| La
Venezuela de Hugo Chávez
Gustavo Coronel*
Fuente: http://www.eldiarioexterior.com
10 de Mayo de 2007
Gustavo Coronel, en este discurso ante la Cámara
de Industrias de Guayaquil, comenta cómo ha
sido posible la concentración de poder y la
degeneración de la democracia en Venezuela.
I. Introducción
Hoy deseo hablarles de mi país, Venezuela,
y de lo que allí ha ocurrido durante los últimos
ocho años, una tragedia social, política
y económica que, aún cuando tiene algunos
precedentes en América Latina, ninguno ha poseído
la intensidad destructiva de lo ocurrido en mi país.
Pienso que Santayana tenía razón al
decir que "quienes no recuerden el pasado están
condenados a repetirlo". También tenía
razón Santayana al decir que "el fanaticismo
consiste en redoblar los esfuerzos cuando se han olvidado
los propósitos". Ambas citas son especialmente
pertinentes para nuestros países latinoamericanos.
En 1994 Hugo Chávez fue liberado de la cárcel
de Yare por el Presidente Rafael Caldera. En prisión
esperaba ser juzgado por rebelión militar y
traición a la patria, lo cual conlleva una
pena de 30 años de cárcel en Venezuela.
Chávez había llevado a cabo una insurrección
militar en 1992, en la cual murieron alrededor de
200 Venezolanos, incluyendo una niña llamada
Noelia, quien estudiaba en su casa para un examen
que tendría el día siguiente. La rebelión
había sido planificada por Hugo Chávez
por diez largos años y fracasó en diez
horas.
Al salir de la cárcel, gracias a la generosidad
y falta de visión de Rafael Caldera, Chávez
viajó a Cuba, donde recibió las primeras
lecciones de su mentor estratégico Fidel Castro.
Luego viajó a Buenos Aires, donde conoció
a quien sería uno de sus mentores ideológicos,
el anti-semita y neo-fascista Norberto Ceresole. Estos
dos hombres, junto a los Marxistas Adán Chávez,
su hermano mayor, y Luis Miquilena fueron, en aquél
momento, quienes influyeron mas decisivamente en Hugo
Chávez para ir a tratar de conquistar el poder
por la vía no deseada por él: la vía
electoral.
Digo no deseada porque, una de las grandes decepciones
de Hugo Chávez, ha sido no "poder llegar
al poder" por la vía del golpe militar.
Su naturaleza es autoritaria, no está hecho
para la democracia. Haber llegado a la presidencia
por la vía electoral le causó inmensa
frustración, pues debió comenzar a gobernar
dentro de un sistema institucional donde ya existía
un Congreso, elegido un mes antes de su propia elección
y en el cuál sus seguidores estaban en franca
minoría, así como existían organizaciones
judiciales y contralorías independientes que
le impedirían hacer y deshacer libremente.
De allí que tuviera que rehacer la estructura
del Estado a su imagen y semejanza. Ello lo logró
a través de una Asamblea Constituyente compuesta
en un 95% por sus partidarios. ¿Cómo
se hizo esto?
Primero, introduciendo un cambio en las reglas electorales,
eliminando la representación proporcional y
restringiendo la votación a candidatos uninominales,
lo cuál condujo a la dispersión del
voto opositor. Luego, violando la constitución
existente para convocar una Asamblea Constituyente
a la cuál se le otorgó, con la complicidad
de los magistrados de la Corte Suprema del momento,
un poder supraconstitucional. Esta asamblea no se
limitó a aprobar una nueva Constitución
redactada por el Ejecutivo sino que, amparada en su
ilegal supraconstitucionalidad, procedió a
eliminar el Congreso y todos los demás poderes
del estado, para sustituirlos por los seguidores de
Hugo Chávez. En menos de un año, durante
1999, Venezuela pasó de ser una democracia
liberal a ser una seudo-democracia manejada por un
presidente autoritario.
II. Bolivarianismo, militarismo y marxismo
Las tres vertientes de la ideología de Hugo
Chávez han sido el Bolivarianismo, el Militarismo
y el Marxismo. De estas tres vertientes la más
fuerte y permanente en el tiempo ha sido el militarismo.
Bolivarianismo
El ropaje Bolivariano le sirvió a Hugo Chávez
durante la primera etapa de su consolidación
en el poder. Necesitaba apelar a una autoridad superior,
a la adoración que sienten los venezolanos
por Simón Bolívar. Pretendía
hablar en nombre del Libertador. Esta fue la etapa
en la cual siempre tenía en las reuniones de
gabinete una silla vacía a su lado, la del
Libertador. Bautizó su revolución como
Bolivariana, a pesar de que Bolívar odiaba
al populismo y fue un aristócrata. El contraste
entre la realidad del régimen chavista y lo
que representa Bolívar ha sido tan grande que
ya nadie en Venezuela toma en serio la identificación
del régimen con el nombre de Bolívar.
