| Golpe a la
venezolana
Miguel E. Antezana Corrieri
*
GatoEncerrado.net
Gatosuelto.blogspot.com
27 de Octubre de 2005
La idiosincrasia del venezolano siempre ha sido uno
de sus más valiosos activos. Quizás
el saber que se está sobre una tierra con una
riqueza invalorable, el vivir en un entorno tropical
o el estar rodeado de mujeres bellas producto de las
más variadas mezclas de razas, siempre hizo
que el día a día, por más duro
que fuese, sea llevado con un “nomeimportismo”
envidiable.
Inclusive en los momentos más violentos de
la historia republicana venezolana en el siglo XX
no falta el toque de humor, la anécdota histórica
o la enseñanza trivial pero enriquecedora.
Ese es el venezolano y quizás ese “antiparabolismo”
explique en cierta forma el porqué de la aparente
pasividad de la sociedad ante los usos y abusos del
poder de la llamada “revolución bolivariana”
Pero, precisamente, el confundir pasividad con idiosincrasia
es lo que le debe estar causando a Hugo Chávez
las migrañas, berrinches y arranques maniaco
depresivos más hilarantes que deben soportar
sus “colaboradores” más cercanos
(léase aduladores), quienes terminan por complacer
los deseos del líder de demostrar el infinito
poder que –por ahora- acumula.
Así, no es raro que Chávez, repentinamente,
mande a encadenar radio y televisión para decir
cuanta pendejada se le ocurra, desde el sitio en que
se encuentre y a la hora que sea; sin más motivo
que el irritar a todo aquel que lo adversa. De hecho,
el encadenar demuestra que él está muy
conciente de que una gran mayoría no lo soporta
y por ello visualiza en la acción una manera
masiva de joderlos a todos, de un solo tirón
y sin anestesia.
Pero, es en esos momentos cuando sale a lucirse el
venezolanismo: antes la gente se mortificaba y ahora
sólo apaga el televisor o pone el cable; apaga
la radio o pone el CD; o –en el peor de lo casos-
deja televisor o radio encendidos y deja que la verborrea
siga como si fuera el pasar de los carros, o cualquier
otro ruido molesto que a larga se soporta porque sí.
Tan así es, que el gobierno está afincado
en obligar a las televisoras por cable a meter canales
del Estado (gobierneros en realidad), como si eso
cambiara la manera de pensar del televidente.
El venezolano está poco a poco volviéndose
a reír del gobierno en su propia cara. El venezolano
está recuperando su sentido común, jodedor
e inteligente, el cual –estemos claros- no lo
tiene la “revolución”, los militares
“del proceso” (o sea, los no institucionales)
y toda la cuerda de funcionarios o fanáticos
chavistas con estudios primarios como máximo.
El estar JPC (“jodido pero en Caracas”,
o “jodido pero contento”) pareciera asomarse
nuevamente en la sociedad, y eso resulta harto peligroso
en la mente cuadrada y militar de Chávez.
Una muestra de lo que afirmamos es la aparición,
hace algunas semanas, de esqueletos regados por la
ciudad con mensajes antigobierno y con llamados a
la desobediencia civil. Elaborados en cartón,
papel u otro material nada estrambótico, su
debut estuvo enmarcado dentro de la calificación
de “terrorismo”. Como lo lee: “terrorismo”.
Hasta inventaron que alguno de ellos causó
efectos nocivos a unos policías que lo encontraron
y removieron el ornamento de papel de algún
puente caraqueño. Más que miedo, lo
que causaron los esqueletos “golpistas”
fueron carcajadas por el ridículo despliegue
policial, que por cierto no hacen para combatir la
delincuencia.
Los esqueletos “fascistas”, “golpistas”,
“subversivos”, llegaron para quedarse.
Es más, al más puro estilo estadounidense,
yanqui, imperialista (que hasta urticaria le debe
generar a Chávez), este lunes aparecieron en
Caracas auyamas (calabazas, zapallos) “desobedientes”,
pues instan al pueblo a aplicar el artículo
350 de la Constitución, es decir, el cuchillo
que el propio Chávez diseñó para
su garganta.
Para quienes no lo saben, o no recuerdan, el susodicho
artículo dice que “El pueblo de Venezuela,
fiel a su tradición republicana, a su lucha
por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá
cualquier régimen, legislación o autoridad
que contraríe los valores, principios y garantías
democráticos o menoscabe los derechos humanos”.
O sea, ¿está o no en su derecho el pueblo
de Venezuela a reconsiderar el poder que se le otorgó
a este gobierno? Aunque la respuesta es obvia, la
“revolución” cree que no y lo que
hace es desconocer el poder originario de la sociedad,
ese que tantas veces le refregó en la cara
a los opositores para justificar su proyecto político.
Si estas acciones cómico-“subversivas”
tuvieran una lógica, y ante la cercanía
de la celebración imperialista (léase
Halloween), se podría esperar que aparezcan
gatos, brujas, escobas o telarañas “golpistas”
por la ciudad. Y de ser así, seguramente que
el gobierno dirá que es una acción planificada
en la CIA, que Bush está detrás de eso,
o que es una alerta de la próxima invasión
de Estados Unidos a Venezuela.
Puede que hasta prohíban celebrar el día
de las brujas, por ser una fiesta gringa, pero eso
no impedirá que la gente, con un mínimo
de tolerancia, se cague de la risa de ver al gobierno
enviando comisiones policiales y hasta cerrando calles
para descolgar un esqueleto de cartón. No se
disparan balas, no hay muertos reales, ni discursos
encadenados, pero la sociedad le puede estar metiendo,
poco a poco, su tan ansiado golpe a Chávez:
un golpe a la venezolana.
* mantezan@cantv.net
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