Laberintitis binacional
Por María Teresa Romero
09 de Febrero de 2005


SEAMOS JUSTOS Y OBJETIVOS. Colombia dio el primer paso para la conciliación. Envió dos comunicados mesurados. Fue Alvaro Uribe quien resolvió venir a Caracas con el fin de escuchar a su homólogo y de adelantar una estrategia binacional contra el terrorismo y otros delitos; "todo ello en armonía con la voluntad política conjunta". El primer comunicado aclaraba que el incidente quedaba superado y de "común acuerdo" entre los dos gobiernos. El segundo envío, si bien no incluyó las disculpas exigidas por Venezuela, expresó la mayor disposición de revisar los hechos "a fin de que si han resultado inconvenientes al examen de Venezuela, no se repitan".

El posterior comunicado venezolano, reforzado en declaraciones del canciller Alí Rodríguez, no desmintió los textos del vecino. Los consideró, más bien, "gestos positivos". El gobierno bolivariano se comprometió a rechazar la presencia de grupos ilegales en el territorio nacional "sean de la naturaleza que sean". Confiado en estos acuerdos, vino el anunció de Uribe sobre la superación de la crisis y el nacimiento de una nueva etapa entre los dos países.

De modo que no es de extrañar que las palabras del presidente Chávez en el reciente Foro Social Mundial, provocaran malestar. Allí negó que el conflicto estuviera solventado; dijo que todo dependía del "tono y la franqueza" del mandatario colombiano. Es obvio que los comunicados no daban por resuelto el complejo problema de fondo entre Colombia y Venezuela, pero sí el impasse actual. Las palabras presidenciales contradecían y confundían lo acordado. En la opinión del diario argentino La Nación: "La buena voluntad de Alvaro Uribe se ha estrellado contra la actitud descomedida de Chávez y su tendencia a emitir declaraciones altisonantes, cuando no a incurrir en bravatas destempladas".

Puede que el inflamado verbo de Puerto Alegre sólo buscara cautivar a la audiencia de jóvenes contestatarios, ahora abucheadores de Lula Da Silva. Un líder revolucionario ecuménico no cede frente a la oligarquía paisa ni ante el imperialismo yanqui. Pero el discurso sí causó escozor (y fastidio) en Colombia y en las cancillerías latinoamericanas seriamente activadas para mediar en un conflicto serio. Aún no logramos ver los efectos reales. Por ahora, las relaciones siguen en vilo por una inoportuna laberintitis.


Fuente: El Universal



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