| La Revuelta
de los Chamos
Por Joaquim Ibarz, www.lavanguardia.es
17 de Junio de 2007
El presidente Hugo Chávez
anda desubicado, sin rumbo aparente, sin comprender
lo que pasa. Por primera vez se encuentra en aprietos,
a la defensiva. No entiende que los chamos –así
llaman en Venezuela a los jóvenes- se manifiesten
por las calles gritando “libertad” y “democracia”.
Ha perdido la intuición para discernir lo que
pasa. Le desconcierta que los universitarios se rebelen
y, por supuesto, no puede sino atribuirlo a una manipulación
del imperio. Se muestra irritado porque esas demandas
de libertad y democracia lo presentan ante los ojos
del mundo como un autócrata camino de la dictadura.
Se niega a aceptar que Venezuela ha entrado en una
nueva etapa de su vida política desde el cierre
de Radio Caracas Televisión (RCTV), el canal
con más audiencia y de mayor antigüedad
del país, que gracias a sus telenovelas, programas
de humor (Radio Rochela, con 45 años en el
aire, era el más veterano de América
Latina) y espacios informativos tenía enorme
penetración en los barrios populares.
En Venezuela está ocurriendo algo profundo
que Hugo Chávez no esperaba. Ha aparecido un
movimiento social (estudiantil) que se enganchó
con el sentimiento popular. La demanda de reapertura
de Radio Caracas Televisión, cerrada por el
régimen por mantener una línea crítica,
conectó con el sentimiento popular, con el
venezolano que todas las noches mira telenovelas y
no dispone de dinero para contratar la televisión
por cable. El movimiento estudiantil representa una
espina cortante en su relación con los sectores
populares. Los jóvenes consiguieron lo que
la oposición política no logró
jamás: rasgar un pedazo de los afectos que
Chávez monopolizaba. Las manifestaciones de
universitarios críticos han dado un vuelco
al mundo político de los últimos años,
dejando sin sentido el discurso de Chávez sí
o Chávez no, de pobres o ricos, del este (en
Caracas, las zonas de clase media) o del oeste (las
barriadas populares).
Los estudiantes han protagonizado las protestas más
importantes que se han visto en Venezuela en los ocho
años que Hugo Chávez lleva en el poder.
No por el número de participantes (fueron mucho
más nutridas las marchas celebradas durante
la huelga general de diciembre 2002 y enero 2003),
sino porque son conducidas por gente fresca, inteligente,
con buena estrategia, sin conexiones con el pasado
y que no usa la desgastada frase de: "¡Chávez
fuera!". Las protestas de los jóvenes
marcan la aparición en Venezuela de fuerzas
políticas emergentes. Cada vez se hace más
evidente la irrelevancia de los viejos partidos y
de los desgastados dirigentes.
Los estudiantes muestran madurez, arrestos y buena
estrategia. La dirección del movimiento evidenció
su clarividencia en la Asamblea Nacional, donde el
joven Douglas Barrios, representante de la Universidad
Metropolitana, leyó el documento político
más punzante y esperanzador que se haya escuchado
en mucho tiempo en el país. Con entereza, Barrios
defendió los valores fundamentales –libertad,
democracia, autonomía universitaria, pluralismo
informativo, y reapertura de RCTV- ante los irritados
diputados chavistas. Luego se marcharon sin esperar
la orquestada réplica de estudiantes oficialistas
que nadie había elegido (los chavistas no han
ganado ni una votación universitaria para escoger
a los delegados). ¿Qué hicieron los
jóvenes designados para defender al Gobierno?
Recitar el casette contra el imperio y repetir el
viejo discurso con monótono estribillo antiburgués,
que cualquier izquierdista serio ya borró de
su agenda. La prensa venezolana ha denunciado que
los estudiantes revolucionarios que debían
“enfrentar” a los contrarrevolucionarios
eran empleados del gobierno con sueldos de hasta 2.000
dólares mensuales.
“Y aquí es donde se revela que la revolución
es pura burocracia estatizada con personal eventual
de fin de semana que se incorpora a las marchas y
mítines del comandante en jefe, solo por participar
en un espectáculo que, es cierto, es repetitivo
y cansón, pero es el único donde se
cobra por estar ahí, gritar y gesticular”,
afirma el comentarista Manuel Malaver.
En el último mitin de Hugo Chávez en
la avenida Bolívar, de nuevo se puso en evidencia
la improvisación, la poca convocatoria del
comandante y su imaginario partido único. Tan
escuálido resultó que la gente acarreada
en su mayoría del interior del país
aprovechó el viaje pagado a Caracas para comprar
en los centros comerciales “burgueses”.
