| ¿Qué
pasó en las elecciones venezolanas?
Miguel E. Antezana Corrieri
*
Gatosuelto.blogspot.com
4 de Diciembre de 2006
Una de las frases más odiosas es aquella que
dice “la historia se repite”. El lunes
4 de diciembre Caracas amaneció calmada, silente,
golpeada, con resaca, no de licor, sino de incredulidad.
El Zulia y otras partes del país no fueron
la excepción. Parece un día feriado,
pero un feriado de luto. La historia se repitió:
Venezuela vuelve a sentir el desagradable sabor del
día después del referendo revocatorio
de hace un par de años.
Bordeando las 11 de la noche del domingo, las cifras
oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE) dieron
la victoria al ex golpista Hugo Chávez con
el 61% de los votos, con lo escrutado hasta ese momento.
El candidato de la oposición, Manuel Rosales,
apenas alcanzó el 38%; es decir, se cumplieron
las “encuestas” oficialistas que daban
20 puntos porcentuales de ventaja al gobierno.
En sus escasas declaraciones, los observadores internacionales
coincidieron en destacar la “normalidad”
del proceso y su pacifismo, salvo algunos percances
“normales”. De acuerdo con las normas
establecidas para los veedores, ellos eran “mirones
de palo” y sólo pueden dar sus opiniones,
informes y demás, sólo después
que el CNE haya dado los resultados definitivos. En
fin, una elección presidencial en la que todo
lució “excesivamente normal”.
Si esto fue así ¿qué pasó
para que gran parte del país amaneciera golpeado
y con ese ambiente post referendo revocatorio? ¿Votó
todo ese mar de gente que acompañó a
Rosales en sus concentraciones, lo que hacía
presagiar una victoria? ¿Será que hubo
trampa? ¿Y ahora quién tiene la culpa
de esta nueva decepción ciudadana? ¿Se
da la señal de “partida” para la
fuga de cerebros del país? Intentaremos dar
algunas respuestas sobre la pase de tres situaciones:
Primera: Fraude electrónico. Los elementos
que siempre hicieron dudar de estas elecciones fueron
las máquinas “capta huellas” y
las de votación electrónica. Las primeras
–en teoría- cumplían una suerte
de peaje, de alcabala de control para que nadie votase
dos veces. No obstante, su verdadero papel siempre
fue amedrentar a aquellos que, siendo supuestamente
chavistas, votasen por la oposición. Con algunos
pasos elementales, podría establecerse una
secuencia entre las huellas y los votos, y así
saber por quién voto cada persona; posibilidad
que fue eliminada con un pequeño programa que
alteraba el orden de huellas (o algo así).
En el caso de las máquinas de votación,
éstas emitieron un papelito con la opción
del votante, el cual se depositó en una caja
a ser auditada (por sorteo) al final del proceso.
Los votos fueron electrónicamente transmitidos
al CNE para su totalización y divulgación.
Extrañamente, se prohibió que cualquier
medio divulgara sus “exit polls” antes
de que el organismo electoral lo hiciera con sus cifras
oficiales. La posibilidad de fraude se concentra en
el CNE, en su sala de totalización, en esa
misma en la que supuestamente se cocinó invertir
las cifras del revocatorio para darle la victoria
a Chávez.
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Si este
escenario fuese cierto, como los testigos de mesa
de la oposición tienen copia de la totalización
de las máquinas, se tendría que sumar
uno a uno los reportes para verificar que los totales
informados al mundo entero se corresponden con la
realidad. A estas horas, la desconfianza no sirve
cuando ya se votó en las máquinas y
se aceptó jugar con unas reglas de juego que
tanto se criticaron. Si hubo fraude, fue porque los
borregos marcharon tranquilitos al matadero.
Segunda: Los jóvenes, los empleados públicos
y los nuevos venezolanos. Esta elección se
caracterizó por el gran número de jóvenes
que alcanzaron la mayoría de edad y que ejercerían
por primera vez su derecho al voto. En ellos recaería
una cuota importante de responsabilidad de los resultados.
