| La verdad
de los embusteros
Miguel E. Antezana Corrieri
*
Gatosuelto.blogspot.com
14 de Marzo de 2007
Nunca fue casualidad. Desde el mismo instante en el
que se conoció que el presidente de los Estados
Unidos de América, el mismísimo imperialista
en persona, haría una gira por algunos países
de Latinoamérica, el “líder”
de eso tan etéreo que es el “socialismo
del siglo XXI” ordenó a sus súbditos
urbi et orbi que le prepararan su propia contragira
revolucionaria antiimperialista.
Justificación real, valedera, razonable, para
el paseo de Chávez no la hay. Por más
esfuerzo que haga su “ministro por el poder
popular para la comunicación e información”
en hablar “bonito”, de corrido, en sonar
creíble, de utilizar los términos bobos
de costumbre (manipulación mediática,
“magnicidio moral y político”,
etc.) la realidad es otra bofetada más que
indigna a los venezolanos; aunque no a todos. Tristemente,
aquí y en otras partes de Latinoamérica,
es evidente que existe una corte de individuos disminuidos
por su propia mediocridad que se limita a aceptar
el ataque a los demás como una forma de hacer
catarsis de su condición.
Factores comunes en los países que visitó
Bush, fueron la diplomacia y lo estrictamente necesario;
lo cual dio sus frutos políticos –y posiblemente
económicos- tanto para el visitante, como para
el visitado. Factor común donde fue Chávez
fueron la improvisación, la bajeza, el insulto
y el sentimiento general de inutilidad.
La verdad siempre es arrolladora, venga de donde venga,
y como venga. Hace algunos días el economista
Francisco Sercovich, ex jefe de investigaciones de
la Organización de las Naciones Unidas para
el Desarrollo Industrial (ONUDI), escribió
un artículo aplastante: “Las verdaderas
claves del desarrollo”. Irónicamente
fue publicado por El Clarín, en la Argentina
de Kirchner, en la Argentina que cobijó “más
de 50.000 almas” -en un estadio en el que caben
veinte mil-, en la Argentina cuyo gobierno se mantiene
financieramente gracias a la ubre petrolera de Venezuela.
En su artículo, Sercovich afirma que “tan
sólo muy recientemente la Economía comenzó
a reconciliarse con la idea de que el principal activo
de un país es su dotación de capacidades
sociales e institucionales, y que ese activo determina
en gran medida la efectividad e impacto de las políticas
gubernamentales y de los sistemas de incentivos sobre
variables tales como ahorro e inversión, el
desarrollo del sector privado y el crecimiento de
la productividad”.
Es decir, “la capacidad de absorción
y uso de conocimientos de un país, junto a
otros factores tales como los relativos a la apertura
de la economía, la eficacia del sistema financiero
y la calidad de las instituciones, son clave para
achicar las brechas del desarrollo”. Obviamente,
las políticas públicas cumplen un papel
promotor; pero no la política y mucho menos
la politiquería
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Kirchner
-aunque lo permitió- tomó distancia
del show montado en Buenos Aires. Morales en Bolivia
lo acompañó en Trinidad y en El Alto,
e impávido escuchó como despotricaba
contra Bush y hasta contra la “oligarquías
apátridas” bolivianas. El tour antibush
prosiguió en Nicaragua, Jamaica, y hasta en
Haití, lugares en donde, a cambio de permitirle
demostrar lo que es, entregó algo, donó
algo, ayudó con algo, o firmó algo.
A eso se limita el “éxito que ha tenido
la gira de Chávez” que asegura el ministro
de publicidad del régimen. El supuesto impacto
del extravagante paseo presidencial, que debe haber
costado millones de dólares y durante el cual
Bush ni siquiera se molestó en mencionarlo
–lo cual debe haber encolerizado al ex militar
golpista-, contrasta con el lamentable estado en el
que se encuentra el nivel de vida del venezolano,
rico solamente en cifras oficiales maquilladas.
Por ningún lado, a nadie se le ocurriría
afirmar que la culpa del subdesarrollo de nuestros
países la tiene Bush o el imperialismo, o el
capitalismo, o el neoliberalismo, o algún otro
“ismo”. Mucho menos puede asegurarse –salvo
que se sea un tremendo caradura- que el “ismo”
del siglo XXI que pregona Chávez es la cura
a todos los males de la humanidad, cuando lo que hasta
ahora ha demostrado es mediocridad, conformismo, división
y desesperanza en su propia nación.
Precisamente si algo demuestra el “mandatario”
venezolano es no tener dotes de estadista y mucho
menos saber que es eso que llaman institucionalidad.
De hecho, pisotea la de otros países supuestamente
“socios”, en los que sus propios nacionales
saben a conciencia que habría que ser muy ingenuo
para no beneficiarse de la botadera de dinero en nombre
de la “revolución”.
Sobre la base de lo afirmado por Sercovich, por ningún
lado se aprecia que las políticas del gobierno
de Chávez contribuyan en algo con el desarrollo
nacional. Creer que su vociferada gira politiquera
fortalece la economía o el bien común
es una hipocresía moral, una demostración
del nivel de podredumbre al que pretende llegar un
régimen camuflado tras un parapeto de legalidad
que irrita a propios y extraños. Es la “verdad”
de los que no tienen nada que perder, pero que creen
que quizás mucho que ganar. Es simplemente,
la verdad de los embusteros.
* mantezan@cantv.net
Ilustración de Rayma,
diario El Universal
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