Despertaron Nuestros Hijos





Muchos lamentamos hoy haber perdido la juventud porque crecimos. Muchos estamos confundidos porque les decimos a los jóvenes que cometen un error al creer que la inteligencia sustituye a la experiencia mientras que nosotros cometemos el error al creer que la experiencia es un sustituto de la inteligencia. Más, en medio de esta añoranza y confusión acerca del inevitable pasaje de la juventud a la vejez, hay caminos que los mayores siempre hemos señalados, especialmente a los hijos para que, una vez que el calor de la juventud los encienda y empiecen a transitar la vía en busca de un futuro, traten de transitarlos cargados de educación pero enarbolando las banderas de la libertad, justicia y equidad. Porque todo ser humano con años a cuestas está conciente que toda sabiduría o conocimiento será inútil si ambos no se aplican o se ejercen en un mundo donde las ideas de los hombres puedan divergir sin dejar de convivir.

Hasta solo hace unos días, en la patria nuestra, Hugo Chávez, parecía navegar libremente hacia la culminación de sus ambiciones totalitarias. Una dirigencia opositora derrotada parecía conformarse con esporádicos despertares del pueblo opositor, no por iniciativa de ellos sino más bien por las peripecias estimulantes del teniente coronel con sus medidas cortantes de la libertad de expresión y de impunidad jurídica. De repente, Hugo Chávez decidió cerrar el medio televisivo más importante del país con supuestos argumentos legales pero inocultables y evidentes intereses políticos. La jugada, sin embargo, trajo esas consecuencias imprevistas las cuales, tal vez, Hugo Chávez jamás imaginó, y con su acción detonó el disparo que despertaría a un sector que hasta hace poco parecía hacernos creer que nuestros esfuerzos por señalarles y abrirles caminos habían sido en vano: La Juventud Estudiantil de Venezuela.

Aquellos a quienes los años ya nos pesan, hemos visto con orgullo como los caminos que una vez señalamos han empezado a sentir los pasos de cuerpos frescos y lozanos enarbolando el legado de las banderas de libertad, justicia y equidad y que se resisten a aceptar una revolución estigmatizada por un solo pensamiento ideológico donde, según las propias palabras del mandatario venezolano, “cada espacio institucional tiene que estar al servicio del denominado socialismo del siglo XXI bajo la consigna de Patria, Socialismo y Muerte”. Los estudiantes venezolanos, habiéndose formados en aulas donde siempre aprendimos y enseñamos que solo la lucha de las ideas permite acercarse a la verdad , la cual, por escurridiza e incierta, requiere que todas las ideas vivan en paz en medio de la diatriba, están concientes que su futuro está en peligro si, una vez que culminen sus estudios, tienen que aceptar, para sobrevivir, consignas donde el amor a la patria se pretende reducirlo a un solo pensamiento ideológico o en su defecto conduce a la Muerte.

Voceros del gobierno, fieles a ese empeño en cultivar la lucha de clases para justificar su revolución no han vacilado en calificar la protesta estudiantil como clasista, llamándolos hijos de ricos, otros han hecho llamados a los sectores mas populares de las barriadas del país a estar prestos a salir a la calle a confrontar las marchas, bajo la premisa que las protestas estudiantiles no son mas que una expresión disfrazada de los frustrados golpistas del 11 de abril. Por su parte, los estudiantes han confirmado que son genuinos en sus demandas y autónomos en su dirección, refutando el intento de “oligarquizarlos” afirmando “nosotros somos los barrios” fundamentados en que agrupan todas las universidades del país. Sin duda, el mapa político venezolano, de ahora en adelante, tiene un nuevo protagonista con una fortaleza que puede convertirse en avasallante.

Dada la naturaleza del gobierno venezolano, manipulador, cercenador y calumniador del que se le opone, no podemos asegurar si este movimiento estudiantil logrará echar las raíces que con anhelo esperamos, pero no hay duda que una nueva semilla está ya sembrada y empezó a germinar. Pronto, la Asamblea Nacional tendrá que oírlos, logro inédito desde que el gobierno tiñó completamente de rojo el parlamento, y al menos por un día habrá una voz disidente en el supuesto recinto de la representación popular. No vacilamos en creer que más de un diputado tratará de desacreditarlos o, lo que es peor, subestimarlos o maniobrar para reducir sus acciones. A esos diputados, es bueno recordarles que de los 15.921.937 venezolanos inscritos en el registro electoral, casi 10 millones de venezolanos no votaron por Hugo Chávez el 4 de diciembre pasado, bien porque votaron en contra o porque se abstuvieron, es decir, mas del 60%. En otras palabras, la mayoría de los venezolanos no votó por el proyecto político que pretende imponerse. Aun dentro de las mismas fuerzas del gobierno, ya empiezan a oírse voces disidentes a las cuales ya el presidente ha empezado a desacreditar y a amenazar.

A esos jóvenes estudiantes venezolanos vaya nuestra solidaridad y que sepan que enorgullecen a millones de venezolanos que no cesaremos en luchar porque se rescaten la pluralidad de ideas, independencia institucional y la seguridad personal y jurídica. Sin embargo, no deben olvidar que el compromiso que han adquirido tiene ante si un adversario que no ha ocultado que la violencia, eventualmente, puede ser el arma para eliminar a los “contrarrevolucionarios” y que no vacila en sus arengas a incluirnos a todos el “saco de la contrarrevolución” solo porque no comulgamos con sus ideas. Será una lucha ardua, dura y larga cuyos frutos dependerán del mismo pueblo venezolano.

A esos jóvenes venezolanos que hoy inspiran a millones de compatriotas es bueno recordarles que un filósofo una vez dijo: “La peor corrupción que a la juventud se le puede hacer es enseñarla a mantener en alta estima a aquellos que piensan de una manera similar a uno y subestimar a aquellos que piensan de una manera diferente”. No hay duda que los diputados y voceros del gobierno tratarán de subestimarlos, pues ellos conciben un mundo homogéneo donde un solo pensamiento brille. Simplemente, no se dejen, enseñen Ustedes a ellos que sus mentes son libres e incorruptibles porque creen sin vacilación que la verdadera libertad del ser humano reside en su libertad a pensar diferente, a expresar ese pensamiento sin miedo y estimar por igual al que pueda pensar diferente.





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