| Los protagonistas de las revoluciones
son los pueblos, NO los hombres
Jorge Combellas
www.11abril.com
New York 09 de Febrero de 2009
El 16 de Septiembre de 1976 en La Plata, Argentina,
10 jóvenes estudiantes (con edades comprendidas
entre 16 y 18 años) fueron secuestrados por
fuerzas especiales coordinadas por el régimen
militar argentino de Jorge Rafael Videla. El operativo
de intimidación al movimiento estudiantil fue
consecuencia de las campañas de los adolescentes
reclamando la implantación del boleto de transporte
estudiantil. Seis de estos muchachos, cuatro chicos
y dos chicas, jamás aparecieron nuevamente.
Este acontecimiento se conoció como “La
Noche de los Lápices”, que fue posteriormente
inmortalizado en una película de igual nombre
basada en el testimonio de Pablo Díaz, uno
de los jóvenes secuestrados.
Pablo describe, en la película, una conversación
que mantiene con un guerrillero que se encuentra detenido
en una celda contigua a la suya. Ante la insistencia
de Pablo por conocer lo que sentía su vecino,
quién posiblemente nunca sería liberado
con vida, este le restó importancia a su detención,
heridas, torturas sufridas y posible muerte, al indicar
que “Los protagonistas de las revoluciones son
los pueblos, NO los hombres”.
Dos son mis reflexiones de la simetría entre
la Argentina de 1976 y la Venezuela de 2009:
1) Muy distante al pensamiento del vecino de cárcel
de Pablo se encuentran los ideales del actual gobernante
de Venezuela. Para Hugo Chávez no es posible
concebir una Revolución en la República
sin él a la cabeza concentrando el poder totalitario
de cualquier decisión a tomar en el país,
no importando que no sean de su competencia, sino
de instituciones virtualmente independientes tales
como el Tribunal Supremo de Justicia, la Asamblea
Nacional, la Fiscalía, el Consejo Nacional
Electoral. Para Hugo el protagonista de la Revolución
es Chávez, NO el Pueblo, debido a que este
último no podría subsistir ante la ausencia
del primero.
2) El temor de un gobierno autoritario a la fuerza
estudiantil, a las masas jóvenes, políticamente
vírgenes pero conscientes de la situación
nacional, valientes, con ideales desinteresados, ingeniosos
en un ambiente que cada vez restringe más la
posibilidad de expresión pública de
cualquiera que consideren sus adversarios. El régimen
ejecutivo ante su incapacidad de dar respuestas a
las necesidades del pueblo recurre a la represión
y a la criminalización de los actos pacíficos
estudiantiles, para así evitar que su mensaje
sea escuchado y repetido por el resto de la población.
En los últimos años ha quedado en evidencia
que son diametralmente opuestos los objetivos de lucha
común de los jóvenes venezolanos y el
incesante culto a la personalidad propiciada por Chávez
a su figura. El régimen chavista desde hace
tiempo no sólo perdió a los intelectuales
que lo apoyaban, a los jóvenes, a los estudiantes
sino también su capacidad de movilización
y su único impulso son las cantidades descomunales
de recursos monetarios con los que cuenta y no escatima
en malgastar en su intento de comprar consciencias.
Argentina y Venezuela no son los únicos países
en los que gobiernos autoritarios han utilizado mecanismos
represivos y violentos al sentirse amenazados por
los movimientos estudiantiles. El 1989 el gobierno
comunista de China asesinó entre 2.000 y 3.000
jóvenes (de acuerdo a estimaciones de la Cruz
Roja) para acabar con la protestas pacíficas
por la apertura democrática que se llevaron
a en la plaza Tiananmen de Beijing. En 1999 estudiantes
de Irán iniciaron manifestaciones pacíficas
en Teherán para protestar contra el cierre
del periódico reformista “Salam”,
mientras que la policía del régimen
del país islámico reaccionó atacando
al dormitorio estudiantil, matando a tres estudiantes,
hiriendo a doscientas personas y arrestando aproximadamente
a 1.300 escolares.
No todos las manifestaciones estudiantiles han tenido
un efecto a corto plazo, pero generalmente son la
chispa que permite despertar los motores de la población
acostumbrada a los abusos de poder de las autoridades;
son la semilla que germinará para crear conciencia
dentro y fuera de las fronteras del país donde
se desarrollan. El movimiento Serbio “Otpor”
(que significa resistencia en serbio) se formó
para manifestar en contra de las leyes impuestas a
las Universidades por el gobierno de Slobodan Milosevic,
y terminaron por derrotarlo políticamente en
las elecciones del año 2000. Otpor trascendió
los límites de Serbia influenciando así
otros movimientos estudiantiles en la Europa del Este,
tales como “Kmara” en Georgia (que representó
un papel estelar en la Revolución Rosa de ese
mismo país) y “Pora” en Ucrania
que convergió en la Revolución Naranja.
En Venezuela desde hace años la única
Revolución evidente es la de nuestros estudiantes:
La Revolución de las Palmas Blancas, y sus
protagonistas son los jóvenes venezolanos.
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