| Human Rights
Watch World Report 2006
(Informe Mundial De Human Rights Watch 2006)
Human Rights Watch
www.hrw.org
19 de Enero de 2006 / January 19, 2006
»
Informe en Español / In Spanish
Venezuela
Desde que ganó un referendo nacional sobre
su presidencia en 2004, Hugo Chávez y su coalición
mayoritaria en el Congreso han adoptado medidas para
debilitar la independencia del Poder Judicial del
país copando la Corte Suprema con sus aliados.
También han promulgado leyes que amenazan seriamente
la libertad de prensa y la libertad de expresión.
Varios miembros destacados de la sociedad civil han
sido objeto de enjuiciamientos por cargos altamente
dudosos, y los funcionarios del gobierno han acusado
repetidamente a los defensores de los derechos humanos
de conspirar contra la nación. La violencia
policial, la tortura y las condiciones penitenciarias
abusivas se encuentran también entre los problemas
más graves del país en materia de derechos
humanos.
Independencia del Poder Judicial
El Congreso de Venezuela propinó un duro golpe
a la independencia judicial en diciembre de 2004,
al copar la Corte Suprema con 12 nuevos magistrados.
Una mayoría de la coalición gobernante,
dominada por el partido del Presidente Chávez,
nombró a los jueces que ocuparían los
puestos creados por una ley aprobada en mayo de 2004,
que amplió la composición de la Corte
de 20 a 32 miembros. Además de los magistrados
nombrados para los 12 puestos, se nombraron cinco
jueces más para cubrir las vacantes creadas
en los últimos meses, y otros 32 fueron nombrados
como magistrados de reserva.
La toma política de la Corte Suprema agravó
el daño que ya habían provocado a la
independencia judicial las políticas de la
propia Corte. La Corte, que ostenta el control administrativo
de la judicatura, no ha ofrecido seguridad en el puesto
al 80 por ciento de los jueces del país.
Libertad de expresión
Algunas leyes aprobadas desde finales de 2004 han
introducido nuevas restricciones onerosas sobre los
medios de comunicación. La Ley de Responsabilidad
Social en Radio y televisión, aprobada por
la Asamblea Nacional en diciembre de 2004, establece
reglas detalladas sobre el contenido de los programas
de radio y televisión. Por ejemplo, cuando
se considere que una estación hace “apología
o incite” a la alteración del orden público
o emita mensajes públicos “contrarios
a la seguridad de la nación” podrán
imponérsele duras multas o ordenar la suspensión
de las emisiones durante 72 horas; si vuelve a incurrir
en un delito, se le puede retirar la licencia de emisión
durante un período hasta cinco años.
Los términos clave como los antes citados no
están bien definidos, lo que invita a una aplicación
con motivos políticos. La Comisión Nacional
de Telecomunicaciones (CONATEL) puede dictar “medidas
cautelares” para prohibir la transmisión
de contenidos ilegales.
En marzo de 2005, entraron en vigor enmiendas al Código
Penal que ampliaron el alcance de las leyes venezolanas
sobre desacato, y aumentaron las penas por este delito,
la difamación criminal y el libelo. Al ampliar
las disposiciones sobre desacato, Venezuela ignoró
las recomendaciones de la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH) y se resistió a
una tendencia a revocar este tipo de leyes en todo
el continente.
En julio, el Fiscal General Isaías Rodríguez
ordenó una investigación para dilucidar
si el periódico El Universal había sometido
ilegalmente al organismo que dirigía y al Poder
Judicial del país a un ultraje institucional
con la publicación de un editorial titulado
“Justicia Arrodillada”. En octubre, en
un fallo bien recibido, la Corte Suprema concluyó
que el editorial en cuestión no constituía
de hecho un “ultraje institucional” prescrito
por la ley. La Corte señaló, sin embargo,
que la Constitución prohíbe el uso de
la libertad de información y opinión
“con fines de desestabilización de las
instituciones democráticas”.
