El antes de...





Escribo este artículo a pocas horas del anunciado cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV), clausura de un medio de comunicación por “obra, gracia” y capricho de la dictadura legalista del ex militar golpista Hugo Chávez.

El cierre va, y en estos momentos nadie lo puede dudar. Es más, apoyado en una escatológica sentencia, el Tribunal Supremo de “Justicia” le otorgó al gobierno la facultad de utilizar los equipos e instalaciones del agonizante canal de televisión para darle cobertura al adefesio de proyecto que ha creado para suplantarlo y para que esté al aire –seguramente- pasado el minuto de que la otra desaparezca.

La situación en Venezuela se salió de todo límite. Ya no es sólo un caso más de censura. No es sólo el caso de un cierre de una empresa privada. No es sólo el caso de dejar miles de desempleados; tampoco el de una acción de gobierno por razones políticas. Inclusive, no es sólo la “legalización” de una apropiación estatal por capricho gubernamental (aunque el término correcto sería “robo legal”). Es más, ni siquiera es sólo asunto de la libertad de expresión. El momento quizás es el más peligroso y trascendental de todo el tiempo que lleva Chávez en el poder.

Como dije, el cierre del canal es un hecho, pero la incógnita se cierne sobre lo qué pasara a partir de ese segundo, de ese instante; ya que el régimen decidió jugárselas todas y tomarlo como el punto de partida, como el impulso irrebatible para que en el país se pueda instaurar una dictadura vitalicia, legalista, socialista y/o comunista. O sea, la corroboración –para Chávez- de que aquí puede hacer lo que le de la gana, cuando le de la gana, a quien le de la gana y nadie moverá un dedo para impedirlo.

El asumir el carácter pacífico, democrático y apegado a las leyes, como una característica del pueblo venezolano es totalmente errado cuando se enfrenta a un régimen violento, totalitario y violador de la Constitución y las leyes. El seguir asumiendo ese carácter, sólo sirve para que el gobierno se jacte de que se enfrenta una cuerda de tarados que no tienen mayor fuerza que el aire con el que soplan un pito en una marcha, o con la que golpean una cacerola desde las ventanas de sus casas.

Hoy la acción es contra un medio de comunicación; sin embargo todos los días hay acciones contra muchos ciudadanos de las que no estamos enterados, a menos que sea directamente por la boca del afectado. Mientras más silencio exista, mientras mayor sea la represión, mientras mayor la pasividad y resignación ante las injusticias, mejor entorno para que Chávez siga vendiéndole al mundo todas las mentiras que él quiere, y que el petróleo puede financiar.

Aquí no hay Súperman, Batman, ni Chapulín Colorado que venga a rescatar a Venezuela. Aquí sólo hay, o gente con neuronas o gente con alpiste en la cabeza, y de acuerdo con ese contenido, vendrá lo que tenga que venir. Sólo Dios sabe –y la gente con neuronas- como será el artículo que escriba con “El después de…”. Ojalá sea de cambio y esperanza. Venezuela no se merece esto… ¿o sí?




* mantezan@cantv.net





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