| Amo a mi País,
detesto a su Presidente
Víctor García
Crespo
http://porunasolavenezuela.blogspot.com
13 de Febrero de 2008
Cuando en 1992 Carlos Andrés Pérez (CAP)
fue objeto de la intentona golpista por parte de Hugo
Chávez y acompañantes, debo confesar
que sentí cierta simpatía por la asonada
militar. Sin duda, me sentía un demócrata
frustrado. La constante demagogia, ansias de poder
y desprecio por parte de los partidos tradicionales
hacia los estratos mas necesitados habían casi
destruido la fe del pueblo venezolano en la democracia.
Aunque la intentona golpista fracasó, la democracia
pareció dar pasos hacia su reivindicación.
Rafael Caldera, a raíz de esa rebelión
pronunciaría un discurso ante el país
que interpretó mis sentimientos. Dijo Caldera
que él “no había visto en los
ciudadanos “…la misma reacción
entusiasta, decidida y fervorosa por la defensa de
la democracia”. Sin embargo, la democracia hizo
algunos esfuerzos por recuperarse. Poco mas tarde
CAP fue acusado, juzgado y sentenciado por actos de
corrupción.
El discurso de Rafael Caldera lo catapultaría
de nuevo a la presidencia de la republica. Su gobierno,
sin embargo, dejaría una vez más la
justicia social en el limbo y a la probidad sin acceso
a las arcas oficiales. Las esperanzas continuarían
atormentando al pueblo venezolano
Pero nadie podría acusar a Caldera de no ser
un hombre apegado al orden y a la pacificación
democrática. En 1994 decidió conceder
amnistía a los militares rebeldes y los dos
más prominentes líderes del alzamiento,
Hugo Chávez y Francisco Arias Cárdenas,
quedaron libres para incursionar en la política
democrática venezolana.
De esta manera, apoyados en la” simpatía”
que despertaron sus acciones anticonstitucionales,
los militares golpistas supieron ganarse el apoyo
popular y Francisco Arias Cárdenas fue elegido
como Gobernador del Estado Zulia y Hugo Chávez
se convirtió en 1998 en Presidente de Venezuela
obteniendo una victoria contundente.
Mi voto no sumó en esa mayoría, pero
debo confesar que la victoria de Hugo Chávez
no dejó de causarme cierto regocijo Al fin
y al cabo su victoria representaba una derrota a todo
lo que yo despreciaba: Unos líderes y partidos
políticos que hicieron mal uso del estamento
democrático y que fueron incapaces de anteponer
con firmeza y patriotismo los intereses del país
encima de los que les eran propios, dejando a un pueblo
inerme que con rabia contenida veía que la
riqueza de la nación no era parte de sus vidas.
Mas debo también confesar que mi desprecio
a ese pasado nunca pasó de ser eso, un desprecio,
jamás detesté u odié a los componentes
diversos de esa democracia. Al fin y al cabo, esa
democracia nunca cerró las puertas a las posibilidades
de un cambio. La prueba mas evidente de ello fue la
participación y el triunfo de Hugo Chávez.
Es cierto que esa democracia me defraudó y
a muchos de sus dirigentes desprecié, pero
mi contextura ideológica y formación
humana jamás albergaron odio. Hasta hoy...
Hasta hoy que reflexiono sobre esa simpatía
inicial que me pudo haber causado la intentona golpista
y el triunfo electoral de Hugo Chávez, y la
contrasto con lo que he observado, vivido y sentido
por sus acciones de gobierno y lo que le ha hecho,
está haciendo y desea hacer a la democracia
de mi país.
¡Detesto a Hugo Chávez y todo lo que
él representa…!
¿Cómo no detestar, aborrecer y odiar
hasta que el odio canse, a un jefe de estado que no
siente vergüenza ni decoro alguno cuando niños
entre 5 y 10 años de edad, son utilizados y
preparados para mostrarlos ante el país bajo
el regazo del presidente recitando de memoria y con
gestos cónsonos a cada frase los méritos
del gobierno y la “grandeza” del líder
“revolucionario”?
¿Cómo no detestar a un hombre que disfrutó,
celebró y se solidarizó con un discurso
inconstitucional del presidente de nuestra empresa
petrolera donde éste se regocijó de
haber despedido a mas de 18.000 trabajadores, se vanaglorió
que gracias a ello la empresa pasó a ser “roja,
rojita” y con descaro conminó a los empleados
que pudiera tener reservas a irse de la empresa o
en su defecto les “harían hacer saber
que estaban en medio de una revolución a punta
de “carajazos”?
¿Cómo no odiar a quien está llevando
a la ruina a nuestro país y comprometiendo
el futuro de las próximas generaciones dilapidando
sin control alguno nuestros recursos a través
de dádivas y condonaciones de deudas a otros
países solo para lograr o ampliar el apoyo
de un proyecto personal mientras que descuida la atención
a la salud, vivienda, alimentación y educación
del pueblo venezolano?
