| Gustavo Coronel:
Carta Abierta a Hugo Chávez
sobre Petróleos de Venezuela
(Open letter to President Chavez,
Translated and edited by Maritza Agena)
Gustavo Coronel*
11 de Mayo de 2005
Señor Presidente:
A los seis años completos de su presidencia
es posible y necesario hacer una evaluación
de la situación en la cuál se encuentra
nuestra principal empresa nacional: Petróleos
de Venezuela. Estará usted de acuerdo en que
sin una industria petrolera eficiente, financieramente
sana y bien gerenciada, no habrá garantías
para el desarrollo de nuestro país.
La situación actual de Petróleos de
Venezuela puede resumirse en una sola palabra: desastrosa.
Este desastre es el resultado de la manera suicida
como usted y sus seguidores han manejado esta empresa,
convirtiéndola en un simple instrumento político
para tratar de captar adeptos continentales para su
revolución y en una especie de banco particular
para los programas, algunos bien intencionados, otros
no, de su régimen.
El desastre actual comenzó con la selección
de los gerentes de la empresa. Después de un
breve período de gerencia profesional, a cargo
de Roberto Mandini, usted decidió colocar en
la presidencia de la empresa a Héctor Ciavaldini,
un ex-empleado de la Corporación, quien mantenía
en ese momento una demanda contra la empresa por asuntos
salariales. Apartando por un momento este evidente
conflicto de intereses, lo cierto es que Ciavaldini
no calzaba, ni remotamente, los puntos necesarios
para manejar una empresa de la complejidad de PDVSA.
Ello se constató con su inepto manejo de las
relaciones de la empresa con el sector sindical. De
allí que usted decidiera reemplazarlo con Guaicaipuro
Lameda, militar activo y aparentemente leal a su régimen.
Lameda resultó ser un hombre honesto, vio la
realidad interna de PDVSA y la contrastó con
el caos imperante en su administración pública.
Su lealtad se trasladó de su régimen
a la institución y eso le causó su despido,
hecho de la manera inelegante que usted acostumbra
utilizar para tomar decisiones sobre el recurso humano
nacional. Su reemplazo, Gastón Parra, representó
un insulto para los sectores gerenciales y técnicos
de la empresa.
Usted precipitó la crisis de Abril 2002.
Como usted admitió en un discurso ante la Asamblea
Nacional, pronunciado frente al cuerpo diplomático,
el nombramiento de Gastón Parra tenía
como principal objetivo el de causar el rechazo de
los técnicos y gerentes de la empresa y aprovechar
este rechazo para atacarla y asumir su control político
y financiero. Lo que usted no valoró en su
debida magnitud fue la intensidad del rechazo que
ese nombramiento causaría. El nombramiento
de Parra y de su incoloro grupo de directores llevó
a una huelga de gerentes y técnicos de PDVSA,
la cuál desembocó en una gran marcha
popular el 11 de Abril de 2002 y en el anuncio de
su renuncia hecho por el General en Jefe Lucas Rincón
Romero en la madrugada del 12 de Abril. A pesar de
su regreso, gracias al apoyo de otros sectores militares,
usted provocó en Abril 2002 un rechazo popular
de tal magnitud que ni usted ni la nación se
han recuperado aún de sus efectos. Parra tuvo
que irse (ahora nada menos que colocado ahora en el
Banco Central!) y usted buscó una persona mas
“conciliadora” para el importante cargo:
Alí Rodríguez. Rodríguez es una
persona de antecedentes violentos, ex-guerrillero
y experto en explosivos, un tanto atemperado en su
actitud por los años de congresista y los pasados
en la civilizada Viena como alto funcionario de la
OPEP. Sin embargo, pronto fue aparente que Rodríguez
tampoco era la solución para una empresa en
acelerada declinación. Su enfoque no era técnico
ni gerencial ni podía serlo porque sus conocimientos
sobre la industria petrolera son escasos. Su enfoque
era político, dedicado a la sobrevivencia y
a la consolidación de su poder en la empresa
mediante la utilización del empleo y del dinero
como herramientas para lograr tales objetivos.