El principal problema para Chávez es que la
mayoría de los venezolanos “rechaza que
se confisquen los derechos fundamentales, como la
libertad, la propiedad privada, la libre empresa,
la libertad de expresión, la autonomía
universitaria, una educación plural y no ideologizada,
y el respeto a la soberanía'', recalca el analista
político Manuel Felipe Sierra. Sierra advierte
que en el futuro cercano se avizora “más
conflictividad social'', porque Chávez no va
a retroceder en sus planes totalitarios con reelección
vitalicia y la gente va a continuar expresando su
descontento.
Las marchas estudiantiles son entusiastas, informales,
sin recursos materiales, --las consignas son garabateadas
sobre cartulinas-- y se combinan con otras formas
de protesta, como pintarse las manos de blanco, entregar
flores a los policías o irrumpir en el metro
con las bocas tapadas con cinta adhesiva. Dado que
la televisión ya está totalmente controlada
por el Gobierno –la única excepción
es Globovisión, un canal de noticias que emite
por cable- , los estudiantes se comunican por internet
y con mensajes SMS por teléfono móvil.
Los dirigentes universitarios transmiten un nuevo
mensaje, de búsqueda de unidad y de consenso,
pluriclasista, en defensa de valores democráticos
esenciales, que se contrapone al discurso de confrontación
que mantiene el presidente Chávez.
"Nuestra lucha no es sólo por el cierre
de una televisora, sino por el conjunto de nuestros
derechos, por la libertad de elegir lo que queremos
ver y por la libertad de protestar, porque muchos
manifestantes han sido detenidos y llevados ante la
justicia. El caso Radio Caracas Televisión
es el mayor atentado a la libertad de expresión,
pero todos los medios están amenazados. Salimos
todos los días a la calle porque la defensa
de la democracia es más importante que aprobar
un examen”, declara a “La Vanguardia”
Jon Goicoechea, líder de los estudiantes de
la Universidad Católica Andrés Bello
(jesuitas). Las palabras de Goicoechea, 22 años,
están teniendo un amplio eco en Venezuela por
la brillantez, coherencia y madurez de sus planteamientos.
Los muchachos no tienen miedo y por eso no se amedrentan
con esa imagen tenebrosa de tanquetas desfilando por
las autopistas y avenidas de las ciudades, tan propia
de los gobiernos militares. La retórica oficialista,
antes y después del cierre de RCTV, no ha sido
sino un burdo intento de criminalizar una protesta
legítima. Creyeron que llamándoles golpistas
iban a asustar a la gente. No lo lograron. El país
reviró. Esos jóvenes estudiantes que
han cogido la calle se autodirigen. No los manipulan,
ni hay una mano peluda detrás de ellos. Los
intentos oficiales de desprestigiar su protesta han
sido infructuosos, sólo muestran lo que es
capaz de hacer el sectarismo político.
Todo cuanto haga o deje de hacer Hugo Chávez
le comporta riesgos. Los primeros días reprimió
con dureza a los estudiantes, detuvo a cerca de 200
(la mayoría menores de edad). La protesta aumentó.
"Alerta en los cerros, en los barrios y en los
pueblos para defender nuestra revolución de
esta nueva arremetida fascista", dijo en forma
amenazante el presidente Chávez al exhortar
a sus incondicionales a cerrar filas. Sin embargo,
de los cerros no bajó nadie a apoyarlo al y
a enfrentar a los estudiantes. Entre otras cosas porque
la gente humilde es la que más resiente el
cierre de RCTV porque le quitaron su única
diversión. Con la terrible inseguridad que
hay en Caracas, la gente pobre se recluye en sus casas
a las seis de la tarde. Y no tiene otra distracción
que sus añoradas telenovelas, que forman parte
de la cultura popular venezolana. De ahí que
el 85 % de la población rechace el cierre de
la emisora, según indican todas las encuestas.
La mayor humillación para Chávez ha
sido la mínima audiencia que está consiguiendo
el canal oficialista TeVes, que utiliza la señal
y usurpa las instalaciones de la emisora clausurada.
Mientras RCTV registraba más del 49% de la
audiencia en las semanas previas a su cierre, TeVes,
un bodrio que aburre a las piedras, tan sólo
alcanza el 0’9%. Por el contrario, Globovisión
ha cuadruplicado su audiencia, y pese a ser un canal
por cable que sólo emite noticias, se ha convertido
en el segundo con mayor rating en todo el país.
Mostrando cierto nerviosismo, Chávez sermonea
durante cinco horas seguidas, un día sí
y al otro también, en cadenas obligatorias
de radio y televisión, a las que tienen que
conectarse todas las emisoras del país; los
venezolanos deben escuchar forzosamente –la
alternativa es apagar la radio y la televisión-
los insultos y descalificaciones del presidente a
los estudiantes. Pero ya no convence ni a los suyos.
Chávez se desconcierta al comprobar que no
le funcionan las viejas estrategias de culpar de las
protestas a los oligarcas, al imperio o a la oposición
golpista. La gente no le está creyendo. A la
vieja izquierda que aún apoya a Chávez
se le rompen los esquemas al ver las imágenes
de la policía golpeando a los estudiantes que
gritan “libertad”. El articulista Carlos
Blanco subraya que “Chávez no concibe
que una palabra que se refiere a un mundo complejo,
a veces inefable, mueva los espíritus; pero
ésa es la magia de la palabra libertad. El
régimen no intuye cómo los de abajo
se rebelan por ella”.
