| Tres
funerales y un muerto en vida
Gustavo Coronel*
31 de Diciembre de 2006
Estoy viendo por televisión los actos solemnes
del funeral de Gerald Ford, el buen presidente norteamericano
quien tuvo la responsabilidad de manejar los asuntos
de estado de su país en un momento delicado,
cuando el presidente Nixon había sido obligado
a renunciar por el escándalo de Watergate.
Ford no fue un presidente brillante pero supo darle
al pueblo norteamericano un sentido de dirección
que contribuyó a la recuperación de
la confianza popular en sus dirigentes políticos.
Los actos están caracterizados por una imponente
y majestuosa sencillez, un evento compartido por el
pueblo, por los familiares del muerto, por mas altos
dirigentes de la nación y sus amigos y ex-colaboradores.
Casi en paralelo he visto por la televisión
los eventos que han conducido al ajusticiamiento de
Sadam Hussein. Al contrario de los actos relacionados
con la muerte de Ford, la muerte de Hussein ha sido
una pesadilla mas en la larga lista de atrocidades
que ha caracterizado la tragedia del Irak. El juicio
matizado de violencia de Hussein desembocó
en las terribles escenas en la cual el ex-dictador
sube al cadalso, le es puesta una soga al cuello y,
luego, se ve su cuello grotescamente torcido y su
cuerpo tendido cubierto por una sábana blanca.
Quienes amamos la vida no podemos estar de acuerdo
con esta manera de terminarla, aunque los crímenes
cometidos por ese hombre hayan sido horrorosos. Ni
siquiera queremos decir que no estamos de acuerdo
con su castigo. Nos referimos al horrible contraste
entre las dos muertes: la del buen presidente, amante
de la democracia, hoy objeto de un grandioso homenaje
popular y la del tirano, culpable de la muerte de
miles de sus conciudadanos, ocurrida en condiciones
de tenebrosa pesadilla.
La tercera muerte recientemente ocurrida fue la de
Augusto Pinochet, el dictador chileno que llevó
a su país a una prosperidad económica
y social sin precedentes, al mismo tiempo que fue
responsable por la muerte de miles de ciudadanos chilenos
por razones de ideología política. La
muerte de Pinochet, ocurrida de manera natural, condujo
a un funeral lleno de tensión, durante el cual
afloraron de nuevo las pasiones que han dividido profundamente
a Chile: unos lo lloraron como un héroe, otros
escupieron su féretro. Pero, aún dentro
de la tensión, gracias a la nobleza existente
en ambos bandos, Chile pudo enfrentar el suceso de
manera cívica y salir airosa, como país,
de esa nueva confrontación.
Tres destacados líderes políticos mundiales
han muerto en un breve período y sus muertes
han recibido muy diferentes tratamientos en sus respectivos
países. Esas muertes han servido para medir
el grado de progreso espiritual de las sociedades
en donde han ocurrido.
Al mismo tiempo, en Cuba se desarrolla un drama no
menos importante que sirve para calibrar la madurez
social y política de esa sociedad. Tiene que
ver con la extrema gravedad del dictador Fidel Castro.
Por casi seis meses Castro ha estado fuera de la escena
política de la isla, después de haber
tenido una avasallante, asfixiante, presencia por
47 años. Sin embargo, su enfermedad es “un
secreto de estado”. Nadie sabe si lo que Castro
tiene es un cáncer o un caso serio de hemorroides.
La información sobre un asunto de vital interés
para el pueblo cubano ha sido totalmente censurada
dentro y fuera de Cuba. Solo hace días un médico
español ha dicho no lo que Castro tiene sino
lo que no tiene. La eliminación del cáncer
hecha por el médico significa que Castro pudiera
tener, entonces, cualquiera de las 17479 otras enfermedades
conocidas del sistema digestivo.
La manera como los diversos sistemas políticos
tratan los contratiempos de sus líderes es
altamente indicativa de su fortaleza. En USA Lyndon
Johnson se bajó los pantalones en una rueda
de prensa para mostrar su cicatriz abdominal y una
operación menor de un presidente es objeto
de una información exhaustiva sobre el tipo
de problema que la ha ameritado. En Cuba nadie sabe
que le aqueja al líder ni lo que realmente
piensa el vecino.
Definitivamente prefiero vivir en una sociedad libre,
transparente, sin misterios. Los misterios promueven
los rumores y los chismes y conducen a una considerable
ineficiencia social. Es una lástima que nuestra
Venezuela se parezca ya mucho mas a Cuba que a USA
en este sentido. En la Venezuela de Hugo Chávez
todo es rumor, todo está sujeto a la espera
del próximo Aló Presidente.
Cuando un país se maneja desde un programa
de televisión, podemos decir que no va pál
baile.
* Gustavo Coronel es un veterano ingeniero
de la industría petrolera, miembro director
de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979).
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