| Una nueva
lista para Chávez
Miguel E. Antezana Corrieri
*
Gatosuelto.blogspot.com
21 de Mayo de 2007
Miles de personas marcharon el sábado en Caracas.
En un ejercicio que ha sido casi costumbre en estos
ocho años de gobierno -primero bolivariano,
luego revolucionario, y ahora socialista- la única
forma de hacer catarsis se hizo presente, esta vez,
para protestar ante el posible cierre de una canal
de televisión opositor. A pesar de los tímidos
esfuerzos oficiales para evitar la concentración
(alcabalas en las entradas a Caracas, o mercados populares
a precios subsidiados), ríos de gente se congregaron
y reclamaron.
Sin embargo, donde no hubo gente pese al esfuerzo
mediático, pese a los gritos histéricos
y cantinfléricos del vicepresidente de la República,
fue en los lugares donde se vienen llevando a cabo
las inscripciones para el “partido” de
Chávez, el PSUV (Partido Socialista Unido de
Venezuela), que no tiene nada de socialista, mucho
menos de unido y quien sabe si algo de autóctono.
Para el venezolano –y para los latinoamericanos
en general- el inscribirse a un partido, y el obtener
el famoso carnet partidista, ha sido muy pocas veces
un acto de convicción. En realidad, se ha hecho
con toda la intención de acceder a ciertas
ventajas o verse favorecido por el partido en el poder.
Esta no sería la excepción, por lo que
resultan “extraños” ciertos elementos.
En primer lugar, si Chávez obtuvo más
de siete millones de votos, de gente convencida de
que él es el salvador de la patria, y de que
su “socialismo del siglo XXI” es el camino,
¿porqué no hay un flujo similar en las
inscripciones? ¿Dónde están los
millones de chavistas haciendo cola? La presión
que se viene ejerciendo a los empleados públicos,
y a los que tienen alguna relación comercial
con el gobierno para que se inscriban, son algunos
hechos que demuestran la farsa. Para colmo, se vende
como que será el partido “más
democrático” de la historia venezolana.
Por otro lado, si son inscripciones a un partido,
no se entiende porque darle el calificativo de “aspirante
a militante” a la poca gente que se anima a
dicha aventura; a menos que en el proceso haya un
filtro, una escogencia, una selección de quien
sí, y de quien no, puede pertenecer al nuevo
mamotreto.
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Supuestamente,
luego de finalizadas las famélicas inscripciones,
se elegirán a los voceros de los “batallones”
(Chávez nunca perderá la costumbre de
colocarle denominaciones militares a todo lo que haga),
quienes asistirán a una segunda fase de formalización
de su esperpento partidista. Sin embargo, los ministros
y otros altos cargos públicos, también
se inscribieron para ser “aspirantes”,
pero muy bien ataviados con chaquetones y cachuchas
rojos con las iniciales del novel partido. ¿Y
si no los aceptan? Por lo menos se quedarán
con las prendas de recuerdo, aunque con la suerte
que tienen, seguro que son “electos” voceros.
En segundo lugar, los exasperados llamados y la evidente
desesperación del gobierno por –literalmente-
arriar gente, hacen ver un trasfondo: el ex militar
golpista no tiene en realidad el apoyo que jura y
perjura tener. Esa “maquinaria”, que trabaja
muy bien para llenar largas avenidas para sus mítines,
sólo funciona con dinero, con autobuses, con
paseos a la ciudad; pero en este caso, no sirve de
nada.
Por otro lado, pensando con malicia -como hay que
hacerlo con todo lo que involucre al gobierno- a nuestro
modo de ver las inscripciones en el PSUV puede funcionar
como una reedición de la famosa “Lista
Tascón”, aquella que le colocó
una equis en la frente a todo venezolano que firmó
en contra del “líder de la revolución”
para el Referéndum Revocatorio.
En este caso, quienes no se inscriban, están
contra el PSUV; y quienes estén en contra del
partido, están contra Chávez…
y eso, lo dijo él mismo, no lo estamos inventando.
O sea, una actualización de la lista, con huellas
digitales, dirección, lista familiar y todos
los datos que un buen gobierno represor debe tener
para chantajear, asustar, amenazar o simplemente para
no otorgarle los servicios que el Estado está
obligado a darle a todos sus ciudadanos. Tremendo
pretexto resultó la creación del partidito
único.
Con la nueva lista quizás sólo los “aspirantes”
que se conviertan en “militantes” serán
los elegidos para recibir leche, azúcar, arroz,
aceite y demás alimentos de la cesta básica,
en el próximo “megamercal” que
organice el gobierno. Los demás, que hagan
su penitencia colectiva, de largas colas o de paseo
por varios supermercados, a ver si encuentran algo.
Con la nueva lista, quizás sólo los
que caminen con su camiseta roja, o con la estrella
roja en la frente puedan expresar lo que les de la
gana (pero siempre a favor del gobierno), porque los
demás serán contrarrevolucionarios y
no merecen ni respirar.
Mientras tanto, veremos qué sucede en esta
semana decisiva. Con lista o sin lista, el gobierno
se prepara para cerrar un canal de televisión.
Un gran paso que lo corona, de una buena vez, como
el dictador que hace tiempo es. Un elemento más
para la lista de abusos, otro más…
* mantezan@cantv.net
Ilustración de Rayma,
diario El Universal
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