| Una
estrategia para la resistencia
Gustavo Coronel*
4 de Noviembre de 2005
Quienes están de acuerdo en resistir frente
a este régimen no están igualmente de
acuerdo en como hacerlo. Unos piensan que deben continuar
apegados a la fórmula electoral, como única
expresión civilizada de acción cívica.
Otros ya han perdido la esperanza de acudir a votar
en condiciones de igualdad y en un entorno respetuoso
de las leyes. Yo estoy entre estos últimos,
desde que el Tribunal Supremo, mal llamado, de Justicia
decidiese pasar agachado en lo relacionado con las
morochas. Ya para mi no hay vuelta atrás ni
reconsideraciones que valgan. Desde ahora estoy en
la resistencia, bajo la sombrilla de un artículo
constitucional (350) puesto allí por las propias
huestes del régimen actual. Invoco este artículo
porque encarna el principio de desobediencia civil
activa que pienso mantener de ahora en adelante.
El principio de desobediencia cívica ha existido
casi desde siempre. Fue el método utilizado
por Mahatma Gandhi para derrotar el aparentemente
monolítico imperio británico. Este principio
es totalmente legítimo cuando se agotan todas
las vías de resolución de conflictos
con un régimen despótico, cuando se
hace evidente que la justicia y la equidad frente
a la ley han desaparecido, tal y como ocurre con la
Venezuela de Hugo Chávez.
Hace unos días murió en USA Rosa Parks.
Esta mujer negra, tímida y tranquila, decidió
un buen día que no iba a aceptar mas la obligatoriedad
de ceder su puesto en el autobús a un blanco.
En lugar de preguntarse como se comía eso de
la protesta cívica, sencillamente… protestó.
Al negarse a pararse del asiento que estaba “reservado”
a los blancos, Rosa Parks asestó un golpe mortal
a la discriminación racial en los Estados Unidos.
Rosa Parks ejerció la protesta a través
de la desobediencia. No violó ninguna ley sino
una costumbre que tenía, casi, fuerza de ley.
En la actual situación venezolana debemos buscar
situaciones de hecho que violen nuestros derechos
cívicos y debemos proceder a desconocerlas.
Gandhi si quebrantó leyes que eran absurdas
y conminó a su pueblo a negarse a pagar impuestos
injustos. Por ello desafió a las autoridades
y fue a la cárcel. Pero prevaleció.
En la Venezuela de hoy podemos y debemos comenzar
a desconocer aquellas autoridades ilegítimas.
Por ejemplo, yo pienso que Hugo Chávez no es
un presidente legítimo. No es suficiente con
que haya sido elegido para serlo. Sus repetidas violaciones
a la constitución, su manejo abusivo de los
bienes y recursos financieros de la nación,
su creencia de que puede disponer de activos que no
son suyos como si lo fueran, configuran un cuadro
claro de ilegitimidad que va mucho mas allá
del ejercicio inepto de sus funciones, para constituir
un ejercicio ilegítimo de sus funciones. Casi
desde el primer día, Hugo Chávez se
desvió de su mandato popular que le exigía
empleo, democracia y transparencia, para instalar
en el país un régimen con el segundo
mas alto nivel de desempleo de América Latina,
sin los componentes requeridos por una democracia
verdadera y con altos niveles de corrupción.
Su incapacidad para cumplir con este mandato popular,
combinada con la violación documentada de la
constitución y de las leyes de la nación,
le han convertido en un presidente ilegítimo.
Por ello, no reconozco a Hugo Chávez como presidente
del país y actúo en consecuencia. Para
ello no tengo por que violar las leyes. De igual manera
desconozco la autoridad de los poderes públicos
claramente no autónomos: el Consejo Nacional
Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia, el llamado
Poder Moral, las cuales constituyen hoy en día
instituciones capturadas por el Poder Ejecutivo, sin
credibilidad alguna y frente a las cuáles el
ciudadano venezolano se encuentra en un estado de
total indefensión. La Asamblea Nacional también
es ilegítima porque ha violado groseramente
sus propias normas de funcionamiento. Los partidos
de oposición continúan convalidando
su existencia, lo cual le da una cierta apariencia
de legitimidad, la cual terminaría totalmente
de desaparecer en el mismo momento en el cual la oposición
decidiese dejar sus curules vacíos.