¿Cómo no detestar a un hombre que carece
de moral para hablar de los logros de sus emblemáticos
programas sociales, tales como la Misión Barrio
Adentro y los Mercados Populares (Mercal) cuando sus
mismos partidarios concluyen que después de
9 años debido a incompetencia, corrupción,
improvisación debe admitirse que la Misión
Barrio Adentro es un “maravilloso plan que se
vino abajo” y Mercal presenta sus anaqueles
vacíos constituyendo otro “programa maravilloso
en proceso de extinción”?
¿Cómo no detestar a un presidente que
propone una reforma constitucional para perpetuarse
en el poder y una vez que su propuesta es derrotada
califica la victoria de sus oponentes como “una
victoria de mierda” y con descaro pretende burlarse
el mandato popular afirmando que “arbitrará
otros medios” para lograr sus fines.?
¿Cómo no detestar a un hombre que cercena
la libertad de expresión clausurando un canal
de televisión porque le era crítico
y que ha limitado la libertad de los otros canales
como condición previa para que puedan continuar
vigentes, obligando a los periodistas de esos medios
a autocensurarse comprometiendo sus dignidades para
mantener sus empleos?
¿Cómo no detestarlo si se ha apoderado
de los canales del Estado para promover exclusivamente
su persona y su gobierno convirtiéndolos a
su vez en un reductos casi destinado exclusivamente
para ofender y descalificar a las personas e instituciones
que se le oponen.?
¿Cómo no detestarlo si ha diseñado
una campaña voraz para cerrar el único
canal restante privado que no se ha arrodillado a
sus presiones y que continúa corajudamente
ejerciendo un periodismo informativo y examinador
de sus exabruptos políticos… ¿Cómo
no detestarlo si acusa a ese canal de “terrorista
y traidor al país”, mientras que decide
eliminar el calificativo de terroristas a las Fuerzas
Armadas de Liberación y al Ejército
de Liberación de Colombia quienes asesinan,
secuestran y hace del narcotráfico su modus
vivendi y por ello son consideradas terroristas por
todo el mundo civilizado?.
¿Cómo no detestarlo cuando se autocalifica
de humanitario por haber contribuido al rescate de
personas secuestradas y mancilladas por las FARC cuando
es del dominio público que tal carácter
“humanitario” no es más que un
juego diseñado en conjunto con esa organización
terrorista para lograr objetivos estrictamente políticos
y por ende alejados de cualquier acto que implique
sensibilidad humana?
¿Cómo no detestarlo, aborrecerlo y despreciarlo,
si amenaza con la probabilidad de una guerra contra
un país hermano, solo para cubrir sus fracasos?
¿Cómo no detestarlo si nuestra empresa
petrolera acaba de ser demandada por la Exxon Mobile
por 12 mil millones de dólares por un evidente
manejo inadecuado de negociaciones entre el Estado
y esa empresa y para ocultar su incompetencia recurre
a las amañadas y trilladas consignas de nacionalismo
contra imperialismo, o Chávez contra Bush o
vieja PDVSA versus la PDVSA roja rojita que demagógicamente
él dice que “ahora es de todos”?
Desgraciadamente para Hugo Chávez, su conquista
del poder fue por elecciones y no como soñó
originalmente: Tomarlo por la fuerza. Ello lo ha llevado
a tener que luchar contra la arraigada conciencia
democrática de un pueblo que, si bien inicialmente
se dejó hechizar por su demagogia (bien sustentada
y manejada gracias al precio del barril petrolero)
y por su verbo de fácil acceso a la desesperanza,
ha encontrado en sus mismas acciones el antídoto
para el hechizo. Cada día mas venezolanos comprueban
su incompetencia, egolatría y actos de destrucción
de la nación que lo han mostrado al desnudo
como lo que es: Un petulante cuya ideología
política es una caricatura conformada por citas
del pensamiento de Jesucristo, Simón Bolívar,
José Martí y Carlos Marx que carecen
de alguna profundidad académica, y ni siquiera
pragmática, cuyo verdadero fin es soliviantar
la ingenuidad de las masas populares para consolidar
su liderazgo personal.
Hábilmente, Hugo Chávez ha tratado,
y sin duda continuará tratando, de dividir
el país a través de la incitación
al odio entre los venezolanos estimulando así
una potencial lucha de clases que eventualmente pueda
convertirse en violenta que le permita al fin suprimir
todas las libertades individuales y así poder
emular al comandante cubano que tanto admira y lo
inspira. Tal vez mi sentimiento hacia Hugo Chávez
es una evidencia del éxito que puede haber
logrado en su esparcimiento del odio. Por fortuna,
mi vida nació y transcurrió por largo
tiempo bajo un techo de zinc y paredes de bahareque,
por lo que jamás podría canalizar y
extrapolar la repugnancia que él me causa para
enfrentar a aquellos que, teniendo poco o nada, reciben
ahora migajas que palian sus miserias para alimentar
sus esperanzas absurdas que les muestran el espejismo
de un Mesías que se viste de rojo. Felizmente,
estoy convencido que la suerte del Teniente Coronel
está echada en la mesa de su propia destrucción
por mentiroso e incompetente y las posibilidades de
una Nueva Venezuela están cada día más
cerca en un Horizonte donde se divisa, al fin, una
conciencia democrática que de una vez diga
NO mas engaños al pueblo humilde de Venezuela.
Si deseas publicar un art�culo, env�alo a articulos@11abril.com
|