| Tres ceros
a la izquierda
Miguel E. Antezana Corrieri
*
Gatosuelto.blogspot.com
21 de Febrero de 2007
Si de algo peca tremendamente el gobierno “socialista”
de Hugo Chávez es de su pésimo manejo
comunicacional y económico, por más
calificativo de “poder popular” que le
haya añadido a todos los ministerios que posee.
La desinformación se respira en el país,
ya que todo se basa en el “se dice que”;
y los únicos escenarios futuros positivos en
materia económica, sólo existen en la
cabeza del ex golpista presidente.
Para variar, pero ahora con el pretexto del inicio
de un nuevo período presidencial, se dio a
conocer un nuevo “esquema” del programa
en el que Chávez se dedica a hablar de lo que
piensa, de lo que quiere hacer, de lo que va a hacer;
pero nunca de verdaderas obras de gobierno o de acuerdos
nacionales, como lo debería hacer un estadista.
Ya eran bastante traumáticos sus maratónicos
programas dominicales, con una hora de inicio pero
sin fin establecido, y de gran sacrificio periodístico
para los medios que debían calarse la verborrea,
a ver si algo era rescatable; aunque ya era previsible
que tras los arrebatos de furia, vendría el
anuncio de alguna medida gubernamental.
Ahora el programa presidencial tendrá una frecuencia
de lunes a viernes en la radio y sólo los jueves
en televisión con la vedette presidencial,
con el “compromiso” de que sólo
tendrán una hora y media de duración.
Además, como para atraer oyentes y televidentes
(cosa extraña, cuando afirman que tienen cuarenta
y pico puntos de rating, o más), el programa
contará con un "récord en primicias
en cada edición, tanto en la versión
radio como en la televisiva". El jueves 15 de
febrero, en su re estreno televisivo, se cumplió
con las primicias y se escogió como área
de enfoque la economía. Pobre economía.
Lo más destacado de sus anuncios fue la orden
dictatorial de Chávez de poner en vigencia
la nueva moneda venezolana: el “bolívar
fuerte”, aunque a nuestro modo de ver el nombre
no refleja las verdaderas intenciones hegemónicas
de “líder”, por lo que podría
cambiar de nombre a uno más llamativo, “comunicacionalmente”
hablando. La fecha de parto también fue establecida:
el 4 de febrero de 2008, un año después
de la patética e indigna celebración
del frustrado golpe de estado que intentara con su
camarilla en el año 1992.
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La nueva
moneda no es más que la actual pero con la
eliminación de tres ceros. Es decir, mil bolívares
de hoy serían una unidad de mañana.
En ese mismo sentido, todos los precios de todas las
cosas reducirían “mágicamente”
su valor dividido entre mil. Y cuando hablamos de
“todos los precios”, nos referimos no
sólo al de los bienes y servicios que se demandan,
sino también a los que se ofertan; o sea, los
sueldos, salarios y todo ingreso que las familias
generan para subsistir. Ya el gobierno continuó
con la mala costumbre de los anteriores de incrementar
por decreto el salario mínimo de la población,
lo que alimentaba el fenómeno llamado “ilusión
monetaria”, ya que los aumentos son sólo
nominales y en términos reales son nulos o
hasta negativos por la alta inflación generada
por el régimen.
Es tan grave, tan inercial, la inflación en
Venezuela, que finalmente Chávez viene tímidamente
aceptando su existencia, pese a la presencia de un
mediocre control de precios que nadie cumple, simplemente
porque no puede vivir, sea comprador o vendedor. Por
ello -suponemos que con mucho dolor- el gobierno ajustó
el precio de productos básicos como la carne
de res, el pollo, los huevos, la leche, y dictaminó
la rebaja o hasta eliminación del cobro del
Impuesto al Valor Agregado (IVA) en un intento por
atacar el “fenómeno” de la inflación,
pero que –contradictoriamente- repercutirá
fuertemente en el índice de precios del mes
de febrero.
Si Venezuela tuvo en 2006 la inflación más
alta de Latinoamérica, y una de las más
altas del mundo, no es en forma gratuita, no es por
un ataque de la CIA, o porque la cause el imperialismo.
La inflación en Venezuela tiene raíces
estructurales que todos los días el gobierno
de Chávez se esmera en abonar y regar para
que siga grande y fuerte. Mientras existan controles
de precios, de cambios, de tasas de interés
y la intención de “nacionalizar”
hasta el modo de caminar y hablar del colectivo, la
inflación seguirá presente y no habrá
decreto que la detenga.
Unámosle a ello la megalomanía presidencial
que lo empuja a estar regalando el dinero venezolano
por donde vaya, a ofrecer ayuda y préstamos
hasta a quien ni lo desee, y a comprometer aportes
en fondos y barriles sin fondo. Todo ello, al final
de cuentas, hipoteca las reservas internacionales
de Venezuela, las cuales –por cierto- supuestamente
tienen un nivel “excedentario”, tanto
que el gobierno puede pedir traspasos de ellas para
utilizarlas a su discreción. En otras palabras,
a la inflación hay que agregarle emisión
de dinero inorgánico, devaluación, y
todas las expectativas racionales e irracionales que
se puedan generar de este escenario revolucionario
y socialista del siglo XXI.
Para quien crea que esto no es nada, la idea de rebajar
el IVA solo cabe en una cabeza netamente populista
y que no tiene un ápice de sentido común
en lo que a economía se refiere. Los ingresos
del estado venezolano dependen de la venta del petróleo
y de la tributación. Sin embargo, los egresos
están creciendo exponencialmente por la compra
de empresas, por la abultada -antigua y nueva- nómina
estatal y por los subsidios directos e indirectos
que Chávez no se atreve a retirar ya que afectarían
su comprado “apoyo popular”.
Sobre la base de lo expuesto, hasta para una persona
lega en economía queda claro el destino de
la cacareada reforma monetaria: el fracaso total.
La moneda venezolana tendrá tanto valor como
la cubana; no los “pesos convertibles”
que utilizan los turistas en la isla, sino aquella
destinada a su miserable población. Mientras
subsistan los controles, los subsidios y las medidas
políticas que generan todas las distorsiones
económicas presentes, de nada servirá
quitarle tres ceros a la moneda, pues la economía
seguirá siendo una falacia, una burbuja que
al menor impacto –interno o externo- puede estallar.
Y eso que no nos hemos referido al aumento del precio
de la gasolina, gran tabú nacional.
Pero, ¿quién podría explicarle
al testarudo ex golpista que lo único que está
haciendo en el poder es destruir la economía
venezolana? Uno de los refranes de la abuela dice
“eres tan inútil como un cero a la izquierda”.
El gobierno “socialista del siglo XXI”
de Venezuela no tendrá sólo uno, sino
tres ceros a la izquierda. ¡¡¡Para
que aprendan los capitalistas!!!
* mantezan@cantv.net
Ilustración de Rayma,
diario El Universal
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