| Los hijos
no reconocidos de la revolución
Miguel E. Antezana Corrieri
*
Gatosuelto.blogspot.com
Ilustración: Rayma
28 de Octubre de 2006
Hace una semana, César Hildebrandt, un menudo,
mordaz y polémico periodista, soltó
la perla en un diario limeño: Alan García,
el actual presidente del Perú tiene un hijo
extramarital. Casi inmediatamente, a quienes se hicieron
eco de la “bomba” les vino a la mente
el escándalo que protagonizara el anterior
mandatario Alejandro Toledo quien, después
de muchos dimes y diretes, terminara reconociendo
como su hija a una niña ya bastante grandecita.
Como respuesta, el mismo lunes siguiente el mandatario
peruano, al lado de su esposa y primera dama, declara
que el niño sí existe, que lleva su
apellido y que tienes todos los derechos como corresponden,
palabras más, palabras menos. Hasta ahí,
todo pareciera ser una historia digna de “Hola!”
o de alguna publicación tipo “chepa candela”
de chismes de farándula y demás. Sin
embargo, García –como era de esperarse-
no hizo más que poner la venda antes de aparecer
la herida. En su momento, Toledo tuvo un bajón
terrible en su ya minúscula popularidad, por
no dar la cara como hombre y quedarse con la careta
de presidente. Habría que ser bien idiota para
no aprender de experiencia ajena.
Si llama la atención este caso es sólo
por el “pequeño” detalle que se
trata de un personaje público, nada menos que
el presidente de la República. No hay que tener
dos dedos de frente para reconocer y aceptar que el
tener notoriedad tiene como elemento en contra la
poca intimidad con la que se cuenta. Todo movimiento
brusco en el plano personal, marital, íntimo,
etc., será comentado por los medios y por la
sociedad. Irónico costo el que hay que asumir.
Es interesante también el nivel de hipocresía
que aún existe en la sociedad peruana, especialmente
la limeña. Comparada con otras capitales latinoamericanas,
Lima es conservadora, mojigata, rayando algunas veces
con lo ridículo. Una situación relativamente
“normal” es comentada como si fuese un
sacrilegio, un horror de la humanidad que al llegar
a los medios no hace más que convertir a los
divulgadores de la noticia en unos vulgares y silvestres
cacasenos. Pero bueno, pese a todo ello, Lima y su
gente no dejan de tener su encanto. Su aire de castidad
–mas no castizo- hace que su población
mestiza tenga “lo suyo”, así como
la de Bogotá, de Caracas, de Quito y otras
capitales, también.
Bien por el niño. Tiene papá, mamá,
y ningún rollo legal que le genere alguno existencial.
García reconoció su affaire y colorín
colorado. Sin embargo, uno que no reconoce ni lo que
respira es, coincidencialmente, un individuo amiguísimo
del mandatario peruano: el cazador de demonios de
la ONU, Hugo Chávez.
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Al día
de hoy, el invencible líder de la “revolución”
bolivariana no reconoce que –en menos de un
mes- está haciendo otro papelón a nivel
mundial. Su “lucha contra el imperio”
canalizada esta vez a través del feroz combate
para obtener un puesto no permanente en el Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas, no ha hecho más
que colocarlo como el maníaco depresivo que
es, revelando de paso su incapacidad como gobernante,
como jefe de Estado y como jefe de la diplomacia de
Venezuela. Felizmente, en el mundo está perfectamente
claro que es él y no el país, no la
sociedad, no los venezolanos y venezolanos dignos,
los que están empecinados con un capricho idiota
que ha costado millones y millones de dólares.
Él sabe que está derrotado, él
sabe que ha hecho y seguirá haciendo el ridículo,
pero no sabe como zafarse de la situación.
Sus mensajes sobre la obtención de una “victoria
moral”, hacen recordar aquellos concursos del
Miss Universo cuando la venezolana queda como finalista,
pero no gana, y la prensa le otorga el título
de “ganadora sentimental” del certamen.
Como militar que supuestamente fue, Chávez
sabe que se gana o se pierde, que no hay medias tintas,
y que de moral nada tiene el ridículo internacional
que viene haciendo utilizando el nombre del país.
Pero ese no es el único “hijo”
no reconocido del presidente venezolano. Los últimos
y seguidos fracasos en materia internacional electoral,
han sacado a flote el Titanic que es su proyecto “bolivariano”.
Precisamente en el Perú, un congresista se
ha dado a la tarea de ventilar el supuesto financiamiento
que Chávez dio a uno de sus hijos bastardos,
es decir, Ollanta Humala. Cuatro millones de dólares
entregados en maletines por funcionarios de la embajada
venezolana en Lima, afirma el congresista que recibió
Humala. Sin embargo, el hijo también reniega
de su padre y se limita a llamar “traidor”
al denunciante.
En el altiplano, el hijo querido Evo Morales cumple
como buen soldado todas las órdenes que le
da “su” comandante Chávez. Primero
afirmó que acompañaría a Venezuela
“hasta la muerte” en su lucha por el sillón
en la ONU. Luego, aceptó que iría al
frente como “candidato de consenso” porque
Chávez se lo pidió, para luego quedarse
con el rabo entre las patas. Total, para eso sirven
los tontos útiles… así sean inútiles.
Pero esto de estar pariendo hijos por América
Latina no ha dado resultados. Mucho menos ha tenido
sentido “adoptar” a todo aquel que diga
estar contra el imperio, o aquel que diga que quiere
ser hijo del ex golpista venezolano. Sino, veamos
al candidato Correa en el Ecuador. Bastó que
lo mencionara para que su ascenso fuese flor de un
día. Otro que anda en problemas filiatorios
es Daniel Ortega en Nicaragua, quien ante la lista
de fracasos –pasando por López Obrador
en México- no quiere correr riesgos.
Gran suerte para Chávez que él si ha
sido reconocido a nivel universal. Fidel Castro –en
vida- dio muestras lacrimógenas de su amor
por su hijo putativo, y no es para menos, ¿qué
hijo le ha regalado tanto petróleo y lo ha
idolatrado tanto como él? Ninguno. Mientras
tanto, miles de hijos, quizás millones, en
Venezuela, esperan ser tomados en cuenta por un gobierno
manirroto, derrochador y corrupto como el “bolivariano”.
En ocho años de gobierno -como dicen por ahí-
la única obra de infraestructura propia es
la llamada “trocha” que se construyó
ante la caída del viaducto que comunica Caracas
con La Guaira. La única, porque todas las demás
de las que se jacta fueron iniciadas por gobiernos
anteriores. A pocas semanas de las elecciones presidenciales,
todo parece indicar que –en condiciones de pulcritud
y transparencia- el ex golpista será despedido
de la presidencia y ningún hijo llorará
por ello. Total, en todo este tiempo Chávez
ha demostrado ser un gran hijo…
* mantezan@cantv.net
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