| Frases que
matan
Miguel E. Antezana Corrieri
*
Gatosuelto.blogspot.com
05 de Febrero de 2008
En febrero de 1992, cuando un desconocido y desnutrido
comandante del ejército venezolano sale en
televisión asumiendo la responsabilidad de
una intentona golpista, la gente se identificó
con él y lo apoyó directa e indirectamente,
aunque claramente esa acción estuvo fuera del
ordenamiento legal y democrático. Sin embargo,
ese respaldo llegó por el hastío ante
una clase política descarnada y descarada que,
a pesar de los grandes sacrificios de la población,
siguió enriqueciéndose y enriqueciendo
a sus compinches.
La sociedad no apoyó en ningún momento
a Chávez, ni a su movimiento subversivo, ni
a los ideales que supuestamente defendía. La
población venezolana apoyó la idea de
darle un parado a la corrupción, de quitarle
el respaldo a la dirigencia política de entonces
y apostó por que las cosas cambiaran a futuro.
El “pueblo” nunca apoyó un cambio
para peor.
En febrero de 2008, con nueve años de gobierno
de ese mismo escuálido militar golpista (hoy
rechoncho, con los mejores trajes, relojes y lujos),
el venezolano padece lo que nunca se imaginó:
colas y recorridos por varios supermercados para conseguir
un kilo de leche, azúcar, aceite o algún
otro alimento básico. Con nueve años
de Chávez en la presidencia, el venezolano
tiene una república con nuevo nombre, un nuevo
escudo, una nueva bandera, una nueva moneda, nuevas
instituciones, pero todo ello con los mismos viejos
problemas de sociedades atrasadas, de sociedades que
padecieron eso que llamaron “socialismo”.
Irónicamente, todo este panorama está
adornado con multimillonarios ingresos por la venta
del petróleo, los más altos de toda
la historia.
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No obstante,
según el ex militar golpista –no podía
ser de otro modo-, Venezuela y hasta el mundo son
un lugar mejor gracias a él. Según su
antojadiza manera de ver las cosas, todos los indicadores
sociales y económicos han mejorado a lo largo
de nueve años de desgobierno; y si alguno muestra
lo contrario, es culpa del imperio, o simplemente
está mal formulado y no sirve para nada. Ante
ello, se inventa un nuevo indicador y listo.
Aunque en diciembre pasado Venezuela se manifestó
en contra del mal llamado “socialismo del siglo
XXI”, pretendido a través de una malintencionada
y maliciosa “reforma” constitucional,
los pujos del gobierno por imponer su adefesio ideológico
han seguido –y seguirán- presentes, tanto
a nivel interno como externo. En este sentido, la
frase que le diera trascendencia mediática
en 1992 (el “por ahora”) ha vuelto a ser
utilizada por Chávez; esta vez, en forma de
amenaza, en otra de sus cobardes bravuconadas soportadas
por el poder que ostenta.
Sin embargo, por más intentos que hagan el
individuo y su corte, la realidad es un constante
y triste recordatorio que martilla la conciencia de
todo aquel que jure que ser más o tan chavista
que Chávez. Por más operaciones tipo
CSI para averiguar las “verdaderas” causas
de la muerte de Bolívar; por más que
provoque un conflicto con Colombia para despertar
un sentimiento patriotero, la realidad de tener en
casa una economía de guerra –sin estarlo-
es más fuerte que cualquier pantomima gobiernera.
Es cierto que Venezuela no se merece estar en esta
situación, ni tener a los gobernantes de turno.
Pero, también es cierto que la sociedad se
lo buscó, lo permitió y todavía
observa inmóvil cómo se regalan millones
de dólares a otros países o se intercede
por secuestrados del vecino, mientras que la inversión
interna es ridícula y el hampa está
mejor armada que la policía y cuenta con más
protección jurídica que la población.
El “por ahora” de la “revolución”,
que primero fue bolivariana y luego se quiso encasquetar
como socialista, es sólo una falsa y mala promesa.
El “por ahora” pasó de ser una
frase prometedora, a una frase de mediocridad, de
falsedad, de cobardía. Y no es para menos.
Todo lo que sale de la boca del presidente venezolano
es insulto, ofensa, desprecio, bazofia para quien
lo adversa, no comparte sus necedades, o le dice las
verdades.
“Por la boca muere el pez” y uno gordo,
lerdo, con nueve años creyéndose el
único pez en el agua (¿o en el petróleo?),
no es la excepción. Calamares aduladores –léase,
Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa, familia
Kirchner, Ollanta Humala o algún otro asomado
más- no harán nada para impedir que
las frases que salgan de su descontrolado verbo sean
carnadas que lo hagan caer en la red del desprecio;
pero eso sí, él solo, solito, rojo,
rojito. Un frase lanzó a Chávez a la
“fama”, otra lo hundirá; y no por
ahora, sino para siempre.
* mantezan@cantv.net
Ilustración: Rayma
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