Una estrategia para la resistencia




Quienes están de acuerdo en resistir frente a este régimen no están igualmente de acuerdo en como hacerlo. Unos piensan que deben continuar apegados a la fórmula electoral, como única expresión civilizada de acción cívica. Otros ya han perdido la esperanza de acudir a votar en condiciones de igualdad y en un entorno respetuoso de las leyes. Yo estoy entre estos últimos, desde que el Tribunal Supremo, mal llamado, de Justicia decidiese pasar agachado en lo relacionado con las morochas. Ya para mi no hay vuelta atrás ni reconsideraciones que valgan. Desde ahora estoy en la resistencia, bajo la sombrilla de un artículo constitucional (350) puesto allí por las propias huestes del régimen actual. Invoco este artículo porque encarna el principio de desobediencia civil activa que pienso mantener de ahora en adelante.

El principio de desobediencia cívica ha existido casi desde siempre. Fue el método utilizado por Mahatma Gandhi para derrotar el aparentemente monolítico imperio británico. Este principio es totalmente legítimo cuando se agotan todas las vías de resolución de conflictos con un régimen despótico, cuando se hace evidente que la justicia y la equidad frente a la ley han desaparecido, tal y como ocurre con la Venezuela de Hugo Chávez.

Hace unos días murió en USA Rosa Parks. Esta mujer negra, tímida y tranquila, decidió un buen día que no iba a aceptar mas la obligatoriedad de ceder su puesto en el autobús a un blanco. En lugar de preguntarse como se comía eso de la protesta cívica, sencillamente… protestó. Al negarse a pararse del asiento que estaba “reservado” a los blancos, Rosa Parks asestó un golpe mortal a la discriminación racial en los Estados Unidos. Rosa Parks ejerció la protesta a través de la desobediencia. No violó ninguna ley sino una costumbre que tenía, casi, fuerza de ley. En la actual situación venezolana debemos buscar situaciones de hecho que violen nuestros derechos cívicos y debemos proceder a desconocerlas. Gandhi si quebrantó leyes que eran absurdas y conminó a su pueblo a negarse a pagar impuestos injustos. Por ello desafió a las autoridades y fue a la cárcel. Pero prevaleció.

En la Venezuela de hoy podemos y debemos comenzar a desconocer aquellas autoridades ilegítimas. Por ejemplo, yo pienso que Hugo Chávez no es un presidente legítimo. No es suficiente con que haya sido elegido para serlo. Sus repetidas violaciones a la constitución, su manejo abusivo de los bienes y recursos financieros de la nación, su creencia de que puede disponer de activos que no son suyos como si lo fueran, configuran un cuadro claro de ilegitimidad que va mucho mas allá del ejercicio inepto de sus funciones, para constituir un ejercicio ilegítimo de sus funciones. Casi desde el primer día, Hugo Chávez se desvió de su mandato popular que le exigía empleo, democracia y transparencia, para instalar en el país un régimen con el segundo mas alto nivel de desempleo de América Latina, sin los componentes requeridos por una democracia verdadera y con altos niveles de corrupción. Su incapacidad para cumplir con este mandato popular, combinada con la violación documentada de la constitución y de las leyes de la nación, le han convertido en un presidente ilegítimo. Por ello, no reconozco a Hugo Chávez como presidente del país y actúo en consecuencia. Para ello no tengo por que violar las leyes. De igual manera desconozco la autoridad de los poderes públicos claramente no autónomos: el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia, el llamado Poder Moral, las cuales constituyen hoy en día instituciones capturadas por el Poder Ejecutivo, sin credibilidad alguna y frente a las cuáles el ciudadano venezolano se encuentra en un estado de total indefensión. La Asamblea Nacional también es ilegítima porque ha violado groseramente sus propias normas de funcionamiento. Los partidos de oposición continúan convalidando su existencia, lo cual le da una cierta apariencia de legitimidad, la cual terminaría totalmente de desaparecer en el mismo momento en el cual la oposición decidiese dejar sus curules vacíos.