Por su parte, el comentarista Manuel Malaver dice
que “la era de los ideólogos que le cocinaron
a Chávez el mondongo de marxismo, rupturismo,
castrismo y postmodernismo está llegando a
su fin; gente como Hans Dieterich, Ignacio Ramonet
y Marta Harnecker ya recibieron información
de que sus pagos están suspendidos y deben
resetear sus cerebros para mantenerse en la nómina
de la revolución”.
El cierre de RCTV y la represión dialéctica
y física del movimiento estudiantil explica
que continúe el desplome de la popularidad
del presidente. La medición de Hinterlaces,
una conocida firma encuestadora que ha venido haciendo
sondeos diarios desde la clausura de RCTV el 27 de
mayo, revela una fuerte caída en el nivel de
aceptación de Chávez. Durante su reelección
en diciembre del 2006 tenía 49 % de opinión
favorable, la última medición le otorga
31 %; un descenso de 18 puntos, el nivel más
bajo en los últimos cinco años. La encuesta
indica que 74 % de los entrevistados piensa que las
protestas estudiantiles son democráticas y
tienen el apoyo popular; 61 % opina que deben continuar,
y el 51% coincide en que Chávez actúa
más como dictador que como demócrata;
sólo el 31 % cree lo contrario.
Chávez, que conoce la historia de su país,
sabe que en la Venezuela de los últimos cien
años, el adversario dialéctico de los
militares fueron siempre los estudiantes. Aunque el
movimiento universitario estuvo ausente de la convulsionada
escena política venezolana en los últimos
20 años, el cierre de RCTV lo sacó a
la calle porque los jóvenes comprendieron que
estaban en juego las libertades. La gran incógnita
se centra en si esta protesta inédita que nació
en forma espontánea en todas las universidades
del país puede tomar mayor envergadura. De
momento, todo indica que se ha logrado paralizar la
nueva ley de educación que, entre otras cosas,
iba a terminar con la autonomía universitaria.
Por primera vez desde que está en el poder,
Chávez mide los pasos que se dispone a dar,
no sea que incendie la pradera con alguna medida que
irrite aún más a la ciudadanía.
Hay que tener presente que las encuestas indican que
el 85 % de los venezolanos rechaza la implantación
de un régimen como el cubano, y más
del 75% defiende la propiedad privada. Seguir adelante
con su agenda totalitaria le resultará a Chávez
más problemático de lo que pensaba hace
unos meses. Si el cierre de RCTV ha provocado protestas
masivas y desplome de la popularidad del presidente,
cuando se consagren las anunciadas reformas radicales
de la Constitución para instaurar el llamado
socialismo del siglo XXI, se podría producir
un desborde de la conflictividad social.
La sociedad estaba dormida y los estudiantes la despertaron.
Así de simple resumió el estudiante
de comunicación social Fred Guevara la manera
como el movimiento estudiantil empezó las protestas
que mantienen con la guardia en alto al gobierno de
Chávez. Hasta el cierre de RCTV se decía
que los opositores venezolanos estaban apáticos,
cansados, frustrados, resignados, impotentes, ante
la profundización de la vía totalitaria
que sigue Hugo Chávez. Sin embargo, apunta
Carlos Blanco, todo cambió de repente. La vibrante
energía estudiantil que recorre las calles
tomó a más de uno por sorpresa. “Artistas,
periodistas, profesores, estudiantes, jóvenes
al por mayor, caminan allá afuera. ¿Dónde
estaban? -se preguntan los analistas-, y se ensayan
respuestas de altísima sociología; no
estaban bajo las piedras, ni idos ni ausentes; estaban
allí, confundidos con el paisaje, en reposo,
hasta que penetraron el silencio”, señala
el comentarista.
Nadie puede predecir cuánto durará y
en qué desembocará este movimiento estudiantil
que en vez de revolución convoca a celebrar
una asamblea general para la “reconciliación
nacional”. Llevan ya tres semanas de marchas
y protestas sin dar muestras de cansancio. Por el
contrario, el gobierno sigue descolocado, incapaz
de entender cómo la juventud impugna la ruta
totalitaria de Chávez. Luis Vicente León,
director de la firma encuestadora Datanálisis,
dice que es ingenuo pensar que las protestas estudiantiles
sacarán a Chávez del poder o comprometerán
su gobernabilidad, y que es exagerado comparar estos
eventos con el Mayo Francés. Sin embargo, destaca
que, sin ninguna duda, los estudiantes ganan la batalla
simbólica, abren nuevas vías de conexión
política y anuncian el surgimiento de liderazgos
diferentes, en un país que los pide a gritos.
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