
Por Javier Pereira
Roberto es un profesor universitario que fue acreditado como testigo
de mesa de la oposición en el referéndum del 2 de diciembre.
Aquel día, a las 4:00 de la tarde, falló una de las máquinas
de votación del Colegio Americano de Baruta y el proceso terminó
de forma manual. Roberto se quedó hasta el final, firmó
feliz su acta de escrutinio (con un amplio margen a favor del No) y
pocas horas después estaba en la calle, celebrando la primera
derrota electoral del presidente Hugo Chávez en más de
nueve años de gobierno.
En ese mismo momento, pero al otro lado de Caracas, José
Miguel no podía creer que había sido rechazada la reforma
de la Constitución, que durante tantos meses defendió.
Como estudiante de Trabajo Social y vocero de un batallón socialista,
se alistó como testigo electoral del PSUV. Se levantó
aquel domingo con el toque de la diana y se mantuvo al frente de su
mesa en el Instituto Técnico Jesús Obrero del 23 de Enero
hasta el final de la jornada, cuando firmó contento su acta de
escrutinio (que mostraba una amplia ventaja a favor del Sí) y
se fue al Palacio de Miraflores, a encontrarse con sus amigos y esperar
los resultados.
cuando el Consejo Nacional Electoral publicó en su página
web los resultados preliminares, ambos quisieron verificar las cifras
de sus actas de escrutinio.
Pero en la ficha de sus centros electorales se encontraron con un aviso
escrito en pequeñas letras rojas: “Disculpe en estos momentos
no tenemos resultados para este Ambito”(sic).
El CNE no contó esas actas.
En total, 4.542 mesas de votación no fueron computadas en el
primer boletín que leyó la presidenta del CNE, Tibisay
Lucena, la madrugada del lunes 3 de diciembre.
Han pasado seis meses desde aquel agitado domingo y los dos testigos
siguen esperando ver las cifras de sus actas, mientras alimentan sus
propias especulaciones. “Esas actas confirmarán que derrotamos
a Chávez por una morena”, cree Roberto. “Seguro que
la diferencia se estrecha y hasta ganamos esa reforma”, indica
José Miguel.
Pero ninguna de esas hipótesis podrá ser confirmada, porque
los rectores del CNE decidieron hace tiempo desechar esas actas y meter
bajo la alfombra la voluntad de 1.810.186 votantes. Mientras tanto,
los partidos políticos pasaron la página para enfilarse
a las elecciones regionales, y los magistrados del TSJ desbaratan los
recursos judiciales que solicitan el conteo total de los votos del 2-D
¿Qué esconden esas 4.542 actas que nadie quiere contar?
Los numeritos.
No hubo un solo estado del país donde el CNE haya ejecutado y
publicado el conteo total de los votos. La mayoría de las actas
faltantes corresponden a mesas automatizadas repartidas por todo el
territorio. La situación más grave se concentra en los
estados Apure, Barinas y Sucre, donde faltan por contar más de
20% de los votos.
En el mapa destaca el caso de dos municipios donde no ha sido escrutado
ni un solo voto: Monagas y Mc Gregor, ambos del estado Anzoátegui.
Además, hay otros 16 municipios donde el conteo no alcanza ni
la mitad de los votantes inscritos, entre ellos Sabaneta de Barinas,
la cuna del presidente Hugo Chávez.
Pero el fenómeno no se limita a zonas rurales: en 83% de los
municipios del país faltan actas por totalizar, incluso en grandes
ciudades como Maracaibo (186 mesas) y Barquisimeto (154 mesas), donde
el proceso fue totalmente automatizado.
Caracas es un caso especial.
Sólo en el municipio Libertador faltan datos de 216 actas, incluyendo
centros como el liceo Andrés Bello (mesa 19), la escuela Experimental
Venezuela (mesa 5) y todas las mesas del hospital Rísquez, donde
votó el alcalde Freddy Bernal.
Mientras tanto, en los municipios del este de Caracas (Sucre, Baruta,
Chacao y El Hatillo, del estado Miranda) se acumulan 128 mesas sin datos.
Inconsistencias curiosas.
Además de la ausencia de resultados en 13,5% de las mesas de
votación del país, un informe elaborado por el equipo
de la organización Esdata revela inconsistencias graves en las
declaraciones oficiales del CNE.
En el primer boletín, emitido la madrugada del 3 de diciembre,
Tibisay Lucena anunció una abstención de 44,1%.
Ese dato es incorrecto, porque fue calculado sobre la base del universo
total de votantes (16.109.644 personas) y no sobre el total de electores
asociados a las actas escrutadas (14.299.478 personas); es decir, los
técnicos del CNE sumaron a la abstención los electores
de las actas que no habían contado (1.810.186 personas).
Después de la publicación de ese primer boletín
en la página web, con la información discriminada por
mesa, se pudo determinar que la abstención en ese grupo de actas
fue de 37,1%.
“Es incomprensible que la principal autoridad electoral del país
cometa semejante error, cuando se jactan de tener el sistema de votación
automatizado más eficiente del hemisferio”, señala
el profesor Guillermo Salas, de Esdata.
Pero eso no es todo. Lucena hizo público un segundo boletín
oficial, el viernes 7 de diciembre, con 94% de las actas escrutadas.
En ese reporte, la presidenta del CNE aseguró que sólo
restarían por contar “cerca de 200.000 electores asociados
a 2.000 mesas de votación” en zonas inhóspitas y
en el exterior. Eso significa que ese boletín tenía los
resultados de 2.500 actas, asociadas a más de 1,6 millones de
electores que no habían sido escrutados en el primer reporte
.
La sorpresa es que, después de ese conteo, el resultado final
sólo se incrementó en 42.895 votos repartidos entre los
bloques del Sí y el No. Esto sólo se puede explicar con
un razonamiento asombroso: la abstención promedio en las actas
asociadas al segundo boletín está por encima de 97%.
Ese dato era muy sencillo de corroborar, si el CNE publicaba el segundo
boletín desglosado por acta en su página web. Pero eso
nunca ocurrió.
Se esperó entonces la publicación de los resultados definitivos
en la Gaceta Electoral, con las fichas de totalización por estado
(con 100% de los votos escrutados), tal como ha ocurrido en los procesos
celebrados con las máquinas de votación de Smartmatic.
Pero eso tampoco ocurrió.
Por primera vez desde que se adoptó el sistema automatizado,
el CNE decretó el punto final de un proceso electoral sin contar
la totalidad de las actas.
La irregularidad se consumó durante la segunda quincena de enero,
con la publicación de la resolución 071207-2943 en la
Gaceta Electoral número 405. Allí se exponen las cifras
del segundo boletín como “resultados totales”. Desde
ese momento, el tema quedó cerrado en las oficinas del Poder
Electoral.