Los demócratas venezolanos repiten constantemente
lo que dijo Bolívar en 1814: "Huid de
un país donde el poder es ejercido por un solo
hombre. Ese es un país de esclavos". El
nombre y figura de Bolívar prácticamente
ha desaparecido de la simbología revolucionaria.
Militarismo
La reunión de alineamiento estratégico
llevada a cabo en Noviembre de 2004 en Fuerte Tiuna,
Caracas, marcó el fin de la revolución
Bolivariana como muleta ideológica y el comienzo
de una etapa abiertamente militarista. Chávez
lo dijo: "Esta es una revolución armada".
En esta reunión Chávez habló
por dos días a sus ministros y otros colaboradores,
no en plan de llevar a cabo una reunión participativa
de planificación estratégica sino en
plan de participarles a sus subordinados como tendrían
que comportarse en el futuro. Durante esta etapa el
gobierno de Hugo Chávez se ha llenado de militares
activos, el ejército ha sido politizado, se
han creado milicias civiles en las cuáles los
jóvenes del frente "Francisco de Miranda"
usan los rifles rusos adquiridos por el régimen,
los presos civiles comenzaron a ser juzgados por tribunales
militares, se han comprado mas de seis mil millones
de dólares en armas, convirtiéndose
Venezuela en la mayor compradora de armas de América
Latina.
Esta etapa de abierto militarismo ha coincidido con
un alineamiento del régimen con sistemas políticos
totalitarios como Cuba, Irán, Bielorrusia,
Siria, Corea del Norte, Zimbabwe y con organizaciones
de corte terrorista como las FARC y Hezbollah. También
ha coincidido con una estrategia de abierta intervención
por parte de Hugo Chávez en los asuntos internos
de otros países latinoamericanos. Cinco embajadores
de Chávez han sido expulsados de países
latinoamericanos por conducta impropia de naturaleza
política y hasta ética: en México,
Argentina, Perú, Chile y Paraguay los gobiernos
han pedido la remoción de los embajadores de
Chávez mientras que en Bolivia el Congreso
intentó declarar al embajador venezolano persona
no grata. Esta etapa ha marcado una fase de progresivo
abandono de la democracia y hasta de las débiles
pretensiones seudo-democráticas que habían
caracterizado la etapa inicial del régimen.
Socialismo
En Diciembre 2006, después de su re-elección,
Chávez anunció una tercera etapa de
su revolución, llamada socialismo del siglo
XXI. Su argumento es que su victoria electoral le
daba un mandato popular para instalar en Venezuela
un régimen socialista. Para llevarlo a cabo
de manera rápida ha obtenido de una sumisa
Asamblea Nacional una Ley Habilitante que le permite
gobernar por decreto por los próximos 18 meses,
no solo en el campo financiero, que ha sido lo permitido
en el pasado, sino para toda otra clase de decisiones.
También está procesando una reforma
constitucional que incluiría hasta 100 artículos
nuevos, uno que le daría la posibilidad de
re-elegirse indefinidamente. Los cinco "motores"
de esta revolución socialista, según
el régimen, se refieren a la reforma constitucional,
a la Ley Habilitante, al adoctrinamiento socialista
de los niños, al reordenamiento socialista
de las relaciones geopolíticas y al predominio
del poder comunal. Si no hay oposición efectiva
a esta nueva etapa, Venezuela se convertirá
en el segundo país socialista de América
Latina. No socialismo a la escandinava sino socialismo
a la cubana, a la usanza de la extinta Unión
Soviética.
En esta etapa ha desaparecido por completo todo pudor
democrático. Públicamente se le exige
al ejército plegarse a la "revolución".
En los cuarteles ya han aparecido las vallas: "Patria,
Socialismo o Muerte". En Petróleos de
Venezuela, la principal empresa del país, el
presidente Rafael Ramírez ha amenazado públicamente
a los empleados con despido si no se pliegan a la
revolución, o si no van a trabajar vestidos
de rojo escarlata.
