| Pordioseros
políticos
Miguel E. Antezana Corrieri
*
Gatosuelto.blogspot.com
22 de Julio de 2007
En su último tour revolucionario y petrodolarizado,
el líder socialista sigloveintiunero, Hugo
Chávez, entregó regalos a diestra y
siniestra en Nicaragua. A la altura de su magnanimidad,
el presidente venezolano entregó créditos
“blandos” por más de 5 millones
de dólares, repartió 400 mil mochilas
con útiles escolares y 50 mil maletines a profesores.
Como si fuera poco, prometió la llegada de
80 tractores de manufactura iraní –ensamblados
en Venezuela- y hasta se oyó hablar (extraoficialmente)
de una condonación de la deuda nicaragüense.
Qué sabroso, navidad en julio para Daniel Ortega.
Pese a que en Venezuela hay gente que –literalmente-
se muere de hambre, que no tiene un techo donde vivir,
o el que tiene se está cayendo a pedazos; pese
a que las principales ciudades viven amenazadas por
el hampa, pese a que las carencias son enormes dados
los desequilibrios económicos que el propio
gobierno ha creado; la regaladera de Chávez
no sorprende en absoluto. En todo caso, lo que llama
la atención es la calaña de “políticos”
rastreros que pululan o tratan de emerger del subsuelo
latinoamericano.
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Esta especie
–que no es novedosa, por cierto, pero que habita
en un entorno distinto- puede calificarse como la
de los “pordioseros políticos”;
es decir, gentuza que argumentando un seudo nacionalismo,
un seudo patriotismo, con la única intención
que ganar adeptos que se encuentran en situación
de pobreza, se dedican a generar conflictos, a buscar
culpables (generalmente los “oligarcas”,
los ricos, o el imperialismo) y a vender la idea de
que vienen “a poner orden”. No obstante,
en realidad son individuos que, si no fuera por el
“apoyo” petrodolarizado de Chávez,
no se atreverían a levantarle la voz a su perro.
En Bolivia Evo Morales no ha avanzado en lo que tanto
él ofreció. El solo hecho de ser el
primer indígena esperanzó a su pueblo
pero, ha venido demostrando con hechos que su condición
racial no tiene nada que ver con su capacidad gerencial
(que no la tiene). Su fracasada refundación
del país con la Constituyente, la cual prorrogó
sus labores hasta diciembre, así como los conflictos
que él mismo ha venido generando son hechos
que, diez años atrás, hubiesen provocado
que su pueblo lo saque a patadas de Palacio Quemado.
Sin embargo, la presencia venezolana (en personas
y petrodólares) lo ha mantenido aferrado al
poder.
En Ecuador, Rafael Correa con su discurso incendiario,
con el mismo cuento de la Constituyente, con los mismos
discursos, con los mismos ataques y a la misma gente,
como se hace en Venezuela y en Bolivia (o sea, a la
“oligarquía”, a los medios, al
imperialismo), ha venido toreando crisis políticas,
mas no gobernar. El hecho de ser país petrolero,
aunque abismalmente distinto a Venezuela, ha medio
soportado el gasto fiscal. Sin embargo, todavía
sigue disfrutando de una larga luna de miel con su
pueblo, también esperanzado en que haga algo
de lo que prometió.
En Nicaragua, ni hablar. Ortega, el comandante Ortega,
quien no tiene con que palo ahorcarse, no le queda
más que aceptar la visita de su mentor, permitir
que insulte a la oposición de su país,
aceptarle sus regalos –con mucho dolor- y adherirse
a cualquier adefesio anti Estados Unidos que se le
ocurra al padre de la “revolución”
venezolana. Y Cuba, con el cadáver Castro,
se lleva el premio mayor, dado su carácter
de guía espiritual, moral, verbal, político,
etc., etc
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El caso
del Perú es el más interesante. Hace
más de un año en las elecciones presidenciales
se presentó Ollanta Humala quien, por más
intentos que hacía de deslindarse, es una mala
copia de Chávez en Venezuela (y ojo que el
venezolano no es ninguna joya). Humala, quien de candidato
presidencial pasó a tirapiedras profesional
y pordiosero político, es tan mal estratega
que la costura de sus acciones son evidentes hasta
para el más ciego.
En momentos en los que el Perú se ve convulsionado
por huelgas en diversas regiones, que Humala salga
en defensa de Chávez, argumentando que hay
una campaña internacional contra él,
no es casualidad. La aparición de oficinas
del ALBA en el país son muestras de injerencia
por el solo hecho de ser dinero venezolano que ingresa
por vías no regulares. No obstante, también
es muestra del grado de ignorancia y de la existencia
de gente fácilmente manipulable, los mismos
que serán los primeros olvidados por los pordioseros
políticos.
Las visitas de Humala y/o sus familiares a Caracas
no son precisamente para venir a comer arepas. Mientras
desparrama su discurso vacío, repetido, nacionalistoide,
entre la población medianamente instruida,
entre los campesinos, los obreros y los trabajadores
humildes del Perú, el ex militar peruano goza
las mieles de los petrodólares, pide consejos
a los estrategas cubanos en Venezuela, campanea su
vaso con güisqui mayor de edad y regresa a Lima
a seguir azuzando, a seguir jodiéndole la paciencia
al gobierno, con la idea de debilitarlo y tomar ese
lugar en algún momento. Todo un digno ejemplar
del pordiosero político latinoamericano.
El Perú aprendió a vivir en crisis a
finales de los ochenta, irónicamente, con el
individuo que hoy lo gobierna. Un joven Alan García
llevó al país al borde del precipicio
y le dio una patada con su discurso y sus acciones
populistas. Precisamente por eso, en abril de 2006
prefirió a García como presidente que
tener a un individuo sin personalidad propia y sin
preparación para ser estadista como lo es Humala.
Fue una elección entre el cáncer y el
sida, y se optó por el mal conocido con la
esperanza de sobrellevarlo.
Es cuestión de sentido común saber quien
es quien, en la vida y en la política. Para
complacencia de los peruanos, sus medios son libres
y pueden expresar lo que les de la gana. Por ello,
las barbaridades de Chávez son conocidas y
hasta parodiadas por la televisión, pintando
el escenario de cómo sería un hipotético
gobierno del nacionalistoide. Ojalá que Humala
siga mendigando, ya que es bueno para la salud política
del Perú. Total, la nación inca necesita
dirigentes, no pordioseros políticos.
* mantezan@cantv.net
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