Muchachos y muchachas que en sus últimos ocho
años de vida no conocen algo distinto de Chávez
y mucho menos algo con qué compararlo. Su poca
experiencia de vida los hace moldeables y adaptables
a cualquier tipo de realidad, o simplemente los vuelve
apáticos. Aparentemente, no todos dieron el
paso al cambio.
Los empleados públicos –lo que era previsible-
votaron amenazados, temerosos de perder un quince
y último seguro. Era preferible vestirse de
rojo, tragar saliva azul, pero finalmente votar rojo,
ante el riesgo de “quien sabe” lo que
pueda pasar. Por otro lado, miles de nuevos venezolanos,
naturalizados expeditamente desde hace algún
tiempo por el gobierno, tenían la “obligación
moral” de votar por Chávez como agradecimiento
a una nueva nacionalidad sin tanto trámite
burocrático.
Sacando cuentas, no sabemos si estos tres factores
hubiesen inclinado la balanza a favor de Rosales (asumiendo
como ciertas las cifras del CNE). Puede que si, puede
que no. Estadísticamente es posible y por eso
el gobierno se afincó en ellos en los últimos
dos años con políticas que forzaran
su compromiso con la “revolución”.
Tercera: Venezuela tiene el gobierno que se merece.
Aquí no caben fraudes electrónicos o
masa de gente obligada -o que se sintió obligada-
a votar por Chávez. Aquí sólo
cabe asumir que más de seis millones de votantes
estuvieron de acuerdo con lo que ha hecho (y no ha
hecho) el gobierno. Más de seis millones eligieron
el camino del “socialismo del siglo XXI”,
la reelección indefinida, el partido único,
el cambio de moneda, el trueque y tantas otras acciones
anacrónicas que Chávez anunció
hacer en caso de ser reelegido.
Si se hubiese cometido fraude, se deben mostrar las
pruebas y salir a la calle con todo el derecho de
reclamar el robo. Eso no es subversión, no
es contrarrevolución, es simple sentido común.
Si –por ejemplo- siete u ocho millones de venezolanos
se sienten burlados, estafados, es una gran mayoría
que podría hacer respetar su derecho en vez
de soportar un doloroso duelo electoral.
Con esos jóvenes, empleados públicos
y los nuevos venezolanos, no hay mucho que hacer.
En el caso de los primeros, que cada padre se encargue
de abrirle los ojos. Con los empleados públicos,
gente mayoritariamente preparada sólo para
un cargo administrativo -el cual no piensan soltar
ya que en ningún otro lado les pagarían
tanto por tan poco-, sólo queda seguir pagando
impuestos para mantenerlos. Y con los naturalizados,
pues nada, asumir que el gentilicio se regaló
como una simple membresía a cambio de un voto.
Hugo Chávez, ex militar, ex golpista, persona
que quiere instaurar “su” socialismo destruyendo
las clases sociales alta y media, ha sido electo para
gobernar Venezuela hasta el 2013. De cumplirse ese
mandato serían catorce años en el poder…
y los que le faltan, pues planea seguir hasta el 2030.
Simón Bolívar, el supuesto inspirador
de la “revolución” de Chávez,
tiene tres frases que hoy caen como anillo al dedo:
“el castigo más justo es aquel que uno
mismo se impone”; “Huid del país
donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país
de esclavos”; y “Nada es tan peligroso
como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano
el poder”. Hoy lunes 4, en medio de la resaca,
de la depresión, muchos ya hablan de irse de
Venezuela; irónica frase viniendo de la nación
donde nacieron gestas libertadoras de América
del Sur. Esta historia continuará…. pero
la hacen, o la repiten, sólo los venezolanos.
* mantezan@cantv.net
Ilustración de Rayma,
diario El Universal
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