III. Estrategia e ideología
La estrategia política utilizada por Hugo Chávez
le ha permitido consolidarse en el poder, comenzando
con la Asamblea Constituyente y, luego, con la utilización
del cuantioso ingreso petrolero para comprar adeptos,
tanto en el país como en el exterior. Ayudado
por Fidel Castro en el plano regional y por José
Vicente Rangel en el campo interno, Chávez
ha instituido estrategias populistas basadas en dádivas
para las mayorías populares venezolanas y en
donaciones o promesas de ayuda financiera para algunos
de los gobiernos de la región, tales como Bolivia,
Nicaragua y Argentina. Su intento de sentarse en el
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas le costó
al país unos mil millones de dólares
y, si se construyesen todas las refinerías
que Chávez ha prometido, ellas serían
alrededor de doce, a un costo de 12.000 a 15.000 millones
de dólares. La adquisición de bonos
de la deuda Argentina, por ejemplo, ha enriquecido
a muchos banqueros Venezolanos amigos del régimen
pero también le ha comprado a Chávez
la adhesión de Néstor Kirchner. Las
estrategias están dirigidas a la consolidación
de Hugo Chávez como hombre fuerte en Venezuela
y en la región. En este sentido, son mucho
más importantes que la ideología. En
realidad, el desarrollo de los acontecimientos venezolanos
ha demostrado que el poder político es el supremo
objetivo de Hugo Chávez, más que una
visión de país, la cual ha ido cambiando
en el tiempo. Generalmente la estrategia está
condicionada por la ideología pero, en el caso
de Hugo Chávez, es lo contrario. Permanecer
en el poder es lo que ha llevado a Chávez a
cumplir etapas ideológicas bolivarianas, militaristas
y ahora socialistas.
En estos ocho años la experiencia venezolana
sugiere que lo que Hugo Chávez ha instaurado
en Venezuela, a pesar de todos los rótulos
ideológicos que pueda utilizar, es un régimen
fascista. El militarismo, la obsesión por la
seguridad del estado y por su propia seguridad, el
adoctrinamiento de los niños, la creación
de bandas civiles armadas, el nacionalismo exacerbado
rayano en la xenofobia, el contacto mesiánico
y directo con las masas, la búsqueda de chivos
expiatorios a los cuales insultar y castigar (los
ricos, los oligarcas, Bush, la iglesia Católica),
todos estos componentes apuntan a un Estado de naturaleza
fascista, más que a ningún otro modelo
político.
Lo que si está fuera de toda duda es el carácter
anti-democrático del gobierno. Venezuela no
es una democracia. Lo que define una democracia, más
allá del acto electoral, es la separación
efectiva de poderes, la existencia de un estado de
derecho, el respeto por la disidencia política,
el tratamiento equitativo para todos los ciudadanos
ante la ley, el respeto a la Constitución,
la rendición de cuentas y la transparencia
en el manejo de los bienes públicos. Es perfectamente
demostrable y documentable que el gobierno de Hugo
Chávez no cumple con ninguno de estos requisitos.
IV. La tragedia económica, social y
moral venezolana
Más allá de la terminología política
y de los análisis estratégicos o ideológicos
que se puedan hacer, existe una realidad mucho más
importante para los venezolanos y latinoamericanos.
Se trata del colapso económico, social y moral
venezolano que ha ocurrido en los últimos ocho
años.
Venezuela hoy está en un peldaño muy
inferior del desarrollo Latinoamericano. Todas las
estadísticas así lo demuestran
(http://www.11abril.com/index/especiales/VenezuelaInANutshell2006.pdf).
Tiene el mayor índice de desempleo en la región,
el segundo índice más alto de inflación,
uno de los índices más altos de corrupción.
A nivel mundial Venezuela posee uno de los peores
índices de gobernabilidad, o de globalización
o de libertad de expresión, o de competitividad,
o de libertad económica, o de desarrollo democrático
o de nutrición.
En la región, Venezuela está más
cerca de Haití que de Chile. En 1975 Venezuela
tenía una calidad de vida muy superior a la
de Corea del Sur, a la de Chile, a la de México.
Hoy está muy por debajo de esos países.
Y esto sucede en un país que ha recibido unos
$220.000 millones de ingreso petrolero y que, además,
ha visto casi triplicar su deuda, de $22.000 millones
en 1998 a casi $60.000 millones hoy. ¿Qué
se ha hecho esta inmensa masa de dinero, en un país
de apenas 26 millones de habitantes? Esta es una de
las preguntas fundamentales que debemos hacerle al
régimen venezolano. Sabemos que le regala $2.000
millones al año en petróleo subsidiado
a Fidel Castro, que ha comprado unos $6.000 millones
en armas, que ha comprado $4.000 millones en bonos
argentinos, que ha donado millones de dólares
a Evo Morales en Bolivia, que le ha extraído
$13.000 millones en 2006 a Petróleos de Venezuela,
que ha saqueado alrededor de $8.000 millones de las
reservas internacionales que se encontraban en el
Banco Central. Además, sabemos que los niveles
de desperdicio, corrupción y abuso en el manejo
de las finanzas públicas es uno de los más
altos de la historia venezolana. No existe hoy en
Venezuela un sistema de rendición de cuentas
pero lo que ya sabemos indica que Venezuela está
cercana a un problema de orden financiero de gran
magnitud porque, sencillamente, Chávez está
gastando más de lo que le ingresa al gobierno.
