| Presidentes
menos favorecidos
Miguel E. Antezana Corrieri
* (6 de Abril de 2007)
Gatosuelto.blogspot.com
09 de Abril de 2007
Cuando se gestó el Acuerdo de Cartagena, muy
por encima de los loables ideales de integración,
estuvo la conciencia, la certeza –o quizás
el simple sentido común- de admitir que las
naciones que pretendían unirse eran distintas,
disímiles por innumerables razones. En un principio,
Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, decidieron
congregarse en torno a este esfuerzo de integración.
Más tarde, Chile se retiraría pero Venezuela
se uniría al bloque para conformar lo que se
conociera por muchos años como el Pacto Andino.
El grupo identificó a Bolivia y Ecuador como
los países de menos desarrollo relativo y,
por lo tanto, era necesario que tuviesen un tratamiento
especial en el proceso de integración. En este
sentido, en el Artículo 3 del Acuerdo se lee
que “con el fin de disminuir gradualmente las
diferencias de desarrollo actualmente existentes en
la Subregión, Bolivia y el Ecuador gozarán
de un régimen especial que les permita alcanzar
un ritmo más acelerado de desarrollo económico,
mediante su participación efectiva e inmediata
en los beneficios de la industrialización del
área y de la liberación del comercio
(…)”.
Las obvias asimetrías, no sólo en su
extensión geográfica, sino en el tamaño
y fortaleza de sus economías, su conformación
demográfica, entre otros factores, impulsaron
este trato especial a estas dos naciones socias; sin
embargo, el calificativo –informal, pero común
en el entorno- resultaba, aunque odioso, un reflejo
de su condición de progreso: “naciones
menos favorecidas”.
Irónicamente, dada esa “favorecida”
calificación, ambos países disfrutarían
de ciertas ventajas, o las condiciones a aplicar dentro
del marco del acuerdo de integración no tendrían
la misma “dureza” que para las otras tres
que -por oposición- si tenían el favor
de Dios o de algo que hoy cabría preguntarse
qué fue. Hoy, la ironía vuelve a cubrir
a estas dos naciones andinas pero, esta vez, coincidencialmente
en sus respectivos gobiernos.
En Bolivia, Evo Morales ya tiene más de un
año en el poder y su labor se parece muchísimo
a la que viene haciendo Chávez en Venezuela
en ocho años de gobierno; es decir, hablar
mucho como si la campaña electoral siguiera
y no hacer gran cosa, o siquiera gobernar, que es
lo que sus electores –suponemos- aspiran. Las
grandes “obras de gobierno” del Evo se
han enfocado y casi limitado al tema político,
desde su cacareada Constituyente para “refundar
el país”, hasta la polémica “nacionalización
de los hidrocarburos”, empañada de malos
manejos administrativos tanto por la ineficiencia
de sus funcionarios como por aparentes oscuros manejos.
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Al igual
que “su” comandante Chávez, Morales
acusa a la oposición, a la oligarquía
y hasta a los Estados Unidos de su inoperancia e ineptitud.
Con crasa desfachatez, le cuesta asumir su ignorancia
en temas de gobierno (lo cual no es delito si se rodeara
de gente capaz) y engaña a su pueblo con un
discurso populachero, seudo nacionalista y de falsas
esperanzas para ese pueblo indígena que creyó
en él. Quedan apenas cuatro meses para que
una nueva Constitución deba ser parida por
la Asamblea elegida para esa labor, pero la clara
interferencia del gobernante, la inocultable intención
de hacer una “Carta Magna” a su medida
y la existencia de una importante representación
opositora que ha frenado sus abusos, han impedido
ver luz en el camino.
En Ecuador, Rafael Correa, el séptimo presidente
en los últimos diez años va por un camino
similar. Tras una antagónica campaña
electoral con el magnate Álvaro Novoa, en la
que hizo vanos intentos por desvincularse de la influencia
de Chávez, el novel mandatario tiene como estandarte
la convocatoria a una Constituyente, también
para –supuestamente- ponerle fin a todos los
males causados por el neoliberalismo. Pareciera que
redactar una Constitución, la ley de leyes,
es el mejor, el mesiánico, el único
camino que una nación debe seguir para salir
del foso en el que se encuentre, no importando si
las causas reales son tomadas en cuenta o no.
Casi tres meses después de asumir su mandato,
Correa ha dado ha conocer las ideas de su “plan
económico”, cuyas acciones contemplan
una mayor intervención del Estado en la economía,
el fomento y protección de la producción,
la “priorización” de la inversión
social sobre el pago de deuda externa y el compromiso
de mantener el dólar como moneda local; es
decir, lineamientos tan ambiciosos como contradictorios
en una nación que todavía sigue luchando
para alcanzar un desarrollo sostenible que permita
el bienestar de sus habitantes sin tener que irse
del país.
No obstante, aunque los ecuatorianos avalan la gestión
de Correa -también empapados con la esperanza
de que haga algo-, la mayoría de ellos describen
su gobierno como “democrático pero con
características autoritarias", según
una encuesta divulgada. Coincidencialmente, en los
días que se da a conocer dicho sondeo, en Bolivia
el segundo al mando del partido (MAS) de Morales,
Gerardo García, lanzó alegremente una
perla: "Lo queremos como Presidente durante cincuenta
años y quizá muchos más".
Aunque pareciera una broma, pesada quizás,
revela las verdaderas intenciones de los nuevos “socialistas”
suramericanos.
Detrás de los cantos de sirena de estos gobernantes
se encuentra el deseo de perpetuarse en el poder.
Quizás fueron claros en exponer las carencias
de sus países, pero no en sus verdaderas intenciones.
Juegan con los anhelos de la población, la
cautivan con cuentos de justicia social, pero en el
poder aplican acciones politiqueras con un trasfondo
de ambición personal que termina por desunir
a la sociedad, dividiéndola, fragmentándola.
En este siglo XXI, que sólo ha servido para
adjetivizar un seudo socialismo, las “naciones
menos favorecidas” o “países menos
adelantados” han sido designados por la ONU
y suman 49; entre ellos, no están Bolivia ni
Ecuador. Dudo mucho que vayan a caer en ese grupo,
pues tienen las condiciones para progresar, a menos
que padezcan de un mal político muy de moda
en este siglo: que sufran de “presidentes menos
favorecidos”.
* mantezan@cantv.net
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