Gustavo Coronel: Carta Abierta a Hugo Chávez
sobre Petróleos de Venezuela
(Open letter to President Chavez, Translated and edited by Maritza Agena)





Señor Presidente:

A los seis años completos de su presidencia es posible y necesario hacer una evaluación de la situación en la cuál se encuentra nuestra principal empresa nacional: Petróleos de Venezuela. Estará usted de acuerdo en que sin una industria petrolera eficiente, financieramente sana y bien gerenciada, no habrá garantías para el desarrollo de nuestro país.

La situación actual de Petróleos de Venezuela puede resumirse en una sola palabra: desastrosa. Este desastre es el resultado de la manera suicida como usted y sus seguidores han manejado esta empresa, convirtiéndola en un simple instrumento político para tratar de captar adeptos continentales para su revolución y en una especie de banco particular para los programas, algunos bien intencionados, otros no, de su régimen.

El desastre actual comenzó con la selección de los gerentes de la empresa. Después de un breve período de gerencia profesional, a cargo de Roberto Mandini, usted decidió colocar en la presidencia de la empresa a Héctor Ciavaldini, un ex-empleado de la Corporación, quien mantenía en ese momento una demanda contra la empresa por asuntos salariales. Apartando por un momento este evidente conflicto de intereses, lo cierto es que Ciavaldini no calzaba, ni remotamente, los puntos necesarios para manejar una empresa de la complejidad de PDVSA. Ello se constató con su inepto manejo de las relaciones de la empresa con el sector sindical. De allí que usted decidiera reemplazarlo con Guaicaipuro Lameda, militar activo y aparentemente leal a su régimen. Lameda resultó ser un hombre honesto, vio la realidad interna de PDVSA y la contrastó con el caos imperante en su administración pública. Su lealtad se trasladó de su régimen a la institución y eso le causó su despido, hecho de la manera inelegante que usted acostumbra utilizar para tomar decisiones sobre el recurso humano nacional. Su reemplazo, Gastón Parra, representó un insulto para los sectores gerenciales y técnicos de la empresa.

Usted precipitó la crisis de Abril 2002.
Como usted admitió en un discurso ante la Asamblea Nacional, pronunciado frente al cuerpo diplomático, el nombramiento de Gastón Parra tenía como principal objetivo el de causar el rechazo de los técnicos y gerentes de la empresa y aprovechar este rechazo para atacarla y asumir su control político y financiero. Lo que usted no valoró en su debida magnitud fue la intensidad del rechazo que ese nombramiento causaría. El nombramiento de Parra y de su incoloro grupo de directores llevó a una huelga de gerentes y técnicos de PDVSA, la cuál desembocó en una gran marcha popular el 11 de Abril de 2002 y en el anuncio de su renuncia hecho por el General en Jefe Lucas Rincón Romero en la madrugada del 12 de Abril. A pesar de su regreso, gracias al apoyo de otros sectores militares, usted provocó en Abril 2002 un rechazo popular de tal magnitud que ni usted ni la nación se han recuperado aún de sus efectos. Parra tuvo que irse (ahora nada menos que colocado ahora en el Banco Central!) y usted buscó una persona mas “conciliadora” para el importante cargo: Alí Rodríguez. Rodríguez es una persona de antecedentes violentos, ex-guerrillero y experto en explosivos, un tanto atemperado en su actitud por los años de congresista y los pasados en la civilizada Viena como alto funcionario de la OPEP. Sin embargo, pronto fue aparente que Rodríguez tampoco era la solución para una empresa en acelerada declinación. Su enfoque no era técnico ni gerencial ni podía serlo porque sus conocimientos sobre la industria petrolera son escasos. Su enfoque era político, dedicado a la sobrevivencia y a la consolidación de su poder en la empresa mediante la utilización del empleo y del dinero como herramientas para lograr tales objetivos.