Con Rodríguez PDVSA se convirtió en
PPTSA.
Con Rodríguez PDVSA cambió de nombre
en la imaginación popular y se convirtió
en PPTSA. El forcejeo de poder dentro de la empresa
se acrecentó. Al menos tres facciones se disputaban
y aún se disputan parcelas de poder: los militares,
los ultra-radicales y los pepetistas. Mientras este
forcejeo progresaba la empresa se estaba hundiendo
aceleradamente: la producción mermaba; los
derrames petroleros alcanzaron niveles nunca vistos;
las refinerías comenzaron a mostrar señales
de bajo rendimiento; los tanqueros comenzaron a corroerse;
desaparecieron, al menos en su concepción original,
los centros de investigación y de entrenamiento;
los técnicos y gerentes despedidos por usted
en televisión fueron reemplazados por amigos
del régimen, llegándose a los niveles
de empleo mas altos en la historia de la empresa.
PDVSA dejó de entregar sus Estados Financieros
a la Security Exchange Commision y dejó de
celebrar reuniones transparentes y profesionales de
accionistas. Usted creyó reemplazar este caos
con un slogan fácil: “Ahora PDVSA es
de todos”, pero lo cierto es que ha convertido
a PDVSA, con sus maniobras, en una caja negra que
tendrá que esperar a ser abierta por quien
lo reemplace, algún día, en la presidencia.
Nunca antes PDVSA había sido menos de todos
y más de una pequeña camarilla política.
Cuando Rodríguez fue despedido usted lo reemplazó
con el Ministro Ramírez. Al hacerlo, selló
definitivamente la tragedia de PDVSA, al convertirla
en un mero instrumento político. Esto fue lo
que la PDVSA original nunca quiso ser. Ahora, el Ministro
y el presidente de PDVSA son la misma persona y responde
a los caprichos suyos. Nadie puede manejar eficientemente
un Ministerio y una Empresa de tan alta complejidad.
El desastre de PDVSA era inevitable, sobretodo cuando
la razón fundamental de esta designación
no fue el bien de la institución sino su férreo
control político. Bajo Ramírez PDVSA
ha acelerado su proceso de descomposición:
la producción ha seguido bajando, las refinerías
presentan graves problemas operacionales, la corrupción
se ha intensificado en las áreas de contrataciones,
empleos, comercialización y a través
del mal uso de activos corporativos con fines personales
entre gerentes de alto nivel. Los estados financieros
continúan sin aparecer, los contratos con las
empresas operadoras son objeto de modificaciones unilaterales
mientras estas empresas son acusadas por Ramírez
de evasión de impuestos y otras irregularidades.
Ninguna empresa puede progresar cambiando presidentes
como de traje.
¿Qué puede esperarse, Sr. Presidente,
de una empresa que es sometida a siete directivas
diferentes en seis años? Ni siquiera una cantina
militar puede sobrevivir en buena forma sometida a
siete diferentes administradores. ¿Sabía
usted que una empresa petrolera cuyo negocio es internacional
debe competir con poderosas corporaciones cuya planificación
es parte clave de su éxito? ¿Qué
posibilidad de éxito podía tener una
PDVSA que cambiaba de manos cada 10 meses y había
abandonado casi por completo la planificación
de sus actividades?
¿Piensa usted acaso que el petróleo
se encuentra sin explorar, se produce sin técnicas
de recuperación secundaria, se refina sin mantenimiento
de las plantas y entrenando a los trabajadores en
el uso del fusil, se transporta en tanqueros arruinados,
se vende a través de intermediarios o se regala
a los amigos? Los venezolanos no le podemos pedir
a un presidente que sea un experto petrolero pero
si tenemos derecho a pedirle respeto para quienes
si conocen el negocio y pedirle respeto por el buen
uso de los recursos petroleros.
¿Qué se ha hecho el dinero del petróleo?
En los seis años de su régimen unos
$120000 millones han entrado al país por concepto
de la venta de un petróleo que nunca más
volverá. ¿Dónde está ese
dinero, que ha hecho usted con ese dinero, cuando
va a rendir cuenta a todos los venezolanos por la
utilización de ese dinero?