El objetivo de la desobediencia civil activa es el
de crear una crisis política. Quienes piensan
que esto es imposible de lograr solo deben recordar
lo sucedido el 11 de Abril de 2002. Un pueblo decidido
sacó al autócrata de Miraflores. Claro
que fueron los militares quienes decidieron su salida,
al negarse a usar las armas contra el pueblo y exigirle
su renuncia (la cual aceptó) pero fue la presión
popular la que generó este desenlace. Lo que
pasó después no fue culpa del pueblo
sino de la estupidez de un pequeño grupo que
quiso pervertir la naturaleza del acto popular.
Quienes piensen que Hugo Chávez controla hoy
todos los hilos del poder se equivocan. Existen fuertes
disensiones internas en su grupo, hay demasiada codicia
suelta atentando contra la verdadera lealtad, el hombre
fuerte ha abierto demasiados frentes y ha decidido
hacer de la lucha contra los Estados Unidos el objetivo
principal de su régimen, en lugar de dedicarse
a resolver nuestros problemas de pequeño país.
Hugo Chávez está condenado al fracaso
porque no tiene la menor idea de lo que significa
gobernar un país y administrar sus recursos
y porque está rodeado de un grupo mediocre
y rústico. Su fracaso no me preocuparía
en absoluto si no fuera porque nos está arrastrando
a todos al abismo.
De allí que atacar esa fachada de aparente
fortaleza no es solamente un imperativo de principios
para los venezolanos democráticos sino que
es también una estrategia eminentemente aconsejable.
Repito una vez mas algunas de las varias estrategias
que recomiendo poner en práctica en el corto
plazo:
1. Convocar una Convención de Venezolanos Libres,
con una Agenda bien estructurada, a fin de establecer
las bases de acción de la resistencia civil;
2. Establecer un Congreso de Ciudadanos y un Gabinete
paralelo que haga contrapeso a las decisiones absurdas
que los llamados poderes legislativos y ejecutivos
del régimen toman continuamente;
3. Llevar a cabo congresos sectoriales de venezolanos
en la resistencia, a nivel petrolero, industrial,
minero, agrícola y cultural, entre otros;
4. Establecer una campaña continua de propaganda
anti-gobiernera, que contrarreste las mentiras del
régimen, a ser llevada a cabo en el terreno,
con volantes, afiches, casa a casa, en todo el territorio
nacional;
5. Nombrar representantes de la resistencia en todos
los países importantes del mundo, a fin de
mantener a la opinión pública internacional
sensibilizada contra el régimen;
6. Documentar ante los organismos internacionales
las violaciones que Chávez ha hecho a la constitución
y los atropellos de su régimen contra los derechos
humanos de los venezolanos. La reciente visita de
organismos venezolanos de Derechos Humanos a Washington
y sus exposiciones fueron de gran valor para contrarrestar
la copiosa propaganda pagada del régimen en
USA;
7. Trabajar a nivel de la comunidad para sembrar la
protesta contra Chávez. La entrega de petróleo
a Cuba y a otros países del Caribe, la amenaza
de regalar o vender nuestros aviones de combate, la
compra multimillonaria de armas, las invasiones de
la propiedad privada y otros exabruptos pueden y deben
ser definidos como actos de locura por parte del hombre
fuerte. Una persona mentalmente desequilibrada no
debe estar al mando del país, sin nadie que
se atreva a discutir sus ordenes.
8. Evitemos la discusión entre quienes compartimos
el mismo objetivo. No nos ataquemos los unos a los
otros.
Por sobre todo: no perder la fe en el resultado final.
Chávez está condenado al fracaso. Su
revolución se torna cada día en una
pesadilla indigesta. Ni sus mismos acompañantes
ya lo toman realmente en serio. Los gobernantes que
se aprovechan de nuestro petróleo lo adulan
en público pero se ríen de él
en privado. La alineación con Cuba amenaza
convertirse en su peor problema a corto plazo, dada
la fragilidad de Fidel Castro y las ambiciones represadas
en Cuba por 40 años.
Pienso que hay que resistir, en las pequeñas
y grandes cosas. No hay un libro de instrucciones
para la resistencia, excepto el recuerdo de Gandhi,
Rosa Parks, Lech Walessa y tantos otros héroes
ciudadanos.
Caminante, no hay camino…. Se hace camino al
andar.
* Gustavo Coronel es un veterano
ingeniero de la industría petrolera, miembro
director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979).
Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como
asesor editorial.
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