Asesinatos por parte de la policía
El asesinato de tres inocentes estudiantes en el distrito
Kennedy de Caracas, el 27 de julio de 2005, subrayó
la violencia y la ilegalidad de las fuerzas policiales
venezolanas. Leonardo González, Eric Montenegro
y Edgar Quintero murieron cuando agentes de la Dirección
de Inteligencia Militar (DIM) y del Cuerpo de Investigaciones
Científicas, Penales y Criminalísticas
(CICPC) abrieron fuego contra el vehículo en
el que regresaban de la universidad. Se informó
de que los policías habían confundido
el automóvil de los estudiantes con un vehículo
que estaban persiguiendo, y abrieron fuego cuando
no obedecieron la orden de detenerse. El cuerpo de
González fue hallado en una calle cerca del
vehículo, con orificio de bala en el ojo. Según
un testigo presencial, hombres con ropa civil y encapuchados
capturaron a Montenegro y Quintero en un callejón,
les hicieron tumbarse en el suelo y les dispararon
a sangre fría. La policía colocó
aparentemente armas en el lugar para que pareciera
que habían disparado primero.
Se han denunciado cientos de ejecuciones policiales
en los últimos años, aunque el problema
proviene de mucho antes que el actual gobierno. Aunque
la Fiscalía General y la Defensoría
del Pueblo han denunciado estos abusos, se han realizado
muy pocos avances en el enjuiciamiento de los policías
responsables o la introducción de las reformas
necesarias para combatir esta práctica. En
agosto de 2005, la Fiscalía General anunció
que estaba investigando 5.520 presuntas ejecuciones
extrajudiciales—relacionadas con 6.127 víctimas—cometidas
entre 2000 y el 31 de julio de 2005. Los fiscales
han formulado cargos contra 517 de los 5.997 policías
y militares supuestamente implicados y, cuando se
escribió este informe, sólo habían
sido condenados 88 (1,47 por ciento).
Condiciones penitenciarias
Las condiciones en las prisiones venezolanas son notoriamente
abusivas. El hacinamiento es crónico y las
bandas armadas mantienen el control dentro de los
muros de las prisiones. Los motines carcelarios y
la violencia entre reclusos se cobran cientos de vidas
cada año. En octubre de 2005, el Observatorio
Venezolano de Prisiones, una organización con
sede en Caracas, afirmó que 314 presos habían
muerto y 517 habían resultado heridos en incidentes
violentos ocurridos durante el año.
Seguridad fronteriza y el derecho a la condición
de refugiado
Las autoridades venezolanas y colombianas continúan
implementando planes conjuntos para asistir a los
cientos de refugiados que cruzan la frontera con Venezuela
para huir de la violencia de los grupos armados irregulares
en Colombia. Dada la inseguridad en las regiones fronterizas,
muchos de los colombianos que huyen del conflicto
armado se enfrentan a un futuro incierto pero más
seguro en las ciudades de Venezuela. En junio, un
grupo de 62 personas, muchas de ellas niños,
se refugiaron en un asentamiento del pueblo indígena
barí en el estado de Zulia. En septiembre,
después de negociar con los líderes
de la comunidad barí que querían que
se fueran, la Comisión Nacional para los Refugiados
transportó a los refugiados con helicóptero
a un lugar más seguro y mejor equipado.
Defensores de los derechos humanos y sociedad
civil
Los funcionarios públicos y los medios de comunicación
oficiales siguen emprendiendo iniciativas para desacreditar
a las organizaciones no gubernamentales de derechos
humanos. Los funcionarios del gobierno y los legisladores
progubernamentales acusaron públicamente a
Humberto Prado, coordinador del Observatorio Venezolano
de Prisiones y crítico destacado de la política
penitenciaria, de iniciar una protesta carcelaria.
En enero, se informó de que Prado había
recibido amenazas anónimas en su teléfono
celular. En marzo, COFAVIC, una reputada organización
de derechos humanos, informó de que los medios
oficiales habían insinuado que la organización
se había apropiado de una parte del dinero
pagado por el Estado como indemnización a las
víctimas de asesinatos policiales durante las
protestas del Caracazo de 1989, una acusación
firmemente rechazada por la organización.
En agosto de 2005, el Tribunal Supremo rechazó
una petición de otra organización de
derechos humanos, PROVEA, para que ordenara que el
Presidente Chávez se retractara públicamente
de unas declaraciones en las que sugería que
ambos grupos estaban participando en una conspiración
contra el gobierno apoyada por Estados Unidos.
Durante 2005, la Fiscalía General abrió
una investigación criminal contra uno de los
abogados de derechos humanos más respetados
del país, Carlos Ayala Corao (antiguo presidente
de la CIDH y actual presidente de la Comisión
Andina de Juristas), por su presunta participación
en el fallido golpe de 2002 contra Chávez.
El fiscal encargado de la investigación se
negó a informar a Ayala de los detalles y el
fundamento de la acusación, y un juez respaldó
al fiscal cuando Ayala cuestionó la actuación
del fiscal. Después de una campaña concertada
por activistas de derechos humanos locales e internacionales,
el fiscal retiró finalmente los cargos en octubre.
En julio, un tribunal de Caracas ordenó el
enjuiciamiento de cuatro líderes de la sociedad
civil acusados de traición. La corte ordenó
el juicio de María Corina Machado, Alejandro
Plaz y otros dos colegas acusados de traición
por un fiscal público porque su organización
gubernamental, Súmate, habñía
aceptado fondos extranjeros para un programa de fomento
de la participación ciudadana en un referendo
de 2004 sobre la presidencia del Presidente Chávez.
Fueron acusados, en virtud del artículo 132
del Código Penal de Venezuela, de “conspirar
para destruir la forma política republicana”
porque Súmate había recibido apoyo financiero
del National Endowment for Democracy (NED). Según
la NED, una organización financiada a su vez
por el Congreso de Estados Unidos, Súmate recibió
31.150 euros, que se destinaron a talleres para educar
a los ciudadanos sobre el proceso de referendo constitucional
en Venezuela. Si fueran condenados, Machado y Plaz
podrían cumplir una pena de hasta 16 años
de prisión.
Principales actores internacionales
Las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela siguen
caracterizándose por la hostilidad y la mutual
desconfianza. El gobierno de Bush está preocupado
por las estrechas relaciones comerciales con Cuba
y la amistad de Chávez con Castro, así
como su influencia percibido en países políticamente
inestables como Bolivia. La Secretaria de Estado Condoleeza
Rice se refirió a Venezuela como una “fuerza
negativa en la región” durante las sesiones
para su confirmación en el Senado en enero
de 2005.
Las críticas de Chávez al gobierno de
Bush siempre han sido abiertas. En un programa de
televisión emitido en febrero, confió
que estaba seguro que Washington estaba planeando
asesinarle, y amenazó con responder a la agresión
suspendiendo las exportaciones de petróleo
a Estados Unidos.
En respuesta a la CIDH, el gobierno venezolano sostuvo
que el análisis y las recomendaciones de la
Comisión con respecto a Venezuela en su informe
de 2003, vulneraban la soberanía nacional del
país. La Comisión había criticado
la débil separación de poderes en Venezuela,
la concentración de autoridad en el Poder Ejecutivo
y la creciente participación de las fuerzas
armadas en el gobierno. En su informe anual de 2004,
publicado a principios de 2005, la Comisión
señaló que las pretensiones del gobierno
eran “incompatibles con el derecho internacional
y la propia Convención Americana”.
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Report in English / En Inglés
Venezuela
Since winning a national referendum on his presidency
in 2004, Hugo Chávez and his majority coalition
in Congress have taken steps to undermine the independence
of the country’s judiciary by packing the Supreme
Court with their allies. They have also enacted legislation
that seriously threatens press freedoms and freedom
of expression. Several high profile members of civil
society have faced prosecution on highly dubious charges,
and human rights defenders have been repeatedly accused
by government officials of conspiring against the
nation. Police violence, torture, and abusive prison
conditions are also among the country’s most
serious human rights problems.
Independence of the Judiciary
The Venezuelan Congress dealt a severe blow to judicial
independence in December 2004 by packing the country’s
Supreme Court with twelve new justices. A majority
of the ruling coalition, dominated by President Chávez’s
party, named the justices to fill seats created by
a law passed in May 2004 that expanded the court from
twenty to thirty-two members. In addition to the justices
named to the twelve new seats, five justices were
named to fill vacancies that had opened in recent
months, and thirty-two more were named as reserve
justices.
The political takeover of the Supreme Court compounded
the damage already done to judicial independence by
policies pursued by the court itself. The court, which
has administrative control over the judiciary, has
failed to provide security of tenure to 80 percent
of the country’s judges.
Freedom of Expression
Laws passed since late 2004 have introduced onerous
new restrictions on the media. The Law of Social Responsibility
in Radio and Television, approved by the National
Assembly in December 2004, establishes detailed regulations
for the content of television and radio programs.
For example, stations deemed to “condone or
incite” public disturbances or publish messages
“contrary to the security of the nation”
are subject to heavy fines and can be ordered to suspend
broadcasting for seventy-two hours; on a second offense
they may forfeit their broadcasting license for up
to five years. Key terms such as those quoted above
are left ill-defined, inviting politically motivated
application. The National Commission of Telecommunications
(CONATEL) may issue “precautionary measures”
prohibiting the transmission of outlawed content.
In March 2005, amendments to the Criminal Code came
into force which extended the scope of Venezuela’s
desacato (disrespect) laws, and increased penalties
for desacato, criminal defamation, and libel. By broadening
its desacato provisions, Venezuela ignored the recommendations
of the Inter-American Commission on Human Rights (IACHR)
and bucked a continent-wide trend toward the repeal
of this type of law.
In July, Attorney General Isaías Rodríguez
ordered an investigation into whether the newspaper
El Universal had illegally subjected his office and
the country’s judiciary to public contempt by
publishing an editorial entitled “Justice on
its Knees” (Justicia Arodillada). In October,
in a welcome ruling, the Supreme Court found that
the editorial in question did not in fact constitute
an “institutional insult” prohibited by
law. The Court noted, however, that the constitution
proscribes “the use of freedom of information
and opinion to destabilize democratic institutions.”
Police Killings
The killing of three innocent students in the Kennedy
district of Caracas on June 27, 2005, highlighted
the violence and lawlessness of Venezuela’s
police forces. Leonardo González, Erick Montenegro,
and Edgar Quintero died after police from the Directorate
of Military Intelligence (DIM) and the Criminal Investigations
Police (Cicpc) opened fire on their car when they
were returning from the university. The police reportedly
confused the students’ car with a vehicle they
were pursuing, and opened fire when it failed to heed
an order to stop. González’s body was
found in the street near their car, with a bullet
wound in the eye. According to an eyewitness, men
in civilian clothes wearing hoods captured Montenegro
and Quintero in an alley, made them lie on the ground,
and shot them in cold blood. The police reportedly
planted weapons on the scene to make it appear that
they had been fired on first.
Hundreds of police executions have been reported over
the past several years, although the problem long
predates the current administration. While the Attorney
General’s Office and the human rights ombudsman
have denounced these abuses, little progress has been
made in prosecuting the police responsible or introducing
the reforms necessary to combat the practice. In August
2005, the Attorney General’s Office announced
that it was investigating 5,520 presumed extrajudicial
executions—involving 6,127 victims—committed
between 2000 and July 31, 2005. Of 5,997 police and
military personnel allegedly implicated, prosecutors
have filed charges against 517, and at this writing
only eighty-eight had been convicted (1.47 percent).
Prison Conditions
Conditions in Venezuela’s prisons are notoriously
abusive. Overcrowding is chronic and armed gangs maintain
effective control within the prison walls. Prison
riots and inmate violence claim hundreds of lives
every year. In October 2005, Venezuelan Prison Watch
(Observatorio Venezolano de Prisiones), a Caracas-based
group, claimed that 314 prisoners were killed and
517 were wounded in violent incidents over the course
of the year.
Border Security and the Right to Refugee Status
The Venezuelan and Colombian authorities continue
to implement joint plans to assist hundreds of refugees
who cross into Venezuela to escape violence by irregular
armed groups in Colombia. Due to insecurity in the
border regions, many Colombians fleeing the armed
conflict head for an uncertain but safer future in
Venezuela’s cities. In June, a group of sixty-two
people, many of them children, took refuge in a settlement
of the indigenous Barí people in Zulia state.
After negotiations with Barí community leaders
who wanted them to leave, in September the National
Commission for Refugees transported the refugees by
helicopter to a safer and better equipped location
Human Rights Defenders and Civil Society
Public officials and government media have continued
pursuing efforts to discredit Venezuela’s nongovernmental
human rights organizations. Government officials and
pro- government legislators publicly accused Humberto
Prado, coordinator of Venezuelan Prison Watch and
a prominent critic of prison policy, of starting a
prison protest. In January, Prado reportedly received
anonymous threats on his mobile phone. In March, COFAVIC,
a respected human rights organization, reported that
official media had insinuated that the organization
had taken a share of money paid by the State in reparation
to the victims of police killings during the Caracazo
riots of 1989, a claim the organization vigorously
denied.
In August 2005, the Supreme Court rejected a petition
by another human rights organization, PROVEA, to order
President Chávez to retract public statements
he had previously made suggesting that both groups
were participating in a U.S.-backed conspiracy against
the government.
During 2005 the Attorney General’s Office opened
a criminal investigation of one of Venezuela’s
most respected human rights lawyers, Carlos Ayala
Corao (a former president of the IACHR and current
president of the non-governmental Andean Commission
of Jurists), for an alleged role in the unsuccessful
2002 coup against Chávez. The investigating
prosecutor refused to inform Ayala about the details
and grounds of the accusation, and a judge backed
the prosecutor when Ayala challenged the prosecutor’s
actions. After a concerted campaign by local and international
human rights advocates, the prosecutor eventually
dropped the case in October.
In July, a Caracas court ordered the prosecution of
four civil society leaders on charges of treason.
The court ordered that María Corina Machado,
Alejandro Plaz, and two colleagues be tried on treason
charges brought by a public prosecutor because their
nongovernmental organization, Súmate, accepted
foreign funds for a program that encouraged citizen
participation in a 2004 referendum on President Chavez’s
presidency. They were charged under article 132 of
the Venezuelan Penal Code with “conspiracy to
destroy the nation’s republican form of government”
because Súmate received financial support from
the National Endowment for Democracy (NED). According
to the NED, an organization that is itself financed
by the U.S. Congress, Súmate received U.S.$31,150,
which was used for workshops to educate citizens regarding
Venezuela’s constitutional referendum process.
If convicted, Machado and Plaz face up to sixteen
years in prison.
Key International Actors
United States-Venezuelan relations continue to be
marked by hostility and mutual distrust. The Bush
administration is preoccupied by Venezuela’s
close trading relationship with Cuba and Chávez’s
friendship with Castro, as well as his perceived influence
in politically unstable countries like Bolivia. Secretary
of State Condoleeza Rice referred to Venezuela as
a “negative force in the region” in her
Senate confirmation hearing in January 2005.
Chavez’s criticism of the Bush administration
has always been outspoken. In a television broadcast
in February, he confided that he was sure that Washington
was planning to assassinate him, and threatened to
respond to aggression by cutting off oil exports to
the United States.
In response to the IACHR, the Venezuelan government
maintained that the IACHR’s analysis and recommendations
regarding Venezuela in its 2003 report infringed upon
the country’s national sovereignty. The commission
had criticized Venezuela’s weak separation of
powers, the concentration of power in the executive
branch, and the growing participation of the armed
forces in government. In its 2004 annual report, published
in early 2005, the commission noted that the government’s
position was “incompatible with international
law and with the American Convention itself.”
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