Ser presidente, debe usted saberlo ya, exige mucho
mas que dar interminables discursos. Tiene que ver,
entre muchas otras cosas, con poner a las empresas
nacionales en manos de gerentes profesionales y dejarlas
operar sin intromisión política. Significa
permitir que estas empresas retengan recursos suficientes
para su mantenimiento y que presenten cuentas oportunamente
a la nación de lo que han hecho y lo que piensan
hacer. Yo creo que usted no está consciente
del inmenso daño que le ha hecho a nuestro
país al condenar a PDVSA al desastre. Este
desastre está cerca de ser irreversible, dada
la descomposición que presenta la empresa.
Mientras PDVSA continúe en manos de los incompetentes
que usted ha colocado allí y esté operada
en base a motivos políticos y no comerciales,
no habrá ninguna esperanza de recuperación,
ni para PDVSA ni para Venezuela.
Usted es el responsable por este desastre.
Gustavo Coronel
* Geólogo, graduado en
1955, Miembro de la primera Junta Directiva de Petróleos
de Venezuela.
•
Open Letter to President Chavez
Concerning the Venezuelan Oil Company
By Gustavo Coronel, May 11, 2005
Translated and edited by Maritza Agena
Mr. President,
You would probably agree with me, that in principle,
without a properly managed and well financed oil industry,
there are no guarantees that our country will ever
attain economic development and prosperity. As you
celebrate over six years in office, I would like to
assess the situation of Venezuela’s most important
state-owned corporation and principal source of revenue,
the Venezuelan Oil Company (PDVSA).
The current situation of PDVSA can be described as
disastrous, as result of the destructive manner in
which you and your henchmen have managed it. You have
used oil as a political instrument to buy support,
in the Western Hemisphere, for your revolution. You
have also used the oil company to finance social programs
destined to alleviate, only temporarily, the suffering
of the poor; instead of developing and implementing
long lasting solutions to the problems that afflict
the country.
The downfall of the Venezuelan Oil Company began with
the appointment of incompetent accomplices to top
managerial positions. Action perpetrated to obtain
total control of the Venezuelan Oil Company.
You Mr. President, replaced Roberto Mandidi, after
a brief but excellent performance as President of
PDVSA, by Hector Ciavaldini -- a former PDVSA employee
who had filed a legal suit against the corporation
for disagreements on compensation matters. The appointment
of Mr. Ciavaldini was completely inappropriate and
his lack of expertise and managerial skills resulted
in serious problems with the oil unions.
Then you appointed General Guaicaipuro Lameda, who
was apparently a loyal supporter of your regime. Lameda,
however, after assessing the chaos reigning in the
corporation, decided to rebuild PDVSA and ignore your
orders. Lameda’s honesty cost him is job.
You proceeded to appoint Gaston Parra as the new president,
action taken as an insult by PDVSA managers and oil
workers.
You Mr. President, precipitated the April 2002 crisis.
During a speech you made before the National Assembly
and foreign diplomats, you admitted that appointing
Gaston Parra was a premeditated action aimed to provoke
PDVSA managers and oil workers and then to use their
insubordination as an excuse to consolidate the political
and financial take over of the Venezuelan oil industry.
What you did not foresee, was the magnitude of the
popular rejection to Parra’s appointment and
the imminent strike of the oil workers being supported
by a massive civilian protest on April 11, 2002. The
subsequent chain of events and your unconstitutional
order to use heavy military equipment against unarmed
civilians propelled top ranking military officials
into demanding your resignation, which you accepted.
The announcement was made by General Lucas Rincon
Romero on national television during the early hours
of April 12. Despite your return to the Presidency,
to this day, neither the nation nor you have recuperated
from the tragic events that unfolded as a consequence
of the overwhelming popular rejection of your presidential
actions.
Well, needless to say, Parra had to go (he is now
in the Central Bank) and you searched for a more reconciliatory
personage to fill the important position, Mr. Alí
Rodríguez Araque. Rodríguez, an individual
with a questionable past, a former guerilla specialist
in explosives, was now somewhat civilized thanks to
years in congress and to his experience as an OPEP
executive in Vienna. However, it soon became apparent
that Rodriguez was not the right person to manage
a rapidly declining corporation. Rodriguez’s
knowledge of the oil industry was definitely exiguous.
Under Rodriguez, the struggle for power inside the
oil company continued to increase, as at least three
groups disputed and still dispute control of the corporation:
military officials, the ultra-radicals and Rodriguez’s
partisans. As the struggle for power increased, the
corporation’s gradual deterioration accelerated:
production declined, the amount of oil spills increased
dramatically, the refineries showed evidence of under-yield
related problems, oil tankers began to corrode, the
centers of research and training disappeared –
at least as we knew them, PDVSA managers and oil workers
were fired arbitrarily on national TV and replaced
by friends of the regime. PDVSA consistently failed
to report the financial statements to the Security
Exchange Commission and stopped conducting the annual
shareholders meetings.
You, Mr. President thought you could resolve the chaos
you created by brainwashing Venezuelans with a new
marketing campaign, the message: “Now PDVSA
belongs to the people”. Nothing further from
the truth, the Venezuelan Oil Company is now a Pandora
’s Box that will have to wait to be opened by
those who replace your regime, some day.
Rodriguez was fired and the Secretary of the Department
of Energy, Mr. Ramírez, was appointed as the
new President. That decision definitively sealed the
destruction of PDVSA and your absolute political control
of the corporation. Prior administrations had always
avoided giving the Department of Energy direct control
over PDVSA’s operations to ensure certain independence
from the executive. Now, PDVSA is totally under the
control of your administration.
Under Ramirez, PDVSA’s path towards destruction
is glimpsed with inexorable certainty: Production
continues to decline rapidly, the refineries are experiencing
serious operating problems, corruption has spread
internally and has defined the business practices
of the corporation. The financial statements are conspicuous
in their absence, deals and contracts with third parties
are subjected to unilateral modification by PDVSA
officials who then charged the companies with tax
evasion and other irregularities.
No corporation can succeed in the market place when
the top management is changed as frequently as you
put on a new suit, Mr. President. Didn’t you
know that a corporation like the Venezuelan Oil Company,
which competes with powerful multinational corporations,
needs to have a solid strategic planning to succeed
in the international market place? What possibilities
of success does PDVSA have if the corporation’s
strategies change every ten months when a new Board
of Directors takes over? Not even a cafeteria in the
army could feed satisfactorily the brave Venezuelan
soldiers under this kind of uncertainty and mismanagement.
You may think that oil can be found without exploration,
that it can be produced without implementing methods
of secondary recuperation, that it can be refined
without maintaining the industrial processing plants.
You are too busy militarizing the country, purchasing
armament from Russia and training Venezuelans to use
rifles. You do not seem to care that the reputation
of the Venezuelan Oil Company has suffered considerably,
probably to the extent that it may no longer be considered
a reliable oil supplier in the international markets.
You are not concerned because you do have a strategy.
Your strategy is to enjoy the oil high prices while
the free ride lasts, cripple the industry’s
infrastructure, sell our most valuable nonrenewable
natural resource through intermediaries -- diminishing
PDVSA’s profitability levels -- and give away
the Venezuelan oil as a present to your personal friends.
We, the Venezuelan people cannot demand from our President
to become an oil expert; but we do have the right
to demand that Venezuelan oil is not used as a political
weapon for personal agendas and that knowledgeable
and honest people take the reigns of the the Venezuelan
Oil Industry without interference from the executive.
There is more to being a President than to give interminable
speeches. One of your responsibilities Mr. President
should be to ensure that state-owned corporations
are run by capable and honest professionals without
government interference and that those people are
held accountable for their actions. During the six
years of your regime some $120,000 million in oil
revenues have entered the country. Where is that money?
When are you planning to inform the Venezuelan people
how you have spent all that money?
I truly believe that you are unaware of the enormous
damage you have done to our country by crippling the
Venezuelan Oil Company, damage that is about to reach
a point of no return.
As long as PDVSA is under incompetent hands and oil
is used to gain political leverage in the international
arena, there will be no hope, not for the Venezuelan
Oil Company, not for Venezuela.
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