El objetivo de la desobediencia civil activa es el de crear una crisis política. Quienes piensan que esto es imposible de lograr solo deben recordar lo sucedido el 11 de Abril de 2002. Un pueblo decidido sacó al autócrata de Miraflores. Claro que fueron los militares quienes decidieron su salida, al negarse a usar las armas contra el pueblo y exigirle su renuncia (la cual aceptó) pero fue la presión popular la que generó este desenlace. Lo que pasó después no fue culpa del pueblo sino de la estupidez de un pequeño grupo que quiso pervertir la naturaleza del acto popular.

Quienes piensen que Hugo Chávez controla hoy todos los hilos del poder se equivocan. Existen fuertes disensiones internas en su grupo, hay demasiada codicia suelta atentando contra la verdadera lealtad, el hombre fuerte ha abierto demasiados frentes y ha decidido hacer de la lucha contra los Estados Unidos el objetivo principal de su régimen, en lugar de dedicarse a resolver nuestros problemas de pequeño país. Hugo Chávez está condenado al fracaso porque no tiene la menor idea de lo que significa gobernar un país y administrar sus recursos y porque está rodeado de un grupo mediocre y rústico. Su fracaso no me preocuparía en absoluto si no fuera porque nos está arrastrando a todos al abismo.

De allí que atacar esa fachada de aparente fortaleza no es solamente un imperativo de principios para los venezolanos democráticos sino que es también una estrategia eminentemente aconsejable.

Repito una vez mas algunas de las varias estrategias que recomiendo poner en práctica en el corto plazo:
1. Convocar una Convención de Venezolanos Libres, con una Agenda bien estructurada, a fin de establecer las bases de acción de la resistencia civil;
2. Establecer un Congreso de Ciudadanos y un Gabinete paralelo que haga contrapeso a las decisiones absurdas que los llamados poderes legislativos y ejecutivos del régimen toman continuamente;
3. Llevar a cabo congresos sectoriales de venezolanos en la resistencia, a nivel petrolero, industrial, minero, agrícola y cultural, entre otros;
4. Establecer una campaña continua de propaganda anti-gobiernera, que contrarreste las mentiras del régimen, a ser llevada a cabo en el terreno, con volantes, afiches, casa a casa, en todo el territorio nacional;
5. Nombrar representantes de la resistencia en todos los países importantes del mundo, a fin de mantener a la opinión pública internacional sensibilizada contra el régimen;
6. Documentar ante los organismos internacionales las violaciones que Chávez ha hecho a la constitución y los atropellos de su régimen contra los derechos humanos de los venezolanos. La reciente visita de organismos venezolanos de Derechos Humanos a Washington y sus exposiciones fueron de gran valor para contrarrestar la copiosa propaganda pagada del régimen en USA;
7. Trabajar a nivel de la comunidad para sembrar la protesta contra Chávez. La entrega de petróleo a Cuba y a otros países del Caribe, la amenaza de regalar o vender nuestros aviones de combate, la compra multimillonaria de armas, las invasiones de la propiedad privada y otros exabruptos pueden y deben ser definidos como actos de locura por parte del hombre fuerte. Una persona mentalmente desequilibrada no debe estar al mando del país, sin nadie que se atreva a discutir sus ordenes.
8. Evitemos la discusión entre quienes compartimos el mismo objetivo. No nos ataquemos los unos a los otros.

Por sobre todo: no perder la fe en el resultado final. Chávez está condenado al fracaso. Su revolución se torna cada día en una pesadilla indigesta. Ni sus mismos acompañantes ya lo toman realmente en serio. Los gobernantes que se aprovechan de nuestro petróleo lo adulan en público pero se ríen de él en privado. La alineación con Cuba amenaza convertirse en su peor problema a corto plazo, dada la fragilidad de Fidel Castro y las ambiciones represadas en Cuba por 40 años.

Pienso que hay que resistir, en las pequeñas y grandes cosas. No hay un libro de instrucciones para la resistencia, excepto el recuerdo de Gandhi, Rosa Parks, Lech Walessa y tantos otros héroes ciudadanos.

Caminante, no hay camino…. Se hace camino al andar.



* Gustavo Coronel es un veterano ingeniero de la industría petrolera, miembro director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979). Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como asesor editorial.





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