En el plano social el desastre también ha sido
monumental. A pesar del cuantioso ingreso petrolero
la pobreza no ha disminuido, ciertamente no lo suficiente
para ser medida sin que haya dudas. Con el dinero
que ha entrado en el país en estos ocho años
la pobreza hubiese debido decrecer dramáticamente,
pero ello no ha sucedido.
El equipo de investigadores de la Universidad Católica
Andrés Bello de Caracas sostiene que ha aumentado
y que el gobierno ha cambiado los parámetros
de medición generalmente aceptados, a fin de
disfrazar los resultados. Según la FAO la desnutrición
es hoy mayor que hace ocho años. Cada año
mueren asesinados más de 13.000 venezolanos,
tres o cuatro veces más que hace ocho años,
lo cual ha convertido a Venezuela en el país
más violento de la región. El odio entre
clases que ha promovido Hugo Chávez no se había
visto en Venezuela desde el Siglo XIX, cuando uno
de los íconos de la revolución chavista,
Ezequiel Zamora, lideró la desastrosa Guerra
Federal contra los ricos y los blancos. El régimen
ha reemplazado los programas estructurales contra
la pobreza y la ignorancia con una política
efectista y corto-placista de dádivas y con
el adoctrinamiento ideológico. Como resultado,
Hugo Chávez está creando una población
excesivamente dependiente del estado paternalista
para la aparente solución de sus problemas,
en lugar de crear un país de ciudadanos.
En el plano moral el daño ha sido inmenso.
El país se encuentra hoy dividido por la prédica
de odio que ha llevado a cabo Hugo Chávez desde
la televisión, con redoblados esfuerzos dignos
de mejores propósitos, como nos decía
Santayana. Es preciso decir como Miranda, en 1812:
"Venezuela está herida en el corazón".
Tendrán que pasar varias generaciones para
revertir el desastre que Hugo Chávez ha causado
y amenaza causar en mi país. Chávez
ha asesinado los sueños de progreso y desarrollo
de toda una nación.
Lo más doloroso es que haya podido conservar
adeptos. Muchos de ellos, en Venezuela y la región
Latinoamericana, actúan por simple interés
material. Otros en los países desarrollados
y en otros continentes, actúan estratégicamente,
por odio contra los Estados Unidos, por aquello de
que "los enemigos de mis enemigos son mis amigos".
Algunos otros actúan de buena fe, idealistas
que siempre han soñado en mayores niveles de
justicia social y que aún ven en Chávez,
no sé como, cualidades de defensor genuino
de los pobres y de los menos favorecidos.
V. Más allá de las ideologías
y las estrategias
Termino diciendo lo siguiente: más allá
de las ideologías y de la lucha por el poder
político tenemos que colocar el bienestar colectivo,
el bien público. Más allá de
nuestras afinidades ideológicas o de la simpatía
que podamos sentir por quién ha asumido astutamente
el papel de David frente a Goliat, tenemos que ver
la realidad de nuestras sociedades, tenemos que medir
resultados más que buenas intenciones. Tenemos
que ser fieles a nuestras convicciones y valores democráticos
y ciudadanos, frente a las pretensiones de los eternos
aspirantes a caudillos latinoamericanos empeñados
en convertirse en profetas mesiánicos. Lo que
hace Hugo Chávez en Venezuela recuerda la definición
que dio Albert Einstein de la locura: "La locura",
dijo, "es la repetición incesante del
mismo proceso esperando obtener resultados diferentes".
* Gustavo Coronel fue miembro de la Junta
Directiva de Petróleos de Venezuela (1976–1979)
y, como presidente de la Agrupación Pro Calidad
de Vida, representó a Venezuela en Transparencia
Internacional (1996–2000). Coronel es autor
del estudio de Cato Institute "Corrupción,
administración deficiente y abuso de poder
en la Venezuela de Hugo Chávez". Este
es el texto del discurso que dio el 8 de mayo de 2007
ante la Cámara de Industrias de Guayaquil en
Guayaquil, Ecuador.
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