Con Rodríguez PDVSA se convirtió en PPTSA.
Con Rodríguez PDVSA cambió de nombre en la imaginación popular y se convirtió en PPTSA. El forcejeo de poder dentro de la empresa se acrecentó. Al menos tres facciones se disputaban y aún se disputan parcelas de poder: los militares, los ultra-radicales y los pepetistas. Mientras este forcejeo progresaba la empresa se estaba hundiendo aceleradamente: la producción mermaba; los derrames petroleros alcanzaron niveles nunca vistos; las refinerías comenzaron a mostrar señales de bajo rendimiento; los tanqueros comenzaron a corroerse; desaparecieron, al menos en su concepción original, los centros de investigación y de entrenamiento; los técnicos y gerentes despedidos por usted en televisión fueron reemplazados por amigos del régimen, llegándose a los niveles de empleo mas altos en la historia de la empresa. PDVSA dejó de entregar sus Estados Financieros a la Security Exchange Commision y dejó de celebrar reuniones transparentes y profesionales de accionistas. Usted creyó reemplazar este caos con un slogan fácil: “Ahora PDVSA es de todos”, pero lo cierto es que ha convertido a PDVSA, con sus maniobras, en una caja negra que tendrá que esperar a ser abierta por quien lo reemplace, algún día, en la presidencia. Nunca antes PDVSA había sido menos de todos y más de una pequeña camarilla política. Cuando Rodríguez fue despedido usted lo reemplazó con el Ministro Ramírez. Al hacerlo, selló definitivamente la tragedia de PDVSA, al convertirla en un mero instrumento político. Esto fue lo que la PDVSA original nunca quiso ser. Ahora, el Ministro y el presidente de PDVSA son la misma persona y responde a los caprichos suyos. Nadie puede manejar eficientemente un Ministerio y una Empresa de tan alta complejidad. El desastre de PDVSA era inevitable, sobretodo cuando la razón fundamental de esta designación no fue el bien de la institución sino su férreo control político. Bajo Ramírez PDVSA ha acelerado su proceso de descomposición: la producción ha seguido bajando, las refinerías presentan graves problemas operacionales, la corrupción se ha intensificado en las áreas de contrataciones, empleos, comercialización y a través del mal uso de activos corporativos con fines personales entre gerentes de alto nivel. Los estados financieros continúan sin aparecer, los contratos con las empresas operadoras son objeto de modificaciones unilaterales mientras estas empresas son acusadas por Ramírez de evasión de impuestos y otras irregularidades.

Ninguna empresa puede progresar cambiando presidentes como de traje.
¿Qué puede esperarse, Sr. Presidente, de una empresa que es sometida a siete directivas diferentes en seis años? Ni siquiera una cantina militar puede sobrevivir en buena forma sometida a siete diferentes administradores. ¿Sabía usted que una empresa petrolera cuyo negocio es internacional debe competir con poderosas corporaciones cuya planificación es parte clave de su éxito? ¿Qué posibilidad de éxito podía tener una PDVSA que cambiaba de manos cada 10 meses y había abandonado casi por completo la planificación de sus actividades?

¿Piensa usted acaso que el petróleo se encuentra sin explorar, se produce sin técnicas de recuperación secundaria, se refina sin mantenimiento de las plantas y entrenando a los trabajadores en el uso del fusil, se transporta en tanqueros arruinados, se vende a través de intermediarios o se regala a los amigos? Los venezolanos no le podemos pedir a un presidente que sea un experto petrolero pero si tenemos derecho a pedirle respeto para quienes si conocen el negocio y pedirle respeto por el buen uso de los recursos petroleros.

¿Qué se ha hecho el dinero del petróleo?
En los seis años de su régimen unos $120000 millones han entrado al país por concepto de la venta de un petróleo que nunca más volverá. ¿Dónde está ese dinero, que ha hecho usted con ese dinero, cuando va a rendir cuenta a todos los venezolanos por la utilización de ese dinero?

Ser presidente, debe usted saberlo ya, exige mucho mas que dar interminables discursos. Tiene que ver, entre muchas otras cosas, con poner a las empresas nacionales en manos de gerentes profesionales y dejarlas operar sin intromisión política. Significa permitir que estas empresas retengan recursos suficientes para su mantenimiento y que presenten cuentas oportunamente a la nación de lo que han hecho y lo que piensan hacer. Yo creo que usted no está consciente del inmenso daño que le ha hecho a nuestro país al condenar a PDVSA al desastre. Este desastre está cerca de ser irreversible, dada la descomposición que presenta la empresa. Mientras PDVSA continúe en manos de los incompetentes que usted ha colocado allí y esté operada en base a motivos políticos y no comerciales, no habrá ninguna esperanza de recuperación, ni para PDVSA ni para Venezuela.

Usted es el responsable por este desastre.

Gustavo Coronel




* Geólogo, graduado en 1955, Miembro de la primera Junta Directiva de Petróleos de Venezuela.





Open Letter to President Chavez
Concerning the Venezuelan Oil Company
By Gustavo Coronel, May 11, 2005
Translated and edited by Maritza Agena



Mr. President,

You would probably agree with me, that in principle, without a properly managed and well financed oil industry, there are no guarantees that our country will ever attain economic development and prosperity. As you celebrate over six years in office, I would like to assess the situation of Venezuela’s most important state-owned corporation and principal source of revenue, the Venezuelan Oil Company (PDVSA).

The current situation of PDVSA can be described as disastrous, as result of the destructive manner in which you and your henchmen have managed it. You have used oil as a political instrument to buy support, in the Western Hemisphere, for your revolution. You have also used the oil company to finance social programs destined to alleviate, only temporarily, the suffering of the poor; instead of developing and implementing long lasting solutions to the problems that afflict the country.

The downfall of the Venezuelan Oil Company began with the appointment of incompetent accomplices to top managerial positions. Action perpetrated to obtain total control of the Venezuelan Oil Company.

You Mr. President, replaced Roberto Mandidi, after a brief but excellent performance as President of PDVSA, by Hector Ciavaldini -- a former PDVSA employee who had filed a legal suit against the corporation for disagreements on compensation matters. The appointment of Mr. Ciavaldini was completely inappropriate and his lack of expertise and managerial skills resulted in serious problems with the oil unions.

Then you appointed General Guaicaipuro Lameda, who was apparently a loyal supporter of your regime. Lameda, however, after assessing the chaos reigning in the corporation, decided to rebuild PDVSA and ignore your orders. Lameda’s honesty cost him is job.

You proceeded to appoint Gaston Parra as the new president, action taken as an insult by PDVSA managers and oil workers.

You Mr. President, precipitated the April 2002 crisis. During a speech you made before the National Assembly and foreign diplomats, you admitted that appointing Gaston Parra was a premeditated action aimed to provoke PDVSA managers and oil workers and then to use their insubordination as an excuse to consolidate the political and financial take over of the Venezuelan oil industry.

What you did not foresee, was the magnitude of the popular rejection to Parra’s appointment and the imminent strike of the oil workers being supported by a massive civilian protest on April 11, 2002. The subsequent chain of events and your unconstitutional order to use heavy military equipment against unarmed civilians propelled top ranking military officials into demanding your resignation, which you accepted. The announcement was made by General Lucas Rincon Romero on national television during the early hours of April 12. Despite your return to the Presidency, to this day, neither the nation nor you have recuperated from the tragic events that unfolded as a consequence of the overwhelming popular rejection of your presidential actions.

Well, needless to say, Parra had to go (he is now in the Central Bank) and you searched for a more reconciliatory personage to fill the important position, Mr. Alí Rodríguez Araque. Rodríguez, an individual with a questionable past, a former guerilla specialist in explosives, was now somewhat civilized thanks to years in congress and to his experience as an OPEP executive in Vienna. However, it soon became apparent that Rodriguez was not the right person to manage a rapidly declining corporation. Rodriguez’s knowledge of the oil industry was definitely exiguous.

Under Rodriguez, the struggle for power inside the oil company continued to increase, as at least three groups disputed and still dispute control of the corporation: military officials, the ultra-radicals and Rodriguez’s partisans. As the struggle for power increased, the corporation’s gradual deterioration accelerated: production declined, the amount of oil spills increased dramatically, the refineries showed evidence of under-yield related problems, oil tankers began to corrode, the centers of research and training disappeared – at least as we knew them, PDVSA managers and oil workers were fired arbitrarily on national TV and replaced by friends of the regime. PDVSA consistently failed to report the financial statements to the Security Exchange Commission and stopped conducting the annual shareholders meetings.

You, Mr. President thought you could resolve the chaos you created by brainwashing Venezuelans with a new marketing campaign, the message: “Now PDVSA belongs to the people”. Nothing further from the truth, the Venezuelan Oil Company is now a Pandora ’s Box that will have to wait to be opened by those who replace your regime, some day.

Rodriguez was fired and the Secretary of the Department of Energy, Mr. Ramírez, was appointed as the new President. That decision definitively sealed the destruction of PDVSA and your absolute political control of the corporation. Prior administrations had always avoided giving the Department of Energy direct control over PDVSA’s operations to ensure certain independence from the executive. Now, PDVSA is totally under the control of your administration.

Under Ramirez, PDVSA’s path towards destruction is glimpsed with inexorable certainty: Production continues to decline rapidly, the refineries are experiencing serious operating problems, corruption has spread internally and has defined the business practices of the corporation. The financial statements are conspicuous in their absence, deals and contracts with third parties are subjected to unilateral modification by PDVSA officials who then charged the companies with tax evasion and other irregularities.

No corporation can succeed in the market place when the top management is changed as frequently as you put on a new suit, Mr. President. Didn’t you know that a corporation like the Venezuelan Oil Company, which competes with powerful multinational corporations, needs to have a solid strategic planning to succeed in the international market place? What possibilities of success does PDVSA have if the corporation’s strategies change every ten months when a new Board of Directors takes over? Not even a cafeteria in the army could feed satisfactorily the brave Venezuelan soldiers under this kind of uncertainty and mismanagement.

You may think that oil can be found without exploration, that it can be produced without implementing methods of secondary recuperation, that it can be refined without maintaining the industrial processing plants. You are too busy militarizing the country, purchasing armament from Russia and training Venezuelans to use rifles. You do not seem to care that the reputation of the Venezuelan Oil Company has suffered considerably, probably to the extent that it may no longer be considered a reliable oil supplier in the international markets. You are not concerned because you do have a strategy. Your strategy is to enjoy the oil high prices while the free ride lasts, cripple the industry’s infrastructure, sell our most valuable nonrenewable natural resource through intermediaries -- diminishing PDVSA’s profitability levels -- and give away the Venezuelan oil as a present to your personal friends.

We, the Venezuelan people cannot demand from our President to become an oil expert; but we do have the right to demand that Venezuelan oil is not used as a political weapon for personal agendas and that knowledgeable and honest people take the reigns of the the Venezuelan Oil Industry without interference from the executive.

There is more to being a President than to give interminable speeches. One of your responsibilities Mr. President should be to ensure that state-owned corporations are run by capable and honest professionals without government interference and that those people are held accountable for their actions. During the six years of your regime some $120,000 million in oil revenues have entered the country. Where is that money? When are you planning to inform the Venezuelan people how you have spent all that money?

I truly believe that you are unaware of the enormous damage you have done to our country by crippling the Venezuelan Oil Company, damage that is about to reach a point of no return.

As long as PDVSA is under incompetent hands and oil is used to gain political leverage in the international arena, there will be no hope, not for the Venezuelan Oil Company, not for Venezuela.






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