para afirmar que lo que
él hace en su país si sirve.
Decimos que el discurso en las Naciones Unidas prueba
nuestra teoría. Este discurso comenzó
con cierta lógica. El párrafo inicial
es hasta bueno, quizás es el único que
le escribieron. A partir de allí todo fue palo
abajo, en progresiva orgía de incoherencia.
Nos dice el orador: “Pretendimos reducir a la
mitad los 842 millones de hambrientos para el año
2015. Al ritmo actual la meta se lograría en
2215, ve a ver quien de nosotros estaríamos
allí para celebrarlo….” Fíjense
que el orador está hablando a un grupo internacional
(al menos en teoría porque la concurrencia
en la sala era más exigua que la de un juego
de béisbol entre Mongolia y El Vaticano) y,
sin embargo, utiliza el tuteo (ve a ver….).
Se permite hacer burlas de las metas del Milenio,
a pesar de que muchos países de la región
Latinoamericana están obteniendo los objetivos
fijados, no así Venezuela, uno de los pocos
países de la región que muestra grandes
atrasos y hasta retrocesos.
Continua el orador: “ Pero el sueño de
esa paz mundial, el sueño de un nosotros que
no avergüence por el hambre, la enfermedad, el
analfabetismo, la necesidad extrema, necesita -además
de raíces- alas para volar. Necesitamos alas
para volar… …sabemos que hay una globalización
neoliberal aterradora pero también existe la
realidad de un mundo interconectado que tenemos que
enfrentar”. Aquí comienza a atropellarlo
la incoherencia, eso de hablar de sueños que
vuelan pero con raíces, eso de negar la globalización
admitiendo que existe un mundo interconectado (¡de
eso es que trata la globalización, Joselo!).
Y sigue: “reclamamos desde Venezuela la refundación
de las Naciones Unidas, y como bien sabemos en Venezuela
por las palabras de Simón Rodríguez,
el Robinson de Caracas: “O inventamos o erramos”.
Lo que reclama el orador como refundación es
sacar a la sede del organismo de Nueva York, ciudad
que pertenece “a un país terrorista”
(y que paga casi todas las cuentas de la organización),
llevársela para América del Sur, probablemente
para una nueva ciudad a ser creada a fin de “que
re-equilibre cinco siglos de desequilibrio”(?),
una ciudad que “puede existir ya, o podemos
inventarla”. Aquí la incoherencia es
casi total. ¿Qué diablos le importa
a la exigua concurrencia que en Venezuela inventamos
o erramos? ¿A quién se le ocurre la
rudeza y la malcriadez de insultar al país
del Norte en el país del Norte? ¿Qué
es eso de que la ciudad para la nueva sede tendría
que re-equilibrar cinco siglos de desequilibrio? ¿Cuál
desequilibrio? ¿Le importa eso a la audiencia,
la cuál está mas interesada en sus propios
desequilibrios que en lo que dice este representante
del desquilibrio latinoamericano? ¿Qué
es eso de que podemos inventar la nueva sede? ¿Es
que esa nueva sede, acaso, está al mismo nivel
de sencillez que los gallineros verticales o de las
rutas para las empanadas?
Como sospechábamos, el orador exigió
mas tiempo para poder abundar en sus incoherencias.
En una reunión de carácter mundial se
permitió hablar de la tragedia de Nueva Orleans
y, nuevamente, acusar al gobierno de USA de incompetencia.
Se permitió hacer una referencia crítica,
personal, contra el Presidente de los Estados Unidos.
Esta rudeza ya es proverbial en el orador y le ha
dado una vergonzosa fama de rústico entre los
gobiernos desarrollados del planeta.
Y continúa: “la Asamblea General adoptó
el 14 de diciembre de 1974 la carta de Derechos y
Deberes Económicos de los Estados…. Esto
era cuando se votaba en Naciones Unidas -porque ahora
aquí no se vota, ahora aquí se aprueban
documentos como este documento que yo denuncio a nombre
de Venezuela, irrito, nulo e ilegal… ¡no
es válido este documento!…. nosotros
no podemos aceptar la dictadura abierta y descarada
en la Naciones Unidas….. hago un llamado muy
respetuoso a mis colegas….” Este párrafo
es puro Joselo. Comienza a hablar de la Carta de Derechos
y Deberes de los Estados pero en la mitad de una frase
se va por la tangente y comienza a echar sapos y culebras
contra un documento que no identifica. Lo único
que le faltó fue quitarse el zapato y darle
de zapatazos al podio. Después de hablar contra
la dictadura en las Naciones Unidas (¡fíjense
quien habla de dictadura!) le hace un “respetuoso
llamado” a sus colegas. ¿Cómo
hacer un respetuoso llamado después de pegar
cuatro lecos en la sala?
Algún tiempo después en su perorata,
afirma el orador: “1.406.000 venezolanos aprendieron
a leer y escribir en un año y medio”.
Que maravilla. Eso significa casi dos venezolanos
por minuto. Día y noche, siete días
a la semana, mes tras mes, sin respiro de los Cubanos.
Como nadie aprende a leer y mucho menos a escribir
en menos de varias horas y eso apuradito, las cuentas
de Joselo son fantasiosas y un insulto a la escuálida
audiencia que quedaba en la sala. Añadió
que “el 70% de los venezolanos recibe asistencia
médica gratuita, incluidos los medicamentos
y 12 millones de venezolanos reciben comida subsidiada
y un millón comida gratuita”. Aquí
el orador mezcla la mentira (¿por qué
se mueren los venezolanos de mengua en los hospitales
del régimen?) con la propaganda impúdica
y la admisión de un crimen. La limosna en gran
escala que el orador admite es un crimen contra la
sociedad venezolana. Eso de repartir comida gratis,
eso de que todo es gratis y el estado proveerá
constituye un crimen contra el progreso de una sociedad.
Nos condena a ser un país de limosneros y pedigüeños.
Esta política no puede ser la solución
a los problemas de pobreza e ignorancia de ninguna
sociedad. Ir a las Naciones Unidas a decir que somos
un pueblo sometido a la limosna es una triste admisión
de fracaso. Yo me avergüenzo de un presidente
que vaya a decir ante un foro mundial que la solución
de los problemas de su pueblo es la limosna, caerle
a realazos. Y me avergüenzo de los burócratas
pagados por el Estado que van a aplaudirlo.
Afirma el orador: “Se redujo el desempleo en
9 puntos porcentuales”. Pero ¡la tasa
de desempleo en Venezuela es la mayor de América
Latina! No habló el orador de haber duplicado
la deuda ni del saqueo que hace de las reservas internacionales.
Termina el orador con una pomposa frase “No
demos descanso a nuestros brazos, ni reposo a nuestras
almas hasta salvar a la humanidad”. ¡Que
molleja, Joselo!
Como diría Luis Eloy desde Maturín:
“gracias a la providencia que nos dio a ese
ser humano”.
Al final del discurso me entró una duda sobre
la teoría arriba expuesta. ¿Será
el orador verdaderamente Joselo? ¿Será
capaz Joselo de decir estas cosas? ¿Se escaparía
de Yare el hombre de la máscara?
Laureano Márquez tiene la palabra.
* Gustavo Coronel es un veterano
ingeniero de la industría petrolera, miembro
director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979).
Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como
asesor editorial.
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