| Venezuela
en cuenta regresiva
Miguel E. Antezana Corrieri
*
Gatosuelto.blogspot.com
28 de Noviembre de 2006
Se acabó la campaña electoral, por lo
menos en cuanto a mítines, concentraciones
y similares en lo que a Caracas se refiere. Manuel
Rosales el sábado y Hugo Chávez este
domingo, realizaron sendas concentraciones como cierre
de campaña en la capital venezolana. Los demás
candidatos –que llegaron a sobrepasar la veintena-
no figuran, no importan, ni se les reconoce su presencia;
no por desprecio, sino por la cruda realidad: no representaron
a nadie.
Los matices en ambos eventos caraqueños han
sido drásticos, tajantes, tanto que permiten
definir el público que apoya a Rosales -como
representación única y máxima
de la oposición- como a los que apoyan a Chávez
en su pretendida reelección presidencial. Dado
que en este proceso las grandes perdedoras han sido
todas las empresas dedicadas a la realización
de encuestas, serias o inventadas, lo acontecido este
fin de semana permite avizorar lo que puede suceder
dentro de pocos días.
El mitin de Rosales se convirtió en una marcha,
una como aquellas en las que Caracas –principalmente-
manifestó durante el paro nacional en contra
de Chávez y su gobierno. De todas partes de
la ciudad, a pie, en Metro, o en autobuses, la gente
se concentró en diversos puntos de la capital,
desde los cuales salieron caminando hacia el lugar
donde el candidato hablaría. Blancos, negros,
mestizos, de toda condición social, jóvenes,
viejos y hasta niños se movilizaron en masa,
unidos de forma tal que nadie se imaginaba hace algunos
meses.
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En vano
fue el juego sucio del gobierno con sus acciones destinadas
a boicotear la convocatoria. Curiosamente, las entradas
a Caracas fueron parcialmente bloqueadas por “reparaciones”
o por alcabalas de la Guardia Nacional. Sin embargo
-pese a todo- la marcha-mitin fue apoteósica,
con una autopista Francisco Fajardo que se tornó
multicolor con la presencia de cientos de miles de
personas. El contenido del discurso de Rosales no
fue novedoso; de hecho, el propio Chávez contribuyó
con él, pues el candidato opositor ofreció
hacer todo lo que el ex golpista no ha hecho en ocho
años de (des)gobierno y componer los grandes,
revolucionarios y nuevos males generados con sus disparatadas
políticas gubernamentales.
El domingo, el mitin de Chávez fue otra cosa.
Esta vez los obstáculos en las entradas a Caracas
no existieron; por el contrario, hasta hubo peaje
libre para darle mayor fluidez al tránsito.
Y no podía ser de otra manera, pues –inclusive
fuera de campaña- las concentraciones del presidente
venezolano son “móviles”, “prefabricadas”,
“desarmables”, con gente traída
en autobuses desde cualquier parte del país
a cambio de una bolsa de comida, algo de licor y “viáticos”
para su paseo.
Se ordenó a todos (a los traídos de
fuera y a los miles de empleados públicos amenazados)
“desparramarse” por el centro de la capital,
vestidos con las franelas y gorras color rojo antes
entregadas por el propio gobierno, no sólo
para identificar su “apoyo” a la revolución,
sino porque su efecto visual da la sensación
de que las calles están colmadas de gente,
así se encuentren dispersas. El discurso de
Chávez fue vació, reiterativo, ridículo,
con su acostumbrado tono bravucón y con algunos
malos intentos de dárselas de estadista.
Los mensajes transmitidos por él tampoco fueron
una novedad. Dirigiéndose a los asistentes
en términos militares (“comandantes”,
“batalla”, “combate”, “pelotones”,
etc.), haciendo evidente que considera a sus seguidores
unos simples reclutas sin derecho a pensar, Chávez
intentó una vez más vender su fracasada
“revolución” con palabras que sólo
emocionaron a aquellos que habían consumido
su cuota etílica o sus “viáticos”
en ella. Tan perdida es su causa que quiso vender
–para variar- que el “enemigo a vencer”
el día de las elecciones es el imperialismo,
los lacayos del imperio y los Estados Unidos. Más
de lo mismo, con la “promesa” de hacerlo
durar hasta la eternidad.
No obstante lo folklórico que puedan considerarse
ambas manifestaciones en la capital, lo importante,
lo serio, lo incuestionable es que se inició
una tensa cuenta regresiva hasta el día en
el que los venezolanos elegirán, más
que a un presidente, el modelo de sociedad que quieren
en su futuro.
Si algo hay que reconocerle a Chávez es que
ha sido claro en su discurso, pero sobretodo en sus
acciones: quiere llevar al país a un modelo
“socialista del siglo XXI”, en el que
no se tolerarán disidentes, voces críticas
y mucho menos opciones distintas, pues serán
considerados “contrarrevolucionarios”.
Al partido único que propone le seguirán
pensamientos únicos, universidades únicas,
propiedades únicas, y todo cuanto se pueda
unificar. Y al que no le guste… se le caerá
a carajazos, tal como lo anunció su ministro-presidente
de PDVSA.
Frente a esta coyuntura, para algunos Rosales ofrece
poco o nada, lo cual revela la poca importancia que
todavía le dan esos venezolanos al tema del
futuro del país. Entre ellos, destacan miles
de jóvenes que ejercerán por primera
vez su derecho al voto, sobre quienes ya recae la
tremenda responsabilidad del futuro desarrollo de
la sociedad en la que viven. Por otro lado, se encuentran
los miles de empleados públicos que, amenazados,
no se atreven a votar o mostrar su preferencia por
la oposición por miedo a perder su trabajo.
Una empleada estatal, en un programa de televisión,
alentó a sus compañeros con una frase
magistral: “presidente botado, no bota gente”.
En esta semana decisiva, la toma de conciencia será
el factor que termine de inclinar la balanza hacia
algún lado o que termine de desbaratarla.
En ocho años de gobierno, la “revolución
bolivariana” ha tirado a la basura la oportunidad
de convertir a Venezuela en una potencia continental
y hasta mundial. No sólo ha generado odios
y divisiones a nivel interno, sino que ha mandado
a la porra las relaciones con países hermanos,
con instituciones multilaterales, se ha entrometido
en asuntos que no le incumben, pero ha estrechado
lazos con gobiernos o gobernantes que desgracian a
su gente, como es el caso de su mentor e ídolo
-ahora cadáver político- Fidel Castro.
La cuenta regresiva está corriendo. Dios quiera
que ésta no se trunque por alguna suspensión
de elecciones por “acciones golpistas”.
Dios quiera que no se presenten atentados contra cosas
o personas que “ameriten” la suspensión
de garantías, o alguna situación extraña
que siga intentando amedrentar a la gente para no
ir a votar. Dios quiera que los militares venezolanos
estén a la altura de los principios y valores
que sus instituciones les inculcaron. Dios quiera
que sea la cuenta regresiva hacia el nuevo amanecer
que Venezuela y su gente se merecen… y no el
terrible conteo que finaliza con el estallido de una
bomba que destruye una sociedad.
* mantezan@cantv.net
Ilustración de Rayma,
diario El Universal
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