Los protagonistas de las revoluciones son los pueblos, NO los hombres


El 16 de Septiembre de 1976 en La Plata, Argentina, 10 jóvenes estudiantes (con edades comprendidas entre 16 y 18 años) fueron secuestrados por fuerzas especiales coordinadas por el régimen militar argentino de Jorge Rafael Videla. El operativo de intimidación al movimiento estudiantil fue consecuencia de las campañas de los adolescentes reclamando la implantación del boleto de transporte estudiantil. Seis de estos muchachos, cuatro chicos y dos chicas, jamás aparecieron nuevamente. Este acontecimiento se conoció como “La Noche de los Lápices”, que fue posteriormente inmortalizado en una película de igual nombre basada en el testimonio de Pablo Díaz, uno de los jóvenes secuestrados.

Pablo describe, en la película, una conversación que mantiene con un guerrillero que se encuentra detenido en una celda contigua a la suya. Ante la insistencia de Pablo por conocer lo que sentía su vecino, quién posiblemente nunca sería liberado con vida, este le restó importancia a su detención, heridas, torturas sufridas y posible muerte, al indicar que “Los protagonistas de las revoluciones son los pueblos, NO los hombres”.

Dos son mis reflexiones de la simetría entre la Argentina de 1976 y la Venezuela de 2009:
1) Muy distante al pensamiento del vecino de cárcel de Pablo se encuentran los ideales del actual gobernante de Venezuela. Para Hugo Chávez no es posible concebir una Revolución en la República sin él a la cabeza concentrando el poder totalitario de cualquier decisión a tomar en el país, no importando que no sean de su competencia, sino de instituciones virtualmente independientes tales como el Tribunal Supremo de Justicia, la Asamblea Nacional, la Fiscalía, el Consejo Nacional Electoral. Para Hugo el protagonista de la Revolución es Chávez, NO el Pueblo, debido a que este último no podría subsistir ante la ausencia del primero.

2) El temor de un gobierno autoritario a la fuerza estudiantil, a las masas jóvenes, políticamente vírgenes pero conscientes de la situación nacional, valientes, con ideales desinteresados, ingeniosos en un ambiente que cada vez restringe más la posibilidad de expresión pública de cualquiera que consideren sus adversarios. El régimen ejecutivo ante su incapacidad de dar respuestas a las necesidades del pueblo recurre a la represión y a la criminalización de los actos pacíficos estudiantiles, para así evitar que su mensaje sea escuchado y repetido por el resto de la población.

En los últimos años ha quedado en evidencia que son diametralmente opuestos los objetivos de lucha común de los jóvenes venezolanos y el incesante culto a la personalidad propiciada por Chávez a su figura. El régimen chavista desde hace tiempo no sólo perdió a los intelectuales que lo apoyaban, a los jóvenes, a los estudiantes sino también su capacidad de movilización y su único impulso son las cantidades descomunales de recursos monetarios con los que cuenta y no escatima en malgastar en su intento de comprar consciencias.

Argentina y Venezuela no son los únicos países en los que gobiernos autoritarios han utilizado mecanismos represivos y violentos al sentirse amenazados por los movimientos estudiantiles. El 1989 el gobierno comunista de China asesinó entre 2.000 y 3.000 jóvenes (de acuerdo a estimaciones de la Cruz Roja) para acabar con la protestas pacíficas por la apertura democrática que se llevaron a en la plaza Tiananmen de Beijing. En 1999 estudiantes de Irán iniciaron manifestaciones pacíficas en Teherán para protestar contra el cierre del periódico reformista “Salam”, mientras que la policía del régimen del país islámico reaccionó atacando al dormitorio estudiantil, matando a tres estudiantes, hiriendo a doscientas personas y arrestando aproximadamente a 1.300 escolares.

No todos las manifestaciones estudiantiles han tenido un efecto a corto plazo, pero generalmente son la chispa que permite despertar los motores de la población acostumbrada a los abusos de poder de las autoridades; son la semilla que germinará para crear conciencia dentro y fuera de las fronteras del país donde se desarrollan. El movimiento Serbio “Otpor” (que significa resistencia en serbio) se formó para manifestar en contra de las leyes impuestas a las Universidades por el gobierno de Slobodan Milosevic, y terminaron por derrotarlo políticamente en las elecciones del año 2000. Otpor trascendió los límites de Serbia influenciando así otros movimientos estudiantiles en la Europa del Este, tales como “Kmara” en Georgia (que representó un papel estelar en la Revolución Rosa de ese mismo país) y “Pora” en Ucrania que convergió en la Revolución Naranja.

En Venezuela desde hace años la única Revolución evidente es la de nuestros estudiantes: La Revolución de las Palmas Blancas, y sus protagonistas son los jóvenes